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Soñar en grande

Actualizado el 01 de febrero de 2010 a las 12:00 am

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A propósito de la Patriótica costarricense, utilizada en forma partidista, viene de perlas el regaño que hace cien años, Eduardo Calsamiglia les hizo a sus compatriotas:

Los trescientos mil mortales

que habitamos hoy en día

esta Nación microscópica

tan amable, y tan chiquita,

que en un mapa-mundi,

casi ni se nota a simple vista,

los trescientos mil gritones

que nos pasamos la vida

haciendo himnos y epopeyas (…)

ciudadanos de esta tierra,

habitantes de Tiquicia

que nos estamos rompiendo

unos contra otros las crismas,

no nos soñemos gigantes

siendo, con trabajo hormigas (…).

El recurso de doña Laura es legal: la Patriótica no constituye un símbolo intocable. Con trucos paralelos, sus rivales logran lo mismo: que hablen de ellos. Pero igual, el caso deja un sabor raro.

Una educación chauvinista inculca que para hacer patria basta conocer el supuesto porqué de los colorcitos en la bandera, cantar más de una estrofa del himno nacional y otras cosillas. Pues no, no es suficiente. Ahora, entre cuatro millones, más importante es informarse y acudir a las urnas. Calsamiglia sigue espoleando: ¿con qué país soñamos, nos guste o no insertados en el concierto global?

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