Opinión

Página Quince

Siglo y medio con Chéjov

Actualizado el 01 de febrero de 2010 a las 12:00 am

Opinión

Siglo y medio con Chéjov

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Al iniciarse esta década, dos grandes artistas, dos monumentales personajes de la historia de la humanidad, celebran las fechas de sus natalicios. Las celebra el mundo entero. Ambos han contribuido espaciosamente a despertarnos la curiosidad por saber más de los intríngulis de la vida, hacernos la existencia más deseable y, desde luego, entenderla mejor.

El calendario parece regodearse con ciertas coincidencias en relación con sus correspondientes períodos de vida. El músico Frédéric Chopin nació en Polonia en marzo de 1810 y el escritor Anton Chéjov, cincuenta años después, en Rusia en enero de 1860.

Ambos murieron de tuberculosis y, aunque tuvieron vidas muy cortas, en sus iluminadas existencias lograron alcanzar cúspides desde donde nos transmiten emociones inconmensurables. Los dos iniciaron una auténtica metamorfosis en la constitución y el sentido de sus correspondientes expresiones.

Transformadores del arte. El primero, crea una música como no se había compuesto antes y el segundo, un estilo, una exploración de la poética literaria, además de una reubicación del arte teatral, como jamás se había expresado. Estamos ante dos formidables transformadores del arte. Se nos convierten en revolucionarios o mejor, en egregios iniciadores de la metamorfosis de sus correspondientes lenguajes.

De Chopin hablaremos en los próximos días. A Chéjov lo veremos hoy asomarse con su barbita en punta y sus anteojos sobre la nariz y, entre sonriente y malicioso, escudriñar la “vida interior”, la enmarañada e inquietante conducta de sus semejantes.

Crea a sus personajes dentro de rotundas proporciones humanas, conmovedoramente realistas, muchas veces patéticas pero siempre bajo la intensa luz de una atmósfera que refleja la más pura de las artes: …“en la vida real la gente no se mata,… ni hace declaraciones de amor a cada paso, ni dice cosas inteligentes cada vez. Lo que más hace es comer, beber, halagar, decir tonterías… todo tan complicado, y al mismo tiempo tan sencillo, como en la vida… la gente come, habla del tiempo, juega a las cartas… y mientras tanto se van forjando sus destinos dichosos, se van destruyendo sus vidas…”

Anton Pavlovich Chéjov nació al sur de Rusia, en Taganrog ciudad a orillas del mar Negro, el 29 de enero de 1860. Murió de 44 años en Alemania en 1904. Médico de carrera pero con una clara vocación de escritor y posteriormente dramaturgo.

PUBLICIDAD

Personajes vivos. El teatro fue su último amor. Los personajes, tanto en sus obras teatrales como los de sus novelas y de sus innumerables cuentos, no tienen parangón. Son tan vivos y tan auténticos que el lector tanto como el espectador, quedan absortos y conmovidos al contemplarse en el espejo chejoviano. Es inevitable sucumbir ante la revelación constante del drama interno y la penetrante dosis de piedad con que el autor crea, contempla y mueve a sus criaturas.

A Chéjov se le ubica en el “impresionismo realista” o se le califica de escritor “naturalista”, o muchas veces de melancólico, otras de pesimista, pero jamás carente de un destilado sentido del humor. Volvemos al artista capaz de desentrañar los más recónditos y patéticos sentimientos humanos con una sonrisa y una palmadita en la espalda. Se conmiseraba de sus personajes como de sí mismo. Su obra hay que leerla o verla en el escenario, con una clara percepción del subtexto chejoviano.

Es el autor de las corrientes subterráneas. Aunque no las veamos, sabemos que están ahí. Chéjov es dueño de los códigos del lenguaje cotidiano, del significado de los gestos, así como de las reacciones ocultas del ser humano. Él sabe que cada movimiento, giro o entonación, esconde o delata un estado de ánimo, una intención. Todo ello forjado dentro de la más absoluta “realidad” y esencia artísticas.

Es precisamente desde ahí donde aprendemos a gozar, contemplar y conocer, las verdaderas intenciones del humanísimo Anton Chéjov.

  • Comparta este artículo
Opinión

Siglo y medio con Chéjov

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota