Opinión

San José es un tugurio

Actualizado el 28 de agosto de 2007 a las 12:00 am

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San José es un tugurio

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San José es un tugurio, me decía una amistad que regresó después de muchos años de vivir en Norteamérica y Europa. Yo agregaría que toda Costa Rica hoy está convertida en un enorme basurero.

La verdad, en frío, es que hemos convertido a Costa Rica en un lugar sucio, hediondo y lleno de basura… por todo lado hay basura. Esto significa que los ticos son unos grandes cochinos y que el Gobierno no ha podido resolver el problema de los desechos ni ha calado en la mente de la gente para que depositen la basura en un lugar adecuado.

Nombrar lugares y sitios donde se hace una escultura a la basura sería de no acabar. Botaderos clandestinos pululan en las calles de las ciudades (grandes y pequeñas) y en callejuelas y barrancos. Y ni que decir que el botadero por tradición son ríos y quebradas.

Asco y vergüenza. En el caso de la capital, da asco y vergüenza caminar por San José. En algunos lugares hay que taparse la nariz para no caer desmayado por los olores nauseabundos; hay que andar quitándose la basura de encima y tirándose a la calle porque las aceras son para los desechos y los indigentes.

¿Qué hacen las autoridades sanitarias y ambientales? Pareciera que nada; que la indolencia, pasividad y el conformismo los alcanzaron. Las municipalidades no pueden con el problema. O sea, San José y sus calles se han convertido en el nuevo Río Azul.

Pronto veremos los zopilotes en la avenida central y por otras calles y barrios, pues ahora no tienen, igual que los buzos, donde trabajar y alimentarse.

Aquí las campañas de saneamiento son puro “maquillaje verde”. Las pruebas, las evidencias, están en las calles. Es una verdad incuestionable.

Lacras sociales. Pero, junto a los desechos sólidos (la basura), la capital tiene a los humanos: los despojados y olvidados de la sociedad. Y, como si eso fuera poco, las lacras sociales andan por la libre, robando, asaltando a cuanto prójimo encuentran, en el entendido de que no hay leyes severas ni autoridades que defiendan a los ciudadanos.

Además, en ciertos lugares de la capital y otras ciudades, cuando uno camina, huele a aguas negras, que se filtran en aceras o caños. Alcantarillas atascadas o saturadas que dejan salir los “submarinos” negros, que emergen para compartir con los transeúntes su existencia.

Y ni qué decir de la contaminación en las paradas de buses, donde filas enteras de humanos son fumigados a diario, cuando los autobuses tienen encendidas sus chimeneas humeantes, pasadas por la tal Riteve. No les da el cerebro, no tienen sentido común los dueños o choferes, para saber que deben apagar el vehículo cuando están estacionados. Así, miles de personas alimentan sus pulmones con hollín y sustancias que los están matando lentamente. Y ¿qué hacen el Ministerio de Transportes, el de Salud o el del Ambiente… pues, nada de nada.

Ingenuos o hipócritas. Y todavía hay gente que quiere convertir a San José en una ciudad turística. ¡Tontos, ingenuos o hipócritas…! ¿Qué le puede querer ver un turista norteamericano o europeo a San José, aparte de la basura y la contaminación? Les irá bien que no los asalten o los apuñalen.

Claro, que entonces hay que decir que nuestro amigo tiene razón… San José es un tugurio, con el perdón de los pobres que habitan esos sitios que llamamos “tugurios”.

¡San José es un asco y una vergüenza!

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