Opinión

San José resurge

Actualizado el 06 de julio de 2004 a las 12:00 am

El costarricense va dejando atrás ideas añejas

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Ahora, después de tantos años en el servicio público, miro al pasado con la perspectiva que da la experiencia y el tiempo, y recuerdo aquellas ideas que en la juventud expuse y no se materializaron.

Precisamente, hace poco, varias instituciones propusieron la regeneración urbana y el repoblamiento de San José, mediante una serie de cambios infraestructurales que motivarían al ciudadano a vivir de nuevo en el casco metropolitano. El decreto N° 31730-Mideplan-MIVAH, publicado hace unas semanas y firmado por el presidente Pacheco –aunque ya no se acuerde–, ordena a las instituciones del Estado a invertir dinero en el caso urbano de San José.

Como josefino de cepa, pues nací en barrio Amón, en los alrededores del parque Bolívar y a orillas del río Torres, crecí, estudié y después trabajé en el decimocuarto piso del INS, desde cuya altura sentía nostalgia particular por aquel San José acogedor y amigable.

Dentro de la iniciativa para repoblar San José, se pretende aumentar las densidades de población en la ciudad, mediante conjuntos residenciales de mayor altura, es decir, construir edificios plurifamiliares. Todo enmarcado dentro de un ambicioso plan de transformación del aspecto urbano, según el modelo de otras naciones empeñadas en el rescate de sus núcleos capitalinos.

Multifamiliares. Todo esto, además de extraordinario, me hace recordar que allá entre 1966 y 1968, cuando integré la junta directiva del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU), como representante del gobierno del profesor José Joaquín Trejos, analizamos la factibilidad de edificar multifamiliares para las familias pobres y contribuir así a solucionar el problema habitacional.

Comenté la idea con el directivo presbítero Benjamín Núñez, basado en que por el rápido crecimiento de la capital había muchas familias –como hoy– que preferían vivir en apartamentos no muy alejados del centro y bastante cerca de sus lugares de trabajo. Además, evitaríamos acabar con miles de hectáreas de tierras fértiles del Valle Central, que hoy yacen bajo cemento y varilla.

En ese momento, algunos de los compañeros en la directiva del INVU acogieron la iniciativa, pero la crisis financiera por la que atravesaba la institución impidió conseguir el apoyo económico internacional que se requería para llevar a la práctica la idea. Otros se opusieron y señalaron que el costarricense no se habituaría a vivir en conjuntos residenciales verticales y que extrañaría el patio y sus gallinas.

Incluso, llegué a sugerir que se aprovechara un préstamo por medio millón de dólares, cedido por la firma Lamex Financie and Investment Co., y destinar parte de esos fondos, muchos para la época, a la construcción de un edificio multifamiliar, debido a la gran demanda que había –en ese momento– de viviendas pequeñas.

La iniciativa fue desechada por cuestiones “de carácter técnico y cultural”, expuestas por el Departamento de Ingeniería del INVU y sus gurúes del urbanismo, que consideraron que no era viable construir apartamentos por las condiciones sísmicas del país, la relativa falta de equipo moderno de construcción y porque la gente pobre –según ellos– no estaba habituada a compartir espacios físicos y prefería vivir de manera más independiente. Así consta en los informes documentados de la época y en las actas de la junta directiva.

Validez vigente. Sin duda, hace 40 años Costa Rica seguía siendo una aldea, y cualquier cambio que implicara una transformación radical de nuestra forma de vida era tomado con mucha precaución. Hoy enfrentamos la misma estrechez mental y se mantienen viejos cánones.

Sin embargo, la idea de construir condominios o multifamiliares como solución al problema habitacional de las familias más necesitadas, de San José y del país entero, sigue siendo válida. Ya no existen limitaciones técnicas para la construcción; en lo cultural, el costarricense tiene criterios más amplios y ha mostrado que puede y le gusta vivir en condominios o en pequeñas urbanizaciones; en cuanto al financiamiento, ahora hay más organismos bancarios y empresas constructoras que pueden colocar sus recursos en este tipo de proyectos de tanta trascendencia social.

Después de casi cuatro décadas, se retoma la idea de construir edificios multifamiliares y, de paso, repoblar San José. Pobres criterios de ver en la capital solo techos herrumbrados o en Heredia un cafetal con luces, ya van siendo superados.

Ahora sí le llegó la hora a esa iniciativa. El costarricense es más emprendedor y ya abandona su excesivo individualismo. Busca soluciones para la época y regresa a las ideas que parecían descabelladas.

Se trata, como nos dice el Evangelio, de vino en odres nuevos.

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