Opinión

San José posible

Actualizado el 03 de agosto de 2007 a las 12:00 am

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La municipalidad josefina intenta embellecer la capital para hacerla habitable y amena, mediante bulevares y obras de arte. ¿Se habrá preguntado antes qué buscan los habitantes en una ciudad, pudiendo establecerse en el campo, con aire fresco y tranquilidad? Los ciudadanos se quedan en la ciudad por sus fuentes de empleo y el acceso fácil al comercio, pero demandan, ante todo, seguridad para ellos y sus familias. ¿Ofrece San José esas condiciones? ¿Valdrá la pena invertir tanto en pintar la cara a la capital, sin antes atender y solucionar los problemas de fondo?

San José es una ciudad insegura, sin nuevas fuentes de empleo, convulsionada, aturdida por un trafico vehicular para el que no fue preparada, con calles estrechas en pésimo estado, con aceras temerarias, angostas y llenas huecos, desniveles peligrosos y chinamos de toda índole, con alto grado de polución visual y auditiva, con cientos de indigentes tirados en las aceras, con lotes baldíos llenos de basura, drogadictos, malandrines y desafortunados sociales, pillos que asaltan en cualquier hora y lugar, donde el transeúnte tiene que andar siempre estresado y a la defensiva… En sus calles son frecuentes las escenas de violencia, prostitución, alcoholismo, carterazos y cadenazos, robo de celulares, tachonazos, atropellos por irrespeto a las señales de tránsito…

Torpezas y carencias. La campaña “San José posible” pretende barnizar un rostro ajado que acusa olvidos, que fue despojado de toda jovialidad y de la mayoría de sus hermosas construcciones ante la indolencia de sus moradores, torpezas políticas y carencia de una educación y respeto por lo patrimonial. No basta pintarle los labios, si antes no se le repara su dentadura marchita. ¿Cómo rehabilitar una ciudad enferma con obras de arte insertadas sin ton ni son, si lo que falta es el espíritu sepultado por la costra indolente del tiempo y la basura?

¿Cómo esperar, entonces, la resurrección, sin lineamientos filosóficos, estéticos y humanistas claros? ¿Por qué el Ministerio de Cultura, que debería vigilar la calidad estética de la ciudad y las obras de arte que en ella se erijan, permite la colocación de obras que carecen de mensaje, que no aportan plásticamente nada ni guardan relación con el entorno, las costumbres o la cultura del país? “La escultura ha de estar siempre de acuerdo con el entorno, con el espacio circundante que ordena. Así pues, no sirve cualquier espacio, sino que su forma y disposición dependen de éste”, expresaba Henri Moore, máximo escultor del siglo XX.

Paz y seguridad. Es hora de que el Ministerio de Cultura intervenga y reclame el derecho a supervisar la obra de arte pública, para que esos esfuerzos se canalicen positivamente y la plata de los costarricenses no se siga yendo por la alcantarilla de la indolencia.

Es hora de que el municipio se plantee el problema de la paz y la seguridad ciudadana, que acabe con tanto tugurio, levante a tanto indigente de las maltrechas aceras, elimine tanto chinamo, meta mano al problema de la prostitución y la drogadicción, elimine tanto bar y tanta basura, solucione el flujo vehicular y la polución, recordando, además, que San José no son unas cuantas cuadras cerca del Teatro Nacional, la catedral metropolitana o el Banco Central.

Antes de pintar y perfumar a la paciente, hay que asearla, sanarla y hacerla recuperar el buen aliento; de lo contrario, el barniz solamente resaltará los problemas y defectos.

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