Opinión

Reforma en pensiones

Actualizado el 01 de marzo de 2003 a las 12:00 am

Un debate que no se puede posponer más

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Los reportajes de La Nación sobre la inminente quiebra del sistema de pensiones de la Caja Costarricense de Seguro Social pone en el tapete un debate que por mucho tiempo se ha venido atrasando en Costa Rica. Llegó la hora de que los costarricenses discutan la conveniencia de continuar o no con un modelo de seguridad social anticuado y manejado por una burocracia estatal, o llevar al país a una verdadera reforma de pensiones en la que los trabajadores tengan la libertad de escoger las condiciones de su retiro.

Por desdicha, hasta ahora, las propuestas de los diferentes actores sociales –empresarios, sindicatos y medios de comunicación– han sido las de siempre: aumentar la edad de retiro, elevar el monto de las cotizaciones y obligar a los trabajadores independientes a cotizar. Ninguna combate las fallas sistémicas de la seguridad social, que no son propias del modelo costarricense, sino que están presentes en programas de seguridad social alrededor del mundo.

Factor demográfico. Entre otras se encuentran el factor demográfico: la disminución de la proporción de trabajadores que cotizan y retirados desestabiliza al sistema; el manejo político que se hace de los fondos recaudados –manipulación de las edades de retiro con fines electorales, desproporción entre los montos cotizados y montos pagados de ciertos grupos; y la poca diversificación de las inversiones del fondo de Invalidez, Vejez y Muerte: al 31 de diciembre de 1999, el 90 por ciento del dinero se estaba invertido en bonos de gobierno.

Para suerte de los costarricenses, países latinoamericanos como Chile, El Salvador y México han reformado exitosamente sus sistemas de seguridad social, dando valiosas lecciones sobre cómo llevar a cabo un proceso de dicha magnitud y mostrando las ventajas de emprender una reforma profunda del modelo existente.

En el caso chileno, se permitió a los trabajadores la libertad de elegir entre el viejo sistema y uno nuevo, en el que cada trabajador ahorra para su propio retiro a través de contribuciones obligatorias a una cuenta de capitalización individual que viene a ser propiedad privada del trabajador.

Libertad de escoger. El elemento singular más importante de un sistema de pensiones basado en cuentas individuales de retiro es la libertad de escoger. Un sistema privado incrementa la libertad para escoger cómo invertir, con quién y cuándo invertir, cuándo usar su dinero y cuándo retirarse. Un sistema privado también tendría un efecto profundo en la economía costarricense. Con ahorros en aumento y, por lo tanto, inversiones crecientes se crearía una clase de círculo virtuoso, en el cual habría mayor productividad, salarios más altos, más oportunidades de trabajo y crecimiento económico. Ya hemos observado este fenómeno en Chile, donde la reforma de las pensiones ha sido acompañada de otras políticas públicas coherentes.

En este país andino, las administradoras de fondos de pensiones han tenido un rendimiento promedio real del 10,3 por ciento anual durante más de 20 años; los jubilados gozan de beneficios que son entre un 50 y un 100 por ciento más altos que en el sistema estatal, y las contribuciones obligatorias del sistema privado son más bajas. Todo esto explica por qué más del 90 por ciento de los trabajadores chilenos han elegido las cuentas de capitalización.

Más aún, un sistema privado permite que los activos se traspasen a los herederos, una opción que no existe hoy aquí.

No más parches. La sociedad civil debe encarar el debate que se aproxima con responsabilidad y visión de futuro. Las soluciones de siempre no son más que parches al sistema que dejan intactas las fallas estructurales de un modelo que está probando ser obsoleto en el resto del mundo. Así, por ejemplo, se han dado cuenta los suecos y los británicos, quienes han optado por dar la libertad a los trabajadores de destinar parte de sus cotizaciones a cuentas de retiro privadas, y en EE. UU., donde esta propuesta gana cada día más fuerza en el ámbito popular y entre los políticos.

Contrariamente a las demás propuestas formuladas hasta ahora, un sistema de cuentas de retiro privadas soluciona el problema económico inherente de la seguridad social, y es el de su tendencia a la bancarrota por el hecho demográfico que cada vez se gasta más de lo que se recibe.

Es evidente que la libertad del individuo acompañada del respeto a la propiedad privada de ricos y pobres es la mejor vía para asegurar la prosperidad y el retiro digno de miles de trabajadores costarricenses.

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