Opinión

Reflexiones sobre un memorando

Actualizado el 10 de septiembre de 2007 a las 12:00 am

Es hora de tender la mano al adversario con humildad y respeto

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Reflexiones sobre un memorando

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Fernando Sánchez

diputado (PLN)

Desde hace unos días, la opinión pública ha conocido un texto que lleva nuestros nombres, con comentarios sobre la campaña del referéndum. Como el asunto ha generado algunas reacciones, que van desde la crítica mesurada hasta la histeria interesada, es necesario que los autores aportemos elementos que sitúen este incidente en su justa dimensión.

¿Cómo se hace público un correo privado? El texto fue escrito el pasado 29 de julio y enviado por correo electrónico a las direcciones personales de don Óscar Arias y don Rodrigo Arias. El encabezado de la nota especifica sus destinatarios y no contiene ninguna indicación que sugiera que está dirigida a una circulación más amplia.

Casi un mes después, para sorpresa nuestra, el texto aparece en poder de un periodista. Caemos en cuenta entonces de que la nota ha sido sustraída del correo electrónico, la computadora o el escritorio de alguno de los destinatarios, y que nuestras comunicaciones privadas y las del Presidente están siendo intervenidas, obviamente sin autorización.

Cualquiera que haya sufrido un robo conoce la intensa sensación de vulnerabilidad que deja la experiencia, sobre todo cuando se trata de la sustracción de lo que se envía desde la esfera de la intimidad. Todos tenemos un derecho fundamental, tutelado por el artículo 24 de la Constitución, a que lo que se expresa privadamente permanezca en ese ámbito. Ese derecho es el primero que violan las dictaduras, porque en una democracia el ámbito de la intimidad supone una barrera casi infranqueable para el Estado.

Ese derecho se traduce en una serie de normas que sancionan su vulneración. Existen, así, los artículos 196 bis y 202 del Código Penal, que castigan con prisión la violación de comunicaciones electrónicas y la propalación no autorizada de correspondencia privada. Nada de esto cambia por el hecho de tratarse de funcionarios públicos, como lo ha indicado la Sala Constitucional (Voto de las 15:59 del 1/11/2005).

Decimos lo anterior porque importa dejar claro un punto esencial: en este caso, la publicación de la nota es fruto de la violación de un derecho fundamental y de la comisión de varios delitos. Nada de esto busca minimizar la molestia que el texto haya podido causar, pero sí señalar que, al utilizarlo políticamente, se está sacando provecho de un hecho ilícito del que hemos sido objeto. Esto es una alerta sobre lo que puede estar sucediendo con la correspondencia privada de muchos costarricenses y sobre los extremos a que alguna gente está dispuesta a llegar para imponer sus opiniones políticas.

¿Cuál es el contenido? El correo sustraído contiene sugerencias sobre acciones a ejecutar en la campaña a favor del TLC. Incluye ideas –unas buenas, otras malas–, escritas al calor de los hechos suscitados en el debate de uno de los suscritos con el rector Eugenio Trejos, el día 27 de julio, cuando un grupo, instigado por él, estuvo a punto de golpearnos. Como tal, son solo ideas en un borrador, como las muchas que, cada día, recibe el Presidente. Esas ideas fueron enviadas a don Óscar y don Rodrigo para que ellos transmitieran lo que consideraran adecuado a los responsables de la campaña del SÍ. Es obvio que el correo sustraído no constituye una directriz oficial o una descripción de acciones efectivamente tomadas por la campaña. De hecho, como es claro, en muchos sentidos el curso de la campaña y las acciones del Gobierno han marchado en dirección opuesta a algunas ideas contenidas en el correo.

En el ámbito de la intimidad, un intercambio de correos electrónicos no es más que una conversación virtual en la que, con frecuencia, sobre todo cuando estamos exaltados, hacemos afirmaciones atrevidas y hasta ofensivas, al igual que en una conversación en el hogar. ¿Quién de todos nosotros, en sus conversaciones privadas o sus correos, no ha dicho algo capaz de sonrojar o incomodar a otras personas? Quien no lo haya hecho, que lance la primera piedra.

Somos conscientes de que, como funcionarios públicos, pesan especiales obligaciones sobre nosotros, pero no la de dejar de comportarnos como seres humanos –con errores, defectos y aciertos– en el ámbito de nuestra intimidad. ¿Consideramos hoy un acierto el contenido del correo sustraído? En algunos aspectos sí, en otros, evidentemente no. ¿Lo escribiríamos igual hoy? Obviamente no. ¿Preferiríamos no haberlo escrito? Naturalmente. Pero ninguno de nosotros debe jamás renunciar a su derecho a decir o escribir sus ideas en el ámbito de la privacidad, aunque sea equivocado lo que diga o escriba, y luego lo revise o lo deseche. Quienes pretendan lo contrario intentan volverse jueces de la intimidad de todos los ciudadanos.

Aprendizaje y disculpa. Para todos los costarricenses, el referéndum ha implicado un brusco aprendizaje. Quienes estamos directamente involucrados en la campaña, en ambos lados, hemos visto cómo el proceso puede sacar, en ocasiones, lo mejor y lo peor de cada uno. Para nosotros, este incidente ha sido motivo de profunda reflexión. La gran dificultad de la vida –decía Ernesto Sabato– es que se escribe en borrador. No podemos cambiar los tachones del pasado, pero sí mejorar la caligrafía del futuro.

Nadie lamenta lo sucedido tanto como nosotros y no será la vanidad herida un obstáculo para ofrecer, con este artículo, nuestras más sinceras disculpas a quienes se puedan haber sentido agraviados por el contenido del correo. Es hora de extender la mano al adversario –aun al que nos ha juzgado con más dureza–, con humildad, con respeto y con plena conciencia de que solo entre todos habremos de sacar adelante a Costa Rica.

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