Opinión

RCTV y el efecto dominó

Actualizado el 06 de junio de 2007 a las 12:00 am

Los riesgos para la libertad de expresión en el “eje bolivariano”

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Mientras, en Venezuela, Hugo Chávez cierra Radio Caracas Televisión (RCTV), arremete contra Globovisión, impulsa su aparato de propaganda y enfrenta a otros medios y periodistas con una “Ley de Contenidos” y un Código Penal de facturas represivas, ¿cómo le va a la prensa independiente en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, los tres países más cercanos al “eje bolivariano”?

Mucho mejor. Porque en ellos ningún medio ha sido silenciado; aún disfrutan de una intensa discusión pública, y los poderes de sus presidentes están más contenidos que los del Supremo venezolano.

Pero ¿hasta cuándo? Esta es la pregunta clave. Porque Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega han dado inquietantes pruebas de intolerancia hacia la crítica, desdén por el periodismo independiente y voluntad por limitar su acción. (De Fidel Castro, ni hablar: todos los medios son sus voceros directos).

No, pero… Hace un par de semanas, Morales aseguró que su gobierno nunca cerrará un medio boliviano. Sin embargo, con frecuencia ha utilizado turbas para atemorizar o atacar a periodistas, ha asegurado que su administración es “víctima del terrorismo mediático” y ha calificado a los propietarios de prensa, radio y televisión como “terratenientes” y “oligarcas”.

Además, con dinero venezolano, montó una red de emisoras radiales afines, y ha convertido al canal estatal en un arma propagandística. Pero lo más inquietante es su desdén general por el estado de derecho y la posibilidad de que nueva la Constitución, actualmente en debate, restrinja la libertad de expresión.

Esta misma inquietud, en etapa más incipiente, existe en Ecuador. Aún no ha sido elegida la Asamblea Constituyente que impulsa el presidente Correa. Sin embargo, dada su alta popularidad, es posible que la domine, y que el resultado sea una Constitución proclive al control informativo.

Ya Correa dio muestras de peligrosa intolerancia al acusar al director del diarioHoy , Rafael Vivanco, por “desacato”, un delito heredado del autoritarismo de otras épocas, que penaliza con cárcel a quienes ofendan o irrespeten al presidente. La “ofensa” fue un editorial que lo criticaba por pretender “gobernar con tumultos, piedras y palos”; un comentario en línea con el clima de crispación y conflicto que ha vivido el país.

Al presentar la acusación, el 10 de mayo, el director jurídico del Gobierno ecuatoriano amenazó a todos los que difundan publicaciones “sin sustento y calumniosas”. Como esas cualidades las invocará el Presidente, y como el desacato le ofrece un garrote ideal, la presión contra la libertad de expresión es evidente.

Premios y sanciones. En Nicaragua, Daniel Ortega aplica una política de comunicación centralizada, que privilegia a los medios oficiales o afines y discrimina a los independientes.

Hay señales de que la publicidad estatal se ha comenzado a usar para premiar a aliados y sancionar a presuntos enemigos, y han surgido intentos para cooptar algunas organizaciones periodísticas. Además, las exoneraciones fiscales que, por disposición constitucional, disfrutan los medios para importar insumos y equipos, han sido limitadas. Y existe inquietud por la forma en que el Gobierno manejará la renovación y adjudicación de frecuencias, un ámbito tradicionalmente confuso en Nicaragua.

A esto se suma un grave hecho reciente. Por denunciar en su programa televisivoEsta Semana una red de tráfico de influencias conformada por funcionarios gubernamentales, su di- rector, el respetado periodista Carlos Fernando Chamorro, fue convocado por la Fiscalía para interrogarlo. La posibilidad de un juicio es alta, y la de imparcialidad muy baja, porque los sandinistas ejercen fuerte control sobre el Poder Judicial.

Todas estas situaciones se quedan cortas frente a las arremetidas de Chávez. Sin embargo, los elementos comunes de intolerancia hacia el ejercicio de la libertad de expresión evidenciados por Morales, Correa y (en menor grado) Ortega, conforman una tendencia preocupante.

Cuál será su evolución en cada país dependerá de qué ocurra con sus instituciones. Las de Nicaragua parecen las menos amenazadas: la oposición es más fuerte y Ortega, más moderado que sus colegas andinos. Pero en Bolivia y Ecuador los riesgos son enormes, y la voluntad de Chávez por incrementarlos, indudable.

Frente a ellos, una de las pocas esperanzas es que el enorme repudio generado por la eliminación de RCTV disminuya los excesos en La Paz y Quito. Pero, a pesar de esto, el pronóstico es oscuro y el “efecto dominó” podría activarse a corto plazo.

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