Opinión

Narcisismo tributario

Actualizado el 24 de julio de 2004 a las 12:00 am

Las economías menos reguladas son las más eficientes

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El politólogo Jaime Ordóñez señala que el autismo y el onanismo analítico constituyen una de las principales causas del subdesarrollo crónico que padece Costa Rica. A esto el articulista lo llama el “síndrome de Narciso”, haciendo referencia al personaje mitológico que, asombrado por su propia belleza y ajeno a la realidad que lo rodeaba, se ahogó en el estanque en el que veía su propio reflejo. De ahí que Ordóñez utilice este ejemplo para afirmar que nuestro país debe aprender del “Primer Mundo desarrollado” y contar con una carga tributaria de “entre un 35% y un 45% del PIB”. Don Jaime se autodiagnostica de esta forma con el flagelo narcisista.

Bien dijo el premio Nobel de Economía Milton Friedman que los países pobres deberían copiar “lo que hicieron los países para hacerse ricos, y no lo que hacen cuando ya son ricos”. Si los países del Primer Mundo como Estados Unidos y los de la Unión Europea cuentan con sistemas tributarios con un alto grado de confiscación es porque sus economías pueden soportar tal nivel de consumo del gobierno.

Paupérrima categoría. Estas naciones desarrolladas cuentan con otros indicadores envidiables que permiten costear sus abotagados sistemas benefactores. Por ejemplo, un estudio del Banco Mundial del 2003 encontró que los países escandinavos, EE. UU. y el Reino Unido cuentan con las economías menos reguladas y más eficientes del mundo. Costa Rica, por su parte, se encuentra en la paupérrima categoría de los 10 países más regulados. Los países del Primer Mundo también tienen las mejores políticas monetarias del orbe, mientras que nuestro país cuenta con una inflación que se encuentra entre las más altas del continente. Además, nuestro estado de derecho resulta caricaturesco comparado con el de los países ricos.

Aun así, la pesada carga de niveles impositivos tan confiscatorios ha pasado su factura en las economías desarrolladas. El crecimiento económico de los países de la Eurozona se encuentra prácticamente estancado. Por ejemplo, el sector privado sueco no ha creado nuevos puestos de trabajo desde 1950. Otros países europeos se han enfrentado a esta dura realidad y han tenido que bajar sus cargas tributarias con el fin de reactivar sus economías letárgicas. Entre 1996 y el 2003, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, España, Portugal y Alemania han reducido considerablemente los impuestos. Lo mismo hace EE. UU. En el caso de Irlanda, su impuesto de la renta corporativo pasó del 40% a un 12,5%. La atracción de inversiones y la generación de empleos producto de una política tributaria sensata es la responsable de que Irlanda sea hoy en día el segundo país más rico de la Unión Europea, cuando hace tan solo 17 años era el tercero más pobre de la región.

Fe de fracasos. La evidencia empírica es contundente: ningún país ha salido del subdesarrollo a partir de elevar las cargas impositivas sobre sus ciudadanos. Y la historia criolla también nos sugiere que los políticos de turno no llevarán a cabo las necesarias políticas de contención del gasto y reforma del Estado que don Jaime recomienda si antes se les da miles de millones de colones en nuevos ingresos. Los paquetes de impuestos de 1967, 1972, 1976, 1982, 1984, 1988, 1991, los dos de 1995 y el del 2001 dan fe de ello.

Mientras académicos como don Jaime Ordóñez padecen del “síndrome de Narciso” y claman por una elevada carga tributaria sin importar que la experiencia mundial nos recomienda lo contrario, aquellos que nos oponemos a más impuestos y exigimos que primero se reduzca el gasto público y se mejore su calidad podríamos estar padeciendo el “síndrome de Casandra”: advertimos sobre las consecuencias funestas de un nuevo paquete fiscal sobre el desarrollo económico del país, pero el Establishment político e intelectual parece no estar prestando atención a esta contundente realidad.

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