Opinión

Muerte a la carta

Actualizado el 22 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Me declaro totalmente a favor de la muerte por colesterol alto, si es que de verdad existe. Me apunto a esa muerte por infarto mañanero, sin preaviso, indolora, asintomática, sin alharacas, sin purulencias, ni vendas, ni sondas, ni anestesias. El colesterol alto es “una enfermedad silenciosa”, sentencian los médicos con voz amenazante, como si fuera preferible morir en fanfarria, con bombos y platillos; morir poniendo frenético a todo el mundo, entre sirenas de ambulancia y enfermeras en carreras.

“El colesterol no avisa”, nos dicen, porque resulta que por muy alto que se tenga, uno no se siente mal, ni se le ve en la cara, ni nada de nada... ¡Y eso es lo malo!, dicen. Lo malo es que usted se siente sano. Cuando usted no se siente mal, tiene que hacerse un análisis de sangre para descubrir lo que hasta ese momento felizmente ignoraba: que quizás está al borde de la muerte, de una muerte discreta y poco onerosa, como las de nuestros abuelos y las de los salvajes de algunas tribus en extinción.

Esas muertes ya no están de moda; morir en un suave desmayo o durmiendo, ¡así solo mueren los pobres, los ignorantes!, gente que no tiene quien la atienda; esas muertes súbitas no ayudan al progreso científico, no generan empleo, no reactivan la economía ni mueven la industria de la farmacia. Esa muerte de bajo perfil ¡es comunista!

Mi amigo Pierre se creía sano y lo parecía. A sus cincuenta y cuatro es seco de carnes y músculos firmes; está en plena forma y más le vale, trabaja en rescate y salvamento marítimo. Un día la empresa analizó gratis la sangre a sus empleados. Pierre nunca olvidará la imagen de una muchacha en bata blanca que se le acercó, pálida del susto, y le dijo: “ Monsieur (todo esto sucedió en Francia), tiene que ir usted al médico de inmediato”. Le dijeron que no sabían cómo estaba en pie. Tenía el colesterol por las nubes. Pierre, un hombre con aires de pirata sin miedo a nada, me dijo que se fue a su casa y se echó a llorar como no había llorado nunca.

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Entonces empezó a tomar una medicación para bajar los niveles de colesterol en sangre. Y ahora, por primera vez en su vida, Pierre sabe lo que es sentirse viejo cacreco. “Todas las mañanas me levanto de la cama como si saliera de una caja de cemento”, dice. Son los efectos secundarios de la medicina que tiene que tomar para no amanecer muerto un día de estos, le dicen. Los que la toman saben que no es exageración, produce dolores y entumecimiento en todo el cuerpo. Pero te alargan la vida, dicen.

Pierre es científico y encima francés, y como tal se jacta de ser racional, muy crítico, incluso muy cínico. Intento hacerle ver la ironía de que es objeto: ha cambiado una sensación de bienestar bajo la amenaza de muerte súbita e indolora, por una vida llena de dolamas, facturas y aparataje médico, pero presumiblemente más larga. (Además –y esto lo sabe muy poca gente– tampoco está cien por ciento demostrada la relación entre colesterol e infarto, ni siquiera se sabe cuáles son los niveles de colesterol “óptimos”; cada año cambian los parámetros, es un negocio, aleatorio y especulativo).

Le digo a Pierre que yo no me chequeo el colesterol, ¿para qué?, y me mira considerándome –despectivamente– un ser irracional, precientífico. Él afirma estar actuando de manera sensata, razonada, respaldada científicamente... Pero tanto Descartes y tanto “esprit critique” y al final es Pierre quien está actuando como un ser primitivo abducido por el brujo de la tribu. Es él quien, sintiéndose bien, tuvo pánico visceral cuando una muchacha en bata blanca le dijo: no sabemos cómo está usted vivo. Es él quien cree en los científicos y en los médicos como los primitivos creían en los magos: contra toda lógica y peor: contra sus propios instintos. Eso sí, no lo culpo: a ver a quién no le tiemblan las piernas cuando un médico se le acerca y le dice: tengo malas noticias. A ver quién está tan alerta, tan lúcido. Como decía un chiste: si su médico le dice que le quedan tres meses de vida, usted dígale que no le puede pagar y verá como le da tres meses más.

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