Opinión

Modelos urbanos

Actualizado el 30 de julio de 2007 a las 12:00 am

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El respiro centenario del último milenio vio pasar múltiples ensayos prácticos de teorías urbanas en ciudades como Alejandría, Brooklyn, New Haven, Toronto, Curitiba y Barcelona, con variaciones interesantes y modelos diversos, pero con un mismo objetivo: lograr un uso del suelo que armonice el modelo económico, los ecosistemas y permita el bienestar social. Pero ¿cómo y qué debemos aplicar en Costa Rica?

Los paradigmas que empezaron con las ciudades jardines evolucionaron en algunas tecnológicamente eficientes, mientras otros han buscando incansablemente la verdadera ciudad sostenible. Jugando con conceptos para evitar la expansión urbana incontrolada, se suministran espacios públicos, integración social y prosperidad económica, pero ¿qué tan compacta debe ser la ciudad? ¿Cómo logramos contigüidad y conectividad sin asfixiar? ¿Diversidad y paisajismo verde, usos mixtos y transporte, conservación y desarrollo?

Efecto combinado. Una estrategia de ciudad ecológicamente sostenible aborda conceptos de densificación vertical limitada, soporta los usos mixtos y es debidamente complementada por buenos sistemas de transporte (ciclovías, buses, trenes, etc.) que producen un efecto combinado favorable multidisciplinario: ambiental, económico y social.

La expansión horizontal urbana del Valle Central aumentó exponencialmente la distancia diaria de viaje y el tiempo de recorrido (al trabajo, al hospital, a los comercios, etc.), dificultando, en consecuencia, la accesibilidad, congestionando la red vial existente, acelerando el deterioro, presionando económicamente al Gobierno por ampliaciones, comprometiendo mayor cantidad de recursos para mantenimiento y conservación, disparando el consumo de combustibles, las emisiones de gases a la atmósfera y multiplicando el efecto invernadero.

Estrés y frustración. La expansión urbana creó grandes zonas de impermeabilización, por lo que se aumentó la escorrentía superficial y el desbordamiento de los ríos, disminuyó la capacidad de recarga de los acuíferos, lo que, abonado a una cultura de viviendas individuales, produjo la proliferación de los tanques sépticos y la potencial contaminación de los acuíferos. La apetencia por los terrenos se disparó, los precios subieron, se presionó la inflación, disminuyó la capacidad adquisitiva, mientras la población del Valle Central sigue experimentando estrés y frustración diarios, detrimento del paisaje natural, contaminación y poca preservación de los ecosistemas, desbordamientos de ríos y quebradas... en general: pobre calidad de vida.

Nuestras zonas rurales crecen hoy fuertemente impulsadas por el turismo y las bellezas naturales; mientras, el país experimenta fuertes inversiones y la largamente esperada estabilidad macroeconómica. Ha llegado la hora de apoyar el crecimiento implementando un sistema de desarrollo mediante la planificación urbana que preserve y permita, que densifique y proteja a nuestra querida Costa Rica.

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