Opinión

Hipocresía comercial

Actualizado el 10 de junio de 2004 a las 12:00 am

Los ticos subsidiamos el pollo y la leche que consumen otros países

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En las últimas semanas se ha pasado por alto una serie de noticias relacionadas con la comercialización del pollo y la leche, que esconden una de las principales hipocresías comerciales que vive Costa Rica en momentos en los cuales se pretende despegar sobre la ruta del libre comercio e integración económica.

Los recientes aumentos que han experimentado los precios del pollo y la leche ocurren meses después de que estos productos quedaron excluidos del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, por plazos de hasta 17 y 20 años, respectivamente, y cuando los cuasimonopolios locales Pipasa y Dos Pinos destacan por sus ventas en el extranjero.

Este año, Pipasa espera exportar hasta $20 millones debido a su incursión en diferentes mercados del Lejano Oriente, como Taiwán, Corea del Sur y Japón. Esta empresa pollera también compite activamente en Centroamérica.

Por su parte, la Dos Pinos fue galardonada en el 2002 como el “Exportador del Año” por sus ventas de productos lácteos y derivados a los demás países centroamericanos, el sur de México y algunas islas del Caribe; además, se reporta que la exportación de leche alcanzó los $28 millones en el año 2003.

A costa nuestra. Estos logros comerciales de Pipasa y la Dos Pinos serían dignos de encomio si fueran alcanzados con base en buenas estrategias empresariales y no a costa de todos los consumidores costarricenses, como sucede actualmente. La Dos Pinos, por ejemplo, es protegida en Costa Rica por un arancel del 66%, el cual impide que se pueda traer leche más barata del extranjero y le permite a esta empresa aumentar el precio del producto en el mercado costarricense. Lo mismo hace Pipasa, que cuenta con aranceles de hasta el 150% sobre ciertas partes del pollo.

De esta forma, los ticos pagamos casi el doble por la leche de lo que pagaríamos en un sistema de competencia, y hasta el triple por el pollo si se permitiera la libre importación de este producto.

Peor aún, gracias a estos sobreprecios que cobran a los consumidores costarricenses, estas empresas cubren sus costos internos y les permiten salir a competir a precios más baratos en otros mercados. Es decir, los costarricenses estamos subsidiando el consumo de pollo y leche de los habitantes de otros países centroamericanos, caribeños y hasta asiáticos.

Poder político. Lamentablemente, los grupos de presión de la leche y el pollo, que cuentan con fuerte poder político, lograron salirse con la suya durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y consiguieron que el país mantenga esos injustos aranceles por 17 años en el caso del pollo, y por 20 años en el de la leche. Los consumidores costarricenses tendremos que esperar hasta una generación para poder consumir pollo y leche baratos.

Sin embargo, el Gobierno está facultado a eliminar esta situación mediante la abolición unilateral de estos impuestos a la importación de leche y pollo. Se lo debe a todos los consumidores del país, especialmente a los más pobres.

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