Opinión

Hace falta el neurofeminismo

Actualizado el 30 de agosto de 2012 a las 12:00 am

Igual queel hombre,la mujer nace,no solo se hace

Opinión

Hace falta el neurofeminismo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Uno de los empeños más odiosos del machismo es su pretensión de mantener a las mujeres en la ignorancia. Los machistas actúan así porque el conocimiento es poder, y la ignorancia, debilidad. Las mujeres podrán defenderse menos cuanto más ignorantes sean sobre cómo funcionan la naturaleza y la sociedad.

El pensamiento anticientífico se ha adueñado ahora de algunas reivindicaciones de las mujeres para convertir los cerebros femeninos en pajareras metafísicas.

En vez de ideas sustentadas en las ciencias naturales, el pensamiento precientífico intenta que las mujeres ignoren las ciencias del sistema nervioso; es decir, las neurociencias.

Un ejemplo de tal pretensión anticientífica es el artículo de la señora María Flórez Estrada “La falacia del instinto maternal” (Opinión, 25/8/2012). En él confirma su ignorancia radical de la biología humana porque niega la existencia del instinto materno.

Junto con el materno, el ser humano conserva otros instintos, como los de la autodefensa y la compasión. Si los perdiera, la especie Homo sapiens se extinguiría. Todos los estudios serios y actuales de biología reconocen el valor de tales instintos, que no se inventan, pero que sí se modifican socialmente y que varían de individuo a individuo.

Fuga polémica. Aquellos instintos y los rasgos físicos confirman nuestra unión íntima con la naturaleza. La evolución nos dotó del córtex prefrontal del cerebro, y con él procesamos el pensamiento abstracto y tomamos decisiones.

Esa parte del cerebro nos permite “rebelarnos” individualmente contra algunos instintos, de modo que ciertas personas son vegetarianas o célibes, o rechazan criar hijos. Instinto no es fatalidad.

Por tanto, si podemos “rebelarnos” contra la naturaleza, es gracias a la propia naturaleza (al neocórtex) y a la cultura (a las ideas que adquirimos de la sociedad).

Somos, pues, cuerpo y mente inseparables, más instintos y libre albedrío. Estas ideas científicas son ajenas al pensamiento mágico de quienes, como María Flórez Estrada, niegan el instinto materno.

¿Qué dicen las ciencias naturales sobre el instinto materno en el Homo sapiens ?: 1) que una minoría carece de él; 2) que, de entre la mayoría, algunas mujeres son más maternales que otras; 3) que el instinto materno oscila durante la vida de las mujeres; 4) que la familia y la sociedad fomentan o reducen las expresiones de tal instinto.

PUBLICIDAD

Otra prueba de la debilidad de las tesis de María Flórez es su fuga ante el emplazamiento que le formulé (Opinión, 23/8/2012) con respecto a la “inexistencia” del instinto materno.

La reté entonces a demostrar por qué, cómo, cuándo y dónde “perdieron” las mujeres el instinto materno y lo reemplazó una “construcción social” amaestrante. Sin embargo, la señora Flórez evadió el tema con la ilusión fallida de que no se le note la fuga; pero se le nota.

¿Por qué evita responder María Flórez Estrada? Porque nunca se le ocurrió que alguien le preguntaría cuestiones tan lógicas; porque no sabe las respuestas pues no ha leído neurociencias; porque las contestaciones no están en los “estudios de género” (que se ocupan de otras ideas); porque le falta la sinceridad intelectual para contestar “No sé”; porque no hay respuestas pues nunca se extinguió el instinto materno , sino que prosigue y se adapta a las sociedades.

Corolario: Si la maternidad es una imposición patriarcal (una estafa contra las mujeres), las madres deben repudiar a sus hijos, incluidas las que (creen) escogieron la maternidad porque, en el fondo, también fueron estafadas y no lo saben. ¿A esto llegaremos?

Ciencias = aliadas. ¿Se debe todo ello a errores de ignorancia, o se ignora adrede para no dudar de los propios dogmas precientíficos? Es difícil saberlo.

La negación de los instintos en los humanos es una premisa que nos devolverá al idealismo dualista de Descartes, que separa la mente del cuerpo.

De negar aquel instinto se pasará a negar la atracción sexual mujer-hombre, que será solamente otra “construcción social”, no un hecho de la naturaleza.

El relativismo radical es peligroso. La mujer no solo se hace: también nace , y lo mismo le ocurre al hombre. En esto, la célebre sentencia de Simone de Beauvoir, así enunciada, es un error.

¿Por qué las teorías feministas deben vincularse con las ciencias? Porque toda filosofía es sospechosa si no se relaciona por lo menos con una ciencia natural.

Veamos ejemplos: la ontología debe vincularse con la física; la gnoseología, con la fisiología; la ética, con el gregarismo natural; las teorías sexuales, con la química; la economía y la sociología, con la psicobiología.

PUBLICIDAD

El feminismo debilitará todas sus posiciones si hoy evita basarse también en las ciencias. Hace falta el neurofeminismo.

Las ciencias naturales refrendan las tesis feministas de justicia y equidad, así como ayudaron a enterrar los prejuicios racistas.

Pese a todo, las mujeres no están condenadas a vestir chadores precientíficos. Lean libros de neurociencias, y uno asequible es ¿El sexo débil de la mujer? (EUCR), del doctor Juan Jaramillo Antillón. En sus correos electrónicos instalen la alerta “neurociencias” para que les aparezcan las noticias que incluyan esa palabra.

Por último: ríanse de las acusaciones de “cientificismo”. Hay quienes se ríen de las ciencias, pero ustedes, mujeres, ríanse con las ciencias: estas siempre ríen últimas; además, ríen mejor y no yacen en la Edad Media.

  • Comparta este artículo
Opinión

Hace falta el neurofeminismo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota