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Hablemos de impuestos

Actualizado el 01 de febrero de 2005 a las 12:00 am

Costa Rica está entre los 10 países peor regulados

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Este año se dilucidará si el paquete de impuestos se aprueba o no. Vale la pena, entonces, repasar algunos conceptos tributarios que nos ayuden en el debate en torno a este proyecto de ley. Con el fin de establecer prioridades, hay que tener claro los términos de carga tributaria, tasas impositivas e ingresos del gobierno. Una reducción de impuestos no significa necesariamente que el Gobierno reciba menos dinero, ni tampoco una baja carga tributaria implica pocos ingresos para el Estado.

Se ha argumentado hasta la saciedad que Costa Rica cuenta con una carga tributaria muy baja: un 13% del PIB. Sin embargo, este indicador se presta para el engaño ya que es manipulable desde dos vertientes: Por un lado no se incluyen tributos ocultos como el impuesto inflacionario, el cual promedia un 17% en los últimos 33 años; las cargas sociales, que se encuentran entre las más altas de la región; los sobreprecios que cobra el Estado por los servicios monopolísticos, que terminan en bonos del Gobierno, y los impuestos municipales, entre otros.

Por otra parte, el componente del PIB es inflado por los gastos del Gobierno, sin importar si se trata de inversiones, gasto corrupto o despilfarrador. De ahí se deduce que un país puede aumentar su carga tributaria mediante la reducción del gasto público. Bien advertía Aristóteles en su Retórica que "los hombres se hacen más ricos, no solamente sumando a lo que ya tienen, sino también recortando sus gastos".

Gasto gubernamental. Una mejor manera de calcular la carga fiscal del Estado es a través del gasto gubernamental. Tarde o temprano todo gasto debe ser cubierto con impuestos, presentes o futuros. En un estudio de las economías de la OCED y 60 naciones alrededor del mundo, Gwartney, Holcombe y Lawson encontraron que "el nivel de gasto del Gobierno que maximiza el crecimiento no es mayor que un 15% del PIB" y "cuando el ámbito del gobierno se expande más allá de ese nivel, hay un impacto negativo en la riqueza de las naciones". En Costa Rica el gasto público ronda el 28,7% del PIB.

Más aún, el premio Nobel de Economía Milton Friedman advierte que "el tamaño del Estado no se determina únicamente por lo que está registrado como gasto gubernamental, sino también por las reglas y regulaciones estatales". Costa Rica está entre los 10 países peor regulados, según el Banco Mundial, por lo que el peso del Estado en la economía va más allá de ese supuesto 13% de carga tributaria.

Además, el indicador de la carga tributaria es inútil ya que los impuestos que más daño causan son usualmente los que generan menos ingresos. Un impuesto del 70% sobre una actividad económica dada se convierte en una prohibición de facto sobre ella, lo cual genera pocos, si no nulos, ingresos para el Gobierno. Altas tasas impositivas también fomentan la evasión, el contrabando y la subfacturación.

Fenómeno comprobado. De ahí que el economista Arthur Laffer diseñara un modelo (la curva de Laffer) que explica cómo una reducción de las tasas impositivas hasta cierto punto genera un aumento en los ingresos del Gobierno. Ese fenómeno ha sido comprobado con las reducciones en las tasas impositivas llevadas a cabo en los años sesentas y ochentas en EE. UU., y en los noventas en Irlanda y España, por mencionar algunos casos.

De vuelta a Costa Rica, en lugar de enfocar la discusión sobre si la carga tributaria es baja o no, debemos analizar si una reducción en las tasas impositivas podría aumentar los ingresos del Estado. Reducir la tasa de renta sobre las empresas del 30% al 15% (así como Irlanda lo hizo del 40% al 12,5%), dispararía la actividad económica al fomentar la inversión nacional y extranjera. Más empresas representan más dinero para el Estado. Igual sucede con el impuesto de ventas (13%), para el cual la evasión alcanza el 50% según informes de la Contraloría. Una disminución de la tasa reduciría los incentivos a la evasión, y eso redundaría en más dinero para las arcas gubernamentales.

El año pasado, el Gobierno fue capaz de recaudar ¢106.000 millones de impuestos en exceso de lo recolectado en el 2003 y logró superar en más de ¢40.000 millones sus expectativas, sin necesidad de más impuestos. Eso prueba que una economía en crecimiento es la mejor receta para engrosar las arcas del Estado, y no castigar nuevamente el bolsillo de los costarricenses con un nuevo paquete de impuestos.

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