Opinión

Foresta urbana

Actualizado el 01 de marzo de 2007 a las 12:00 am

El bosque de la ciudad capital es un ecosistema posible, pero unificando esfuerzos entre todos

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Foresta urbana

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Con el nombre de Foresta Urbana se impulsa un proyecto para convertir a San José en un bosque urbano, según se da a conocer en el artículo “San José impulsa proyecto para convertirse en bosque urbano” ( La Nación , 21/1/07, pág. 15 A).

Enhorabuena convertir a nuestra capital en un bosque urbano, y abogo por que se convierta en realidad a la mayor brevedad, sin mucha dilación; sin embargo, se deben aunar todos los esfuerzos con otros proyectos, como Costa Rica en Flor, promocionado por la Universidad para la Paz, y Arborización Urbana, con el apoyo de Prugam y la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, los cuales buscan el mismo objetivo y, a mi juicio, deben ser tomados en cuenta. Sirva la ocasión, además y con todo respeto, para recordar otras iniciativas promovidas por la misma Municipalidad de San José, pero de no muy grata memoria, como mencioné en el artículo “Arborización en San José” ( La Nación , 24/5/99).

Escogencia. En este artículo decía: “Si bien esta actitud por embellecer nuestra capital es loable y un buen ejemplo a seguir por otras ciudades en el país, lamentablemente, por falta de asesoría o tal vez desconocimiento, se han plantado miles de árboles del famoso laurel de la India ( Ficus benjamina ), especie exótica traída de la India. Esa especie pertenece a la familia botánica Moraceae , y a la cual pertenecen nuestros higuerones nativos, del mismo género Ficus . Todos estos árboles tienen la capacidad de crecer como hemiepífitos o parásitos sobre el tronco o las ramas de otros árboles, hasta que terminan por estrangular a su huésped, para seguir su vida en forma independiente. Es más, en ocasiones crecen sobre los muros y tapias de algunas casas o edificios. Sin embargo, estos árboles tienen un grave inconveniente: sus fuertes raíces, que a veces sobresalen de la superficie del suelo, son capaces de destruir muros, alcantarillas, cunetas, tuberías subterráneas, carreteras, etc., si es que son plantados en un lugar no apto, desde luego, con las consecuentes pérdidas materiales y económicas”.

Años después, he visto cómo se han tenido que cortar muchos de estos árboles debido a una mala escogencia. Cuando se cultivan árboles, se hace con el objetivo de producir madera, de proteger áreas de fuerte pendiente o a la orilla de ríos, o para arboricultura urbana.

En ese último caso, se debe tener mucho cuidado pues no solo se necesita el conocimiento técnico y biológico sobre la historia natural de las especies, sino también el conocimiento dendrológico de ellas. Su identificación es vital.

Foresta Urbana pretende utilizar la gran gama de especies de árboles nativos que tiene nuestro país, que llega a 2.000 especies (20% del total de nuestra flora).

Es obvio que una gran mayoría no se adaptan al Valle Central; de ahí que además se necesite el conocimiento del hábitat donde aquellos árboles se desarrollan en su ambiente natural. Afortunadamente, el clima del Valle Central es promisorio para muchos de ellos.

Interrogantes. El país ha carecido de planificación en el crecimiento de las ciudades, no existen buenos planes reguladores, y se ha eliminado la vegetación en las zonas de protección a orilla de ríos y quebradas, convirtiéndolas en cauces nauseabundos, recorridos por aguas negras y desechos sólidos de todo tipo.

En el desarrollo de Foresta Urbana, ¿qué pasará con todos esos ríos y quebradas donde las casas o precarios llegan hasta el borde mismo? ¿Qué pasará con los dendrofóbicos? (palabra acuñada por mi colega el ingeniero Freddy Rojas), o sea con todos los peligros que corren los árboles o arbustos una vez plantados, con los desalmados y ladrones que los dañan o se los roban, de cuya práctica pueden dar fe mis amigos de Asecan.

No cabe duda de que las ciudades necesitan más y mejores espacios verdes para que aporten calidad de vida a sus habitantes. En tal sentido, los proyectos como Foresta Urbana, Costa Rica en Flor y Arborización urbana deben coordinar y unificar sus criterios técnicos para concebir la ciudad como un ecosistema, sin olvidar el paisaje y sin olvidar que la ciudad posible, al estilo Curitiba, en Brasil, sí es posible, pero entre todos.

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