Opinión

Engaños de la nostalgia

Actualizado el 03 de marzo de 2005 a las 12:00 am

Trabajo ético de una sociedad: esfuerzo conjunto que une ciencia, tecnología, ética y espiritualidad

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Engaños de la nostalgia

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Los hechos de corrupción descubiertos en los últimos meses no solo causaron estupor en muchos ciudadanos: también generaron preocupación por averiguar las causas de este deterioro ético en el país y alertaron a la gran mayoría sobre la necesidad de tomar medidas contundentes.

Entre las reacciones, muchas estimables personas -una vez más ante situaciones análogas- llaman a la "recuperación de valores", mientras que algunos piensan que la introducción de "códigos éticos" en empresas públicas y privadas podría ayudar a "reconstruir prácticas perdidas de honradez".

Son admirables intenciones, sin duda, pero quizás a veces un tanto desorientadas por las trampas de la memoria, por los engaños de una nostalgia por tiempos pasados que no siempre fueron mejores.

La idealización del tiempo de nuestros próceres, de aquellos políticos supuestamente desinteresados o de aquellos usos comerciales y financieros, donde el proverbial "pelo del bigote" bastaba para refrendar el compromiso más serio, no resistirían el análisis cuidadoso de los historiadores.

Desafíos diferentes. En todo caso, a lo más que podría llegarse examinando el pasado, es a comprender que la Costa Rica aldeana y rural presentaba desafíos muy distintos de los que tiene la que se pretende inserta en la globalización regida por las gigantes multinacionales; y que lo meritorio de algunos de los políticos y empresarios de entonces fue el ser capaces de integrar con acierto intereses colectivos y privados, aunque en una sociedad menos compleja que la nuestra.

"Recuperar" o "rescatar" pueden no ser los verbos adecuados; por tanto, cuando se trata de expresar la acción necesaria ante una crisis ética social.

Si algo nos enseña la historia es que los valores y los principios morales no se rescatan: se recrean. Cada generación se enfrenta con situaciones propias que afectan, por ejemplo, la dinámica de apropiación del ingreso nacional, la del reparto de las cargas para producirlo y disfrutar de sus beneficios; en definitiva la de construir una sociedad con bienestar generalizado y sostenible.

Nada ni nadie puede eximir a quienes pertenecemos a las generaciones de turno del enorme reto de identificar, en cada caso, cuáles son las dimensiones más valiosas de las relaciones económicas, políticas y sociales que estamos construyendo; y cuáles los principios de acción que deben regirlas porque nos permiten realizar, para todos, los niveles más excelentes de nuestra vida humana, factibles en el momento. A esto llamamos "principios y valores de moral social".

Soluciones irrepetibles. Cuando una sociedad entra en procesos de transformación acelerada y profunda -sea por la revolución neolítica, por la industrial, o por la de la información y comunicación globalizadas-, es normal que se quiebren también las formas de los principios y valores que sirvieron a los moradores de la época precedente para vivir y sobrevivir con calidad. Sus soluciones de entonces son irrepetibles, por más que la predicación y la educación insistan en sus ejemplos.

Las nuevas ciencias y tecnologías crean nuevas posibilidades de ejercer el poder político y económico, nuevos tipos de división del trabajo, nuevas formas de relaciones entre lo sexos, entre los jóvenes y los mayores.

Crean así nuevas responsabilidades y abren la posibilidad de responder de múltiple manera. En cada caso, no existe ningún determinismo, solo un abanico de posibili-dades. Saber escoger y proponer las mejores para todos es el trabajo ético de una sociedad, que solo puede realizarse con el esfuerzo conjunto que articula ciencia, tecnología, ética y espiritualidad.

Con ese esfuerzo -que apunta a definir el tipo de sociedad, de relaciones, de estructuras que queremos- se crean a la vez los valores y principios morales que queremos y que nos hacen falta para no desbarrancar como especie.

Por eso, aun sin darnos cuenta, al apelar a la creación -que no al rescate- de una ética para nuestro tiempo, lo que hacemos es llamar a la tarea de crear una nueva economía, una nueva política, una nueva sociedad.

En ellas se juega la creación de valores y principios morales.

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