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Actualizado el 12 de noviembre de 2009 a las 12:00 am

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Con esto de las encuestas seguimos igual que hace cuatro años. Lo único que se discute es la “carrera de caballos”: ¿quién va adelante y por cuánto? Algunos dicen que las encuestas no sirven pues una reporta que Ottón va de segundo, otra que Otto ya le pasó y las dos cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Ah bueno…

Limitar la discusión pública de las encuestas a la carrera de caballos es un uso pobrísimo de esta herramienta. Si queremos sacarles el jugo, hay que pedirles otros datos. Primero: ¿qué hay detrás del porcentaje de un candidato?, ¿qué parte de los que dicen apoyarlo son votantes habituales?, ¿cuántos se identifican con ese partido? En el 2006 quedó claro que estamos en una época donde los apoyos políticos de muchos están pegados con alfiler (son muy volubles). Esto explicó las grandes fluctuaciones que ocurrieron en las semanas previas a esos comicios; lo mismo pasó con el referéndum del TLC.

En segundo lugar, hay que poner mucha más atención a los indecisos y a los posibles abstencionistas. He visto noticias que reportan niveles bajísimos de indecisos (menos de un 15%) y de abstencionismo (20%). ¿No es raro eso cuando la campaña está más fría que un pingüino en una refri? ¿Cómo explicar estos niveles, solo compatibles con los de la época dorada de la participación y el bipartidismo? Me temo que o no hay una buena medición de estos temas o sí la hay, pero los periodistas no la reportan bien, o algo extraordinario está pasando y nadie está analizándolo.

Un detalle técnico y perdonen la majadería: la ficha técnica de los estudios tiene que mejorar mucho. Se pone el margen de error general de la encuesta, pero no se dice, por ejemplo, en cuánto se amplía ese margen cuando se analizan los datos de una submuestra (digamos, la intención de voto de solo los decididos a votar). Aquí, una diferencia de 5 ó 6 puntos puede no importar.

Así las cosas, ¿qué va a pasar? Fácil: en febrero se dirá que las encuestas no sirven porque “no pegaron”, que tienen fallas “epistemológicas” – Varguitas hablando en cuti – o que hicieron fraude. Digo: la responsabilidad de las casas encuestadoras es hacer bien los estudios; la de los periodistas, ser más acuciosos con los datos, y la nuestra, elevar la calidad de los análisis. Por cierto, ¿alguien me puede decir si la campaña ya empezó? En este silencio total de ideas, busco una que me diga qué puedo esperar del próximo Gobierno. Hasta el momento esta campaña está más intrascendente que un partido entre el San Carlos F. C. y el Santos de Guápiles. En tiempos de crisis, la trivialidad es una mala idea, aunque los superconsultores de imagen digan lo contrario. El que gane, tendrá que pedir sacrificios...

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