Opinión

Desviando la atención

Actualizado el 16 de septiembre de 2004 a las 12:00 am

A propósito de errores críticos en una discusión

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Jaime Ordóñez me acusa de hacer ataques personales, defecto en el que él incurre a lo largo de todo su artículo, lo que confirma una vez más la observación de los psicólogos de que “la percepción es un espejo”. Además, intenta desviar la atención sobre el tema central del debate que hemos sostenido sobre si un aumento de la carga tributaria es una condición “obligatoria” para el desarrollo económico, tal como él lo expuso. Vale la pena, entonces, repasar los errores críticos cometidos por Ordóñez a lo largo de esta discusión.

Al analizar tres ejemplos que Ordóñez ofrece de países que aumentaron sus cargas tributarias y vieron sus economías crecer, descubrimos que manipuló y analizó convenientemente las estadísticas. Por ejemplo, en los casos de España y Finlandia utilizó en ciertos periodos datos en dólares corrientes y, en otros, dólares ajustados al poder de compra, lo cual induce al error. No se pueden comparar manzanas con naranjas. La manera más confiable de medir el crecimiento de una economía es a través del PIB per cápita a precios constantes en moneda local (World Economic Outlook). Este indicador tiene la ventaja que muestra el crecimiento de la producción por habitante y está aislada de los vaivenes de los tipos de cambio.

El caso español. Utilizando estos datos, así como otros indicadores, demostré que la economía española se encontraba en una situación bastante precaria para 1996, año en que el aumento de la carga tributaria alcanzó su pico. El desempleo afectaba al 22,4% de la población económicamente activa, el déficit público alcanzaba el 6,6% del PIB, la tasa de crecimiento del PIB per cápita de los últimos 6 años fue del 1,53% anual, los tipos de interés estaban por las nubes. España no cumplía ninguno de los criterios de convergencia necesarios para entrar en la Unión Económica y Monetaria. Sin embargo, Ordóñez, en su despliegue de mitomanía, afirma que la economía española se encontraba en “plena evolución y crecimiento”, y me acusa de intolerante e ideólogo por manifestar la simple realidad. Nadie niega que las políticas intervencionistas keynesianas puedan producir crecimiento, el punto es si es sostenible en el largo plazo. El ejemplo español nos demuestra que no es así.

En cuanto a gasto público, Ordóñez afirma haber trabajado en este campo durante la última década. Lamentablemente no podemos ver los frutos de tan ardua labor por ninguna parte puesto que el Estado costarricense continúa despilfarrando a manos llenas. De nada sirve proponer la eliminación de gastos corruptos y superfluos si, por otra parte, se está dispuesto a dar más dinero a unos gobernantes que no dan muestras de querer mejorar la calidad de los egresos. Once paquetes de impuestos en menos de 4 décadas lo confirman.

Cargas y tasas.Su disertación sobre la curva de Laffer también muestra cómo Ordóñez maneja muy ligeramente los temas que se discuten. Arthur Laffer nunca basó su análisis en cargas tributarias, sino en tasas impositivas, las cuales son muy distintas unas de otras. De hecho, cuando se habla de distorsiones fiscales, el indicador de la carga tributaria es inútil ya que los impuestos que más daño causan son usualmente los que generan menos ingresos. La historia económica está llena de ejemplos de cómo reducir las tasas impositivas aumenta los ingresos del Gobierno (Irlanda es un caso), por lo que, si Ordóñez en realidad se preocupa por que el Estado cuente con más dinero, debería estar promoviendo una rebaja en las tasas y no una mayor carga tributaria a partir de más impuestos.

Al quedarse sin ejemplos, Ordóñez apela a “opiniones expertas” del Banco Mundial para sostener su posición de que hay que aumentar la carga tributaria. ¿Será este el mismo Banco Mundial que cuenta con una tasa de fracaso en sus proyectos del 60% según la Comisión Meltzer del Congreso estadounidense? Hay que tener mucho cuidado sobre a quién tomamos la opinión.

A lo largo de esta polémica ha quedado de manifiesto que la proposición original de Ordóñez sobre el aumento de la carga tributaria no aguanta el peso de la evidencia empírica, por lo que dice poner punto final al intercambio por respeto a los lectores cansados (¿?) de nuestros artículos. Pareciera más bien que es por falta de argumentos por lo que acaba el debate.

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