Opinión

Descentralización territorial

Actualizado el 05 de abril de 2001 a las 12:00 am

Las municipalidades son el camino

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Con motivo de la presentación de diversas propuestas de reforma del marco legal de la Administración Pública, preparadas bajo mi dirección y sometidas en los últimos meses a un amplio proceso de difusión y discusión, han salido a flote –además de valiosos aportes constructivos– posiciones muy interesantes sobre lo que algunos piensan que debe ser el énfasis en la descentralización del poder.

Como hemos sostenido en diversas ocasiones, la puesta en práctica del esquema de descentralización diseñado en la Constitución de 1949 ha carecido de coherencia a lo largo de los últimos 50 años y ha conducido a la atomización del poder en múltiples centros de acción carentes de la legitimación que da el voto popular y, en la mayoría de los casos, exentos de la rendición de cuentas que debe imperar en todo ente público.

Este laberinto institucional ha demostrado total falta de capacidad de respuesta a las necesidades de los usuarios y en ninguna medida ha acercado la toma de decisiones a ellos; todo lo contrario, ha alejado aún más el poder de la única fuente de legitimación: los electores. Por su disparatada puesta en práctica y por la forma en que la dirección de estos entes descentralizados se reparten como botín entre los dos partidos mayoritarios, estamos lejos de poder afirmar que en Costa Rica existe efectiva descentralización del poder.

Caldo de cultivo. Si el esquema de funcionamiento del sobrepoblado conjunto institucional mostrara señales de una mínima eficiencia, y aun si las instituciones descentralizadas no hubieran sido el caldo de cultivo de incuantificables formas de corrupción, no estaríamos en presencia de una forma efectiva de descentralización.

Descentralizar el poder es integrar al ciudadano a la toma de decisiones, no alejarlo de ellas, como se ha hecho en Costa Rica. Tal proceso pasa por un fortalecimiento de los gobiernos locales y no por la creación desmedida de instituciones.

En síntesis, la construcción de un Estado moderno en Costa Rica pasa necesariamente por una transformación sustancial del papel de las municipalidades. A pesar de la postración en que han vivido por tanto tiempo, las municipalidades siguen siendo la estructura de poder cercana al ciudadano. Hacia esa estructura cercana y familiar deben descentralizarse funciones y recursos.

Clara orientación. Los diversos procesos de descentralización que se impulsan en países con sistemas jurídicos y culturas similares a los nuestros tienen una clara orientación territorial. Descentralizar el poder en el mundo actual es, entonces, un proceso en el que las colectividades territoriales asumen un mayor nivel de responsabilidades en la prestación de servicios públicos.

Por lo expuesto, llama poderosamente la atención que surjan temores ante la propuesta de asignación de competencias cada vez mayores a las municipalidades y que, en su lugar, se trate de establecer, como paradigma de la descentralización, el experimento fallido y atrofiado que ha resultado ser en las últimas décadas el sector descentralizado institucional. Ni ha sido esta una forma descentralizada del ejercicio del poder, ni hemos estado siquiera remotamente cercanos a formas profesionales e imparciales del manejo del aparato público, y, peor aún, el abismo entre el poder y el ciudadano se ha acentuado cada vez más.

Se han señalado algunos temores por un eventual centralismo en la propuesta consistente en someter a los entes descentralizados institucionales a lineamientos por sectores a cargo de un ministro, con el propósito de que no exista desperdicio de recursos ni duplicación de funciones y de imprimirle un carácter unitario a la marcha de la administración pública. Estas posiciones podrían llevar a poner el énfasis de la descentralización en donde no corresponde.

Si queremos construir una sociedad moderna, donde el poder se acerque cada vez más al ciudadano, debemos optar por esquemas de incremento de las competencias de las municipalidades: esa es la verdadera vía hacia la descentralización del poder.

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