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Zapping: Ese silencio necesario

Actualizado el 01 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

La despedida de Pilar Cisneros era un imán irresistible. Había que verlo. Las palabras de la exdirectora para su público fueron apropiadas y conmovedoras.

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Confesión@Admito mis limitaciones para hablar de Telenoticias, un noticiario al que hace años le dejé de interesar como público.

Larry King, el hombre de las entrevistas en Estados Unidos, se despidió de su público televisivo únicamente con su voz y mirando fijamente a la cámara. Aquello ocurrió en diciembre del 2010, cuando emitió el último programa de su Larry King Live.

La despedida no estuvo libre de bombetada. Por ejemplo, el presentador Regis Philbin le dedicó una canción que King no supo seguir; y el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, anunció que el 16 de diciembre, fecha de su despedida, sería desde entonces el Día de Larry King en su estado (prueba de que el populismo no es patrimonio exclusivo de Latinoamérica).

Durante esa misma emisión, el propio King metió la pata al hacer inadvertidamente un comentario desafortunado al expresidente Bill Clinton. Sus colegas también tuvieron una participación cursi en un segmento en el que le sobaron la leva al señor de los tirantes. Concedamos que aquel exceso de “lustrabotismo” era justo y merecido para el hombre que, por 25 años, condujo el programa más longevo y de mayor audiencia de CNN.

Ahora bien, por encima de todo, la despedida de la noche fue entre King y su público. Ese último momento en el que le habla a la cámara es íntimo, conmovedor e intenso. “Gracias, y en lugar de ‘adiós’, que tal si decimos ‘hasta siempre’”. La habitación quedó sin luz y solo su micrófono solitario, silencioso, quedó brillando en la penumbra. ¿Quién recordaba entonces los yerros de aquella última edición? Nadi e.

En Costa Rica no hay figuras del periodismo que despierten entre la gente una admiración del mismo linaje que la que inspira King. Mejor dicho, hay poquísimas, y hoy hay una menos. Pilar Cisneros se despidió de Telenoticias el 23 de agosto, y en el canal hubo despedida.

A mí no me gustó la emisión, pero no entraré en los pormenores que ya Óscar Cruz supo exponer mejor que yo en su crítica en Viva . Hoy quiero hablar solo de un detalle, pero primero hagamos un paréntesis.

Las palabras de la exdirectora para su público fueron apropiadas y conmovedoras.

Admito mis limitaciones para hablar de Telenoticias , un noticiario al que hace años le dejé de interesar como público. No había visto diez minutos seguidos del informativo en no sé cuánto tiempo. Este es un defecto pues, siendo yo periodista, es una falta que permanezca ajeno al medio por el cual se informa el grueso de Costa Rica.

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Sin embargo, la despedida de Pilar Cisneros era un imán irresistible. Había que verlo. Las palabras de la exdirectora para su público fueron apropiadas y conmovedoras. Cuando ella terminó de hablar, requeríamos de silencio para dimensionar el momento, para tragar saliva. En lugar de ello hubo trompetas.

Claro: la lógica indica que un gran acontecimiento –como sin duda lo es la salida de la codirectora de Telenoticias – tiene que venir acompañado de mariachi. Falso. Cualquiera puede disparar bombetas; muy pocos pueden crear intimidad. En televisión se le habla a la gente en la sala de su casa. ¿Cuál es la necesidad de gritar? En fin, el momento que bien supo crear la exdirectora con sus palabras se perdió en “volver, volver, volver”. Muy pronto, el televidente se convirtió en un colado en una parranda de oficina.

Estoy seguro de que el legado de Pilar Cisneros no se va a manchar por los desatinos de su “ por fin viernes ”, o por ese despelote en que se convirtieron sus últimos minutos frente a la pantalla. Ante los ojos de su público, ella siempre será más grande que eso.

No obstante, queda un sinsabor. Hay geniecillos de empresa que nos machacan la importancia de dejar siempre una buena primera impresión. No caigamos en la trampa: la que siempre importa es la última.

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