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Zapping: Por una prensa menos cínica

Actualizado el 04 de febrero de 2017 a las 11:55 pm

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A comienzos de siglo, parte de la prensa latinoamericana jugó a los adjetivos y conformó una pugna personal con Hugo Chávez. | ARCHIVO.

En Costa Rica, como en muchos otros países, se nos hace difícil discernir entre qué es peor: las maniobras de la clase política o los juegos de la prensa alrededor de ella.

Con una importante cantidad de medios de comunicación abocados a la información sobre deportes, sucesos y celebridades, el poco espacio destinado a la política –esa esfera que nos incluye a todos– es un eterno estira y encoge.

No es que la política se resuma a un infinito desencuentro de “la bola es mía y sin mí nadie puede jugar”, es que así nos vendieron la vida política desde los intereses mediáticos durante décadas.

Al ver televisión, periódicos y redes sociales asimilamos la política como la politiquería y los problemas personales de unos hombres y muchas menos mujeres, no como una maquinaria colectiva para mejorar nuestra realidad.

La ciudadanía no está representada en la cobertura mediática sobre la política. Nunca se trata de los beneficios de recortar el gasto público para los trabajadores del país, sino de que tal partido quiere hablar de esta otra propuesta.

Tampoco está la ciudadanía representada en los partidos, nuestros supuestos interlocutores. Sabemos más sobre a quién apoyan ciertos expresidentes que sobre las propuestas de esos precandidatos presidenciales.

En las jerarquías del poder y el estatus todo es personal, desde la cima –la élite política– hasta el escalón más bajo –la prensa–. “Yo no me arrodillé”, le dice el jefe de Estado a los diputados que durante horas han asegurado que ponerse de rodillas es una humillación.

La prensa no se deja usar de gratuitamente. El conflicto da clics y ráting. La opinión de un precandidato de un “partido importante” sobre el diputado rebelde del partido oficialista importa más que el tema de fondo. ¿Cuál era el tema de fondo? Nadie recuerda.

Al ver televisión, periódicos y redes sociales asimilamos la política como la politiquería y los problemas personales de unos hombres y muchas menos mujeres

Cuando hasta la denominación de un puente se convierte en una plataforma para tirar piedras de un lado al otro, debemos cuestionarnos: ¿realmente nos conviene estar pensar en esto?

Hace 20 años, en un ensayo acerca del porqué los estadounidenses odian a la prensa, el periodista James Fallows señaló que las prioridades de los periodistas de política raramente eran las mismas que las del público. Cuando la ciudadanía tenía la oportunidad de hacerle preguntas a los líderes se enfocaba más en el “qué” y no en el “cómo”.

“Un énfasis despiadado en el juego cínico de la política es una amenaza para la vida pública, al implicar que la esfera política no es más que una plaza donde políticos ambiciosos luchan por el dominio, en lugar de una estructura a través de la cual los ciudadanos pueden lidiar con inquietantes problemas colectivos”, escribió Fallows en 1996.

Sus palabras hacen eco en una Costa Rica dormida en el lecho de ese juego de atención, en un momento en el que el país necesita lo contrario. A menos de 365 días de las elecciones, es menester que nuestra prensa se concentre más en el “por qué” y el “qué” que en el “quién” y el “cómo”; que hable de corrupción pero también de las propuestas para avanzar; que se concentre menos en disputar la posesión del balón y más en el grito de la afición que paga el boleto para presenciar el partido sin la garantía de que su voz sea escuchada.

Esta es una columna de opinión de la revista Teleguía, de La Nación, y como tal sus contenidos no representan necesariamente la línea editorial del periódico.

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