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Página Negra Patty Duke: Fugitiva del infierno

Actualizado el 14 de junio de 2014 a las 11:55 pm

Estrella del teatro, el cine y la televisión, fue explotada por una pareja de promotores y vivió un infierno mental sin saber que padecía un trastorno bipolar que alteró su vida emocional y artística.

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LatinStock/Corbis para Teleguía

A los 17 años le contaron que su padre había muerto. Tenía diez años de no verlo. Murió solo, en una casa de huéspedes para alcohólicos, aferrado a una foto autografiada de su hija. Fue al funeral disfrazada de actriz.

Sus tutores la tenían cercada y le impedían ver a su madre y a sus hermanos; controlaban sus gastos, dilapidaban sus cuantiosas ganancias, la drogaban y abusaban sexualmente de ella.

Con apenas ocho años Anna Marie Duke quedó bajo la tutela de John y Ethel Ross, un par de hienas que cebaron en su cubil aquella presa dorada, con tal de convertirla en una estrella infantil del teatro, el cine y la televisión.

Ethel le cambió el nombre con el afán de repetir el éxito de la actriz juvenil Patty McCormack; esta decisión tendría severas repercusiones emocionales en la frágil mente de Anna Marie, reconvertida en Patty Duke.

En poco tiempo ganó un Óscar –a los 16 años– como mejor actriz de reparto; llegó a tener su propio “show” televisivo; en el cenit de su carrera comenzó a comportarse de manera errática, como si estuviera borracha o peor aún: loca.

Solo los aficionados a las trivias la recuerdan como la esposa de John Astin. Algunos dirán: –Y este ¿quién diablos es?–” Astin es el inolvidable Homero –de Los Locos Adams –, meloso marido de Morticia a quien lamía los brazos cada vez que ella le hablaba en francés.

Los cinéfilos asocian de inmediato a Patty Duke con El milagro de Anna Sullivan , cinta de 1962 que le valió el Óscar a la mejor actriz de reparto por encarnar a Hellen Keller . Duke, con apenas 16 años, dio vida a una niña ciega y sorda que superó su complejo de culpa por la muerte de su hermano, hasta convertirse en una activista política.

A los 16 años,Anna Marie Duke ganó un Óscar como mejor actriz de reparto por la cinta El milagro de Anna Sullivan. Ella se convirtió en un ícono por su  show de TV.Archivo
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A los 16 años,Anna Marie Duke ganó un Óscar como mejor actriz de reparto por la cinta El milagro de Anna Sullivan. Ella se convirtió en un ícono por su show de TV.Archivo

Pero los televidentes añoran la candidez e inocencia del Show de Patty Duke , de 1963. Ella interpretó dos personajes principales idénticos: Patty Lane, una atolondrada jovencita americana cuya única preocupación era decidir entre malteadas y fiestas colegiales; por otro lado hacía de Cathy Lane, la atildada primita escocesa. Por tres temporadas se mantuvo al aire y fue nominada a los Premios Emmy.

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A los 17 años era una luminaria; el público la adoraba y simbolizó la niña bien que todo padre deseaba tener y la noviecita cándida camino al altar.

¡Santa patraña! –como diría Robin en estos tiempos de murciélagos–. Ya desde los 13 años los Ross la nutrían de drogas y alcohol; de vez en cuando John desfogaba su lujuria en la adolescente.

Patty tenía 12 años cuando ganó $32 mil en un programa televisivo, ancestro de las versiones modernas de ¿Quiere ser millonario? . Años después la niña tuvo que ir a declarar a una Comisión del Congreso norteamericano, porque este tipo de concursos estaban amañados.

De todo modos fue poco lo que disfrutó Duke de la plata, porque los Ross la esquilmaron hasta dejarla en la “tuza”, según contó en una ocasión la actriz en el programa de Oprah Winfrey, paño catódico de lágrimas que vive de estos dramas.

Tiempo de triunfo

Los cambios de carácter de Patty fueron atribuidos a los traumas derivados del abandono materno, el divorcio de sus padres, los abusos de sus “managers” y hasta la colección de cuatro maridos.

Pero la verdad nunca es tan sencilla. En realidad no sufría de depresión maníaco-depresiva, de anorexia, alcoholismo o farmaco-dependencia; ni era una loca que en un minuto estaba alegre y al otro triste o se arrancaba el pelo con un berrinche.

A los 36 años descubrió que padecía de trastorno bipolar y desde ese día dedica su vida a promover la salud mental, defender a los ancianos y contar su azarosa existencia.

Anna Marie Duke vino al mundo en Nueva York el 14 de diciembre de 1946, en un hogar convulso matizado por el alcoholismo de su padre, John Patrick Duke, y las violentas depresiones de su madre, Frances MacMahon.

Frances cargó con Patty y sus dos hermanos, Ray y Carol, tras echar de la casa a John.

Los niños afrontaron el abandono paterno e incluso Frances dejó tirada a Patty cuando tenía seis años; regresó dos años después y comenzó a promocionarla como actriz, para lo cual buscó a dos especialistas –John y Ethel– que manipularon sin sonrojo a la niña.

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En su biografía, Call Me Anna , la estrella describió como le cambiaron el nombre, inflaron el curriculum y le buscaron papeles de lo que fuera en noveluchas, anuncios y concursos del tipo The $64,000 question .

Un día Ethel la llamó y le dijo “Anna Marie está muerta. Ahora eres Patty”; así, sin anestesia adquirió el apelativo con que llegaría al estrellato, pero le causaría muchos trastornos de identidad.

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Los Ross apretaron la soga y exigieron que Patty viviera con ellos. Restringieron las visitas maternas, Frances solo llegaba a la casa de los Ross para coserle la ropa a la hija y lo hacía por la puerta de la servidumbre. El control era tan absoluto que cuando Patty iba al baño, debía dejar la puerta abierta.

Con El milagro de Anna Sullivan inició su carrera en el teatro; de ahí pasó a la versión cinematográfica en 1962 y lo demás fue coser y cantar. La sombra de los Ross volvió a gravitar sobre Patty, al impedir que su familia la acompañara a recibir el Óscar.

El éxito le trajo un nuevo contrato para el Show de Patty Duke , y como debía interpretar dos papeles trabajaba el doble, ya que Nueva York carecía de leyes que regularan –¡en 1963!– el trabajo infantil.

La maquinaria comercial hizo carne picada con Patty y sacó al mercado juegos de mesa, muñequitas de papel, libros de cuentos, rompecabezas, carteritas, vestimentas y cuanto objeto pudiera llevar impreso el nombre de la estrella. Hasta grabó dos piezas sin saber cantar y en 1965 se ubicaron entre las 40 más escuchadas en Estados Unidos: Don’t Just Stand There y Say Something Funny .

Pero como el corazón no conoce de razones, las hormonas de Patty le abrieron la puerta de la celda en que la tenían los Ross, para deslizarse desde los 18 años en una pendiente de relaciones románticas, cada una más errática que la anterior.

A esa edad rompió con sus carceleros, descubrió que habían derrochado su fortuna y no sabía si el público la aceptaría en sus nuevos papeles de adulta.

El milagro de Anna

En los estudios de televisión Patty conoció al cineasta Harry Falk, 12 años mayor que ella. Los Ross no autorizaron el noviazgo y se llevaron el programa a California, pero el enamorado –como un Pepe Le Pew– la siguió y la conquistó.

En Los Ángeles Duke filmó, en solo 15 horas, un bodrio llamado Billie que le exigió cortarse el cabello como un chavalillo, cantar y correr por una pista como una poseída.

Apenas acabó el filme se fue a vivir con Harry e intentó comportarse como una ama de casa, pero las depresiones y cambios de humor derrumbaron el matrimonio y este colapsó, cuatro años después, en 1970. Previamente hubo un intento de suicidio con una sobredosis de fármacos.

Soltera, con una carrera en ascenso y libre de los Ross se lanzó sin paracaídas en el abismo sentimental de Hollywood; la recibió entre sus brazos Desi Arnaz Jr., el hijito mimado de la incombustible Lucille Ball que frisaba los 17 años pero era un auténtico “latin lover”, nacido con una cuchara de oro en la boca.

Los tiburones periodísticos olieron la sangre y cayeron sobre los tortolitos; armaron un escándalo mediático por la diferencia de edades y sobre todo la alcurnia farandulera del cubanito dorado. Al final pudo más Lucille y el niñito hizo caso.

La morriña le duró poco. Inició un doble romance con John Astin y el promotor de roqueros Michael Tell; meses después descubrió que estaba embarazada y entró en una fase maníaco-depresiva al no saber si Desi, John o Michael era el padre de su primer hijo: Sean.

Cuando su padre alcohólico murió,  tenían 10 años sin verse. Ella, con 17 años, asistió al funeral disfrazada de actriz.

Los perros rabiosos de la prensa sacudieron a Patty como un hueso sanguinolento; inventaron historias pestilentes y esta –desesperada– se casó con Michael y solo duró 13 días. El matrimonio fue anulado porque no se consumó, si bien una prueba genética –de 1994– demostró que el roquero era el progenitor de Sean.

Una vez que pasó el chaparrón se casó con Astin; con él tuvo a Mackenzie y adoptó a los tres hijos de John: David, Tom y Allan. La troupé viajó por Estados Unidos, pero la presión de cuidar a cinco hijos, un marido y una carrera acicatearon los desórdenes mentales de Patty.

“Hubo momentos maravillosos, pero de nuevo, todavía no estaba listo para casarme con nadie”, comentó Patty para explicar la causa de su nuevo divorcio en 1985.

A su nuevo marido, Michael Pearce, lo conoció en el set de Time for Triumph . Él tenía dos hijas que se integraron al clan anterior.

Los vaivenes emocionales escondían el trastorno bipolar que aserraba la vida de Patty y la estrujaba como una boa. Tras varias consultas médicas inició un eficaz tratamiento con litio, grabó una biografía, escribió dos libros de memorias, filmó más películas y exorcizó sus demonios, uno de ellos reconciliarse con su madre Frances.

Ahora Patty vive en Idaho y después de haber sufrido lo sufrido, y de haber llorado lo llorado, comprendió –como en el poema– “que no se goza bien de lo gozado, sino después de haberlo padecido” .

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