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Página Negra de Nancy Spungen y Sid Vicious: La musa nauseabunda

Actualizado el 25 de febrero de 2017 a las 11:55 pm

Fanática obsesiva o oportunista calculadora. Ni una cosa ni la otra, solo una joven desquiciada que selló un pacto de navajas con el destructivo ícono del punk rock

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Página Negra de Nancy Spungen y Sid Vicious: La musa nauseabunda

Cuando despertó, el cadáver todavía estaba ahí. Lugar: Habitación 100 del hotel Chelsea. Nueva York. Hora: desconocida. Fecha: 12 de octubre de 1978. Edad: 20 años. Oficio: exprostituta, groupie , adicta. Nombre: Nancy Spungen. Apodo: La nauseabunda.

¿Quién la mató? En principio un chapucero. La noche del crimen ella y su novio, el músico inglés Sid Vicious, se empacharon de drogas y quedaron como toronjas rellenas.

Alguien le abrió el vientre con un puñal y Nancy se arrastró desde la cama al baño. Estaba tan “empanzada” por los narcóticos que ni siquiera supo lo que le pasó. Murió desangrada.

La policía interrogó a Sid pero este no tenía la menor idea de lo que ocurrió. Ni siquiera recordaba quién era él. Lo dejaron libre porque a fin de cuentas era el famoso bajista punk de los Sex Pistol y cargado de billetes para acallar las conciencias necesarias.

Nancy era nadie. Sus padres, Frank y Deborah Spungen, la vieron por primera vez el 28 de febrero de 1958 y la criaron en Pennsylvania. Nació de ocho meses y sufrió cianosis.

Lo que vino después fue de locos. Desde niña tuvo un comportamiento violento con sus hermanos, Susan y David, a los que vapuleaba hasta por un quitáme-esa-paja-del-ojo.

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Página Negra de Nancy Spungen y Sid Vicious: La musa nauseabunda

Intentó, sin suerte, matar a la niñera y amenazó a su madre con partirle la cabeza con un martillo. A los 11 años la echaron de la escuela y de ahí a los 17 años intentó suicidarse al menos en cuatro ocasiones.

Padeció severas depresiones, estuvo internada en un asilo para adolescentes agresivos y a los 18 años huyó del hogar paterno; acabó en la calles y vivió de su cuerpo.

En medio de los parias encontró su vocación: groupie . Siguió algunos grupillos de pseudoartistas y marchó a Londres, donde conectó con los Sex Pistol y acabó “encamada” con Sid, la horma de su zapato.

Si Nancy estaba volada y rayada Sid aún más. Este era un inglés –pero no un gentleman victoriano– sino una creatura escapada de la pandilla de Fagin, el arquetipo del fascineroso de las novelas de Charles Dickens.

La madre era traficante y él, de niño, asaltó y vendió drogas a los ancianos en Ibiza, España. En sus arranques de “mea culpa” se flagelaba, se hacía cortes en la piel y se golpeaba la cabeza contra las paredes. En realidad tenía un pie en la demencia y el otro en la locura total.

Ambos compartieron heroína, golpizas, ofensas y arrumacos teñidos de besos, abrazos y sexo en público. Nancy era una intragable; en poco tiempo, verla y odiarla fue uno.

Detrás de ellos iba siempre una jauría de fotógrafos, sedienta de captar las imágenes de aquella pareja maldita. Vivían sin dogmas, anclados en un presente perpetuo; con la moral de una comadreja y dispuestos a destruir todos los moldes sociales.

Tal vez ninguno quiso al otro, o quizás se amaban mucho. ¿Quién lo puede saber?

Pareja maldita

Nancy era una groupie profesional, su trabajo consistía en identificar roqueros, o lo que más se pareciera a eso, y enfilarse hacia ellos para terminar compartiendo su lecho.

Anduvo tras los huesos de Richard Hell, el pionero del punk rock con el grupo Heartbreakers. En busca de nuevos mercados viajó a Londres, con la vaga esperanza de conocer a Johnny Rotten, el cerebral líder de Sex Pistols.

Rotten era más feo que una gangrena. Ojos saltados como huevos duros. Usaba el pelo color naranja, escupía, torcía el rostro de manera grotesca y repulsiva. Intentó meterse entre sus sábanas, pero este le rugió que a los punk el sexo les parecía asqueroso y el amor era una estupidez.

Pero Spungen no daba pieza por perdida y concentró sus esfuerzos en Sid, que a la par del otro era un Adonis. Tenía un cuerpo famélico y cuajado de cicatrices autoinflingidas con metódica maldad. Destacaba en la banda por sus bailes frenéticos, que convulsionaron los años 80 y fueron la marca distintiva en sus conciertos.

Con tal de enganchar a Sid recurrió a un nuevo filtro de amor: la heroína. Eso y los encantos carnales de Nancy hundieron más a Vicious, y los dos creyeron que serían como dioses. Por primera vez ella encontró alguien que la quiso en serio, la cuidó y le dio un lugar en su vida

El resto de la banda, incluido el mánager Malcom McLaren, la culpó de todas las desgracias; la tensión creció y la pareja decidió buscar otros aires. Se fueron a Estados Unidos y Sid probó como solista.

A los 20 años Vicious era incapaz de memorizar dos palabras seguidas; saltaron de hotel en hotel y el proyecto fracasó. Iban hacia la autodestrucción.

Como buenos “yonkies” hicieron un pacto suicida, primero ella y después él. Hasta aquí llegan las especulaciones porque nadie sabe qué ocurrió en aquel hotel neoyorquino.

Unos dicen que Nancy, enloquecida por la fama, tomó la cuchilla suiza de Sid y se hizo un tajo en la barriga, con la esperanza de que este la socorriera. Otros aseguran que fue un ajuste de cuentas y que la pelandusca sacó la casta y pagó con sus vísceras.

El cineasta Alan G. Parker produjo el documental ¿Quién mató a Nancy? , en el que exculpa a Sid y aduce que fue un sicario desconocido, un tal Michael, que les robó $24 mil.

Meses después, el 2 de febrero de 1979, Vicious falleció de una brutal sobredosis, administrada por su propia mamá.

El tiempo pasó como un relámpago y la vida como un carnaval. Nancy y Sid vivieron sin límite alguno. La droga y la locura conducían su existencia. ¿Sería esto vivir?

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