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Página Negra: Kenneth Anger, el hermano menor del diablo

Actualizado el 16 de julio de 2017 a las 12:00 am

Cineasta cuya vida es más atractiva que su obra; su primera película lo mandó a la cárcel por obsceno; en venganza contra sus enemigos de Hollywood aireó las cloacas del cine

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Kenneth Anger. (Archivo)

Con la camisa abierta hasta el ombligo deja ver un enorme tatuaje de Lucifer, que le cubre todo el pecho. Iconoclasta y autoproclamado embajador del satanismo, se convirtió en un apestado al revelar las miasmas bajo el glamur de Hollywood.

A sus 90 años es un “rosquete” venido a menos; bien conocido por sus polémicas películas plagadas de fetichismo, homosexualidad y sadomaquismo, además de su obsesión por la obra y la vida del brujo inglés Aleister Crowley.

Cegado por el odio contra quienes lo fumigaron de la meca del cine, Kenneth Anger publicó todas las miserias, reales o inventadas, de los más conspicuos personajes del celuloide.

La primera edición de Hollywood Babilonia , de 1959, fue prohibida dos días después de publicarse. En esta, y en la segunda parte, contó con pelos y señales –sin asco y ni una pizca de adoración– las orgías de heroína, borracheras, demencias, asesinatos, perversiones y escándalos de las estrellas “del boulevard de los sueños rotos”, maquillados por la prensa, la policía y los productores.

Ese era otro Hollywood, no como el de ahora con estrellitas de papel couché . Aunque por esos días todo se valía, Kenneth debió de andar de puntillas porque ser homosexual, era como padecer viruela.

Casi toda la producción fílmica de Anger giró en torno al movimiento “QueerCore” o “Homocore”, una subcultura gay surgida al alero del rock a mediados de los años 80 del siglo XX.

Debido a sus filmes, de temática homosexual y satánica, huyó a Francia acusado de “escándalo público”; ahí trabó amistad con Jean Cocteau, otro espécimen igual a él.

En la añeja Europa fue protegido y compañero del sexólogo Alfred Kinsey y padrino de Zeena Schreck, hija de Anton Lavey, fundador de la Iglesia de Lucifer. Y como Kenneth no le arrugaba la cara a nada fue novio de Tennessee Williams y amante de Paul Getty, el excéntrico archimillonario.

Al sexólogo le vendió una copia de Fireworks , su primera y polémica cinta de 1947. Kinsey lo entrevistó para su libro El comportamiento sexual en el hombre , y andaba a la caza de obras extrañas para su colección de la Universidad de Indiana.

Esta alucinante pieza fílmica, y anticipo de los videoclips, trata de un joven sodomizado por un grupo de marineros, un tema insólito para esa época; algunos expertos la consideran la primera obra de cine gay. El mismo Anger, con 17 años, interpretó al mancebo y acabó en la prisión por obscenidad.

Su ópera prima, Scorpio Rising de 1963, es un ejercicio de provocación. Trata de unos nazis motorizados, recontra-homosexuales, con unos cuerpos apolíneos, embutidos en trajes de cuero rebosando lujuria en medio de imágenes de Marlon Brando, Adolfo Hitler y hasta Jesucristo. Todo eso aderezado con música de Phil Spector, Elvis Presley y Ricky Nelson.

Kenneth Anger. (Archivo)

El conejo en la luna. A los nueve años Kenneth debutó en el cine; fue uno de esos niños actores que pululaban en los viejos estudios hollywoodenses. Es más conocida su obra que su vida, salvo que nació en Santa Mónica, California, el 3 de febrero de 1917.

De ahí en más todo es un misterio plagado de obsesiones. Una de ellas es el satanismo. Muy joven quedó impactado por las teorías del brujo ocultista Aleister Crowley y realizó varios cortos sobre sus ocurrencias.

En 1965 produjo Kustom Kar Kommandos , un “clip” de tres minutos que causó escozor por sus siglas: KKK. La Fundación Ford le donó $10.000, pero Anger gastó el dinero en cuestiones personales; cuando quiso filmarla estaba sin un centavo, solo le alcanzó la plata para grabar tres minutos.

Seguiría en 1969 con Invocación de mi demonio guardián , cuya banda sonora fue compuesta por otro diabólico apasionado: Mick Jagger. Como no podía ser de otra manera, Lavey interpretó al diablo.

Esa pasión estuvo a punto de meterlo en una buena torta. En los 70 filmó Lucifer Rising en un templo celta de la Selva Negra, que perteneció a las juventudes hitlerianas.

Contrató al guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, para la música pero la mujer de Page le pidió que abandonara el proyecto, porque Anger le había lanzado una maldición.

Sin arrugarse contactó entonces a Bobby Beausoleil, que estaba en prisión por el asesinato de Gary Hinman, una de las víctimas del sacrificio ritual realizado por la pandilla de Charles Manson en la casa de Sharon Tate, en Los Ángeles.

A raíz de la disputa por la posesión de un saco de marihuana Bobby le robó la cinta original a Kenneth; este tuvo que volver a filmarla con otros actores. En venganza lo quiso convertir –sin éxito– en rana.

Tiempo después el cineasta declaró que en realidad para el papel de Lucifer quería a Vito, un niño de seis años, cuyos padres hippies le hicieron creer que podía volar y el pequeño se lanzó desde el techo de la casa.

El origen de la industria masiva del cine, el génesis del rock , la cultura pop y el crepúsculo de los dioses de Hollywood pasaron frente a Kenneth Anger, que lo vio todo a lo largo de 70 años de carrera.

Hombre de múltiples contradicciones; odiaba a muerte al ídolo Michael Jackson y deseaba que se le cayera la nariz falsa al cantante; igual amaba como un párvulo a Mickey Mouse, pero al que tenía rabo porque le parecía muy perverso.

Raro, maligno, demoníaco, son algunas de las advertencias lanzadas sobre quienes osan conocer a Kenneth Anger; una sombra en la fauna de la tierra de los polvos mágicos.

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