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Página Negra John Huston: El visitante del más allá

Actualizado el 12 de abril de 2014 a las 11:55 pm

Fue experto en nada y aprendiz de todo; destacó en todos los géneros cinematográficos; vivió para él, sin tasa ni medida, alejado de sus cinco esposas y de sus hijos.

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LatinStock/Corbis

Poeta de la verdad, vivió muchas vidas y murió mil veces. Borracho, mujeriego y pendenciero; clavó al tiempo con un arpón, se lo comió vivo y escupió sus huesos.

Fue el más aventurero de todos los directores y su vida bien pudo ser más atractiva que sus películas; llegó a viejo sin saber cómo. Igual que el capitán Ahab, persiguió hasta en sueños una ballena blanca y se hundió con ella en un piélago de alcohol.

Tenía unos ojos como platones, boca de chimpancé, nariz de coliflor y su aliento apestaba a whisky, porque nunca probó el agua, ni siquiera cuando lo bautizaron.

Sentado en una silla plegable, John Huston se acaricia el labio con el índice derecho, en actitud curiosa; si no fuera porque es una escultura de bronce pareciera que el director adelantará su pie izquierdo, para levantarse y gritar a los actores de La noche de la Iguana , una de sus óperas primas filmada en Puerto Vallarta, donde está la pieza artística.

En esta película reunió a cinco estrellas que en lugar de sangre tenían hidrógeno, por lo explosivo de sus temperamentos y las volcánicas relaciones de pareja que mantenían: Elizabeth Taylor, Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr y Sue Lyons.

Para controlarlas, relató Huston en sus memorias A libro abierto , le regaló a cada estrella una pistola dorada con cuatro balas de oro grabadas con el nombre de los otros. En caso de problemas se matarían entre ellos. Decenas de periodistas llegaron en manadas a la espera del tiroteo.

Así era Huston, irreemplazable: difícilmente habrá otro como él. “No era ni un perdedor, ni un maldito; tan solo alguien que siguió adelante buscando una nueva oportunidad para ser fiel a sí mismo”, escribió Carlos Heredero, en un ensayo biográfico sobre el cineasta.

Todo pasa...  los entonces figurones John Huston, Raquel Welch y Mae West posaron para la prensa en el año 1970, esto durante la promoción de una de sus películas.   |  AP
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Todo pasa... los entonces figurones John Huston, Raquel Welch y Mae West posaron para la prensa en el año 1970, esto durante la promoción de una de sus películas. | AP

Unos dicen que John carecía de estilo para dirigir, pero filmó más de 60 películas, obtuvo 14 nominaciones al Óscar tanto como director, guionista, actor; ganó dos estatuillas y casi nadie se precia de tener al lomo obras como: El halcón maltés ; El tesoro de la Sierra Madre ; La jungla de asfalto ; La Reina de África ; Moulin Rouge ; Solo Dios sabe ; El Cardenal ; El hombre que pudo reinar ; El honor de los Prizzi y Los dublineses .

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Los envidiosos le cobran la dirección de La Biblia: in the beginning ; el clásico de Semana Santa en el cual representó a Dios, a Noé y a la Serpiente en El Paraíso… ¡Casi nada…!

Huston no era un “calientabancas” pero hizo una obra teológica, que sin estar apegada al relato sagrado punza al espectador para que reflexione en un Dios que creó el Universo y a los hombres y como estos se le salieron del canasto. La cinta está enfocada en los primeros capítulos de El Génesis y dispuso de un reparto de lujo: Ava Gardner, Richard Harris, Franco Nero y Peter O’Toole, entre los más reconocidos.

Cuando Abraham elevó el puñal para clavarlo en las entrañas de su hijo Isaac y parecía que todo terminaba, tronó en el cielo una voz divina –Huston en este caso– para detener al Patriarca y hacerle una Promesa: que cuando todo parece acabarse, viene lo mejor por parte de Dios.

Vida rebelde

Cada noche – en su casa en Puerto Vallarta– el cazador que latía en su corazón observaba los rastros que dejaban en el jardín los animales salvajes: coatíes, zarigüeyas, ciervos, jabalíes, ocelotes y jaguares. Al amanecer seguía con su mirada las bandadas de pericos frenéticos, los pelícanos, las ballenas de panza blanca y el proceloso mar que se batía en retirada, tras chocar con los riscos.

Su hija Anjelica, en una entrevista a la cadena TCM, con ocasión del centenario del nacimiento de su padre, el 5 de agosto de 1906 en Nevada, lo recordó así: “terriblemente atractivo sin ser guapo; junto a Humphrey Bogart se inmunizó con alcohol contra los mosquitos en África…y se esforzó porque sus hijos no tuvieran miedo”.

John tenía siete años cuando sus padres, el reconocido actor Walter Huston y la periodista Rhae Gore, se divorciaron; el niño creció con la abuela, pero mantuvo un fuerte lazo afectivo con el papá.

Creció en un ambiente esquizofrénico; por un lado las pistas deportivas adonde su madre lo llevaba; por otro, los vodeviles en que su padre figuraba.

En su biografía Huston rescató muchas anécdotas de su niñez, como las del abuelo materno que dejó abandonada a la esposa y murió aferrado a una botella de licor. Su tía Margaret era una soprano que cantó con Enrico Caruso e impartió clases de dicción a Lilian Gish, John Barrymore y Orson Welles. El tío Alec se pasó de excéntrico; Nan era la pariente más convencional.

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El progenitor Walter fue amigo del Presidente Franklin D. Roosevelt, Arturo Toscanini y Spencer Tracy. Desde pequeño probó la actuación; se unió a compañías teatrales ambulantes. Estudió ingeniería pero nunca ejerció esa profesión.

Con Sherman, su amigo de infancia, fabricó explosivos para volar embarcaderos. Charlie y Harold le enseñaron a boxear; con ellos armó una pandilla de camorreros que peleaban por cinco dólares de premio. En su juventud alcanzó el campeonato juvenil amateur , ganó 22 de 25 combates y como recuerdo le quedó una nariz torcida y aplastada.

Ya viejo, una noche, protagonizó con Errol Flynn una trifulca; se dieron de moquetes durante una hora y terminaron en el hospital, cada uno peor que el otro. En una de las cinco películas que filmó con Bogart, le agarró la nariz al actor, se la retorció y casi se la arranca.

Fracasó en todo lo que intentó, menos en el cine. Periodista frustrado en el periódico de la mamá, novelista, agregado militar en el ejército mexicano, criador de caballos, cazador impenitente, coleccionista de arte, vivió en París como pintor callejero y a los 19 años ya tenía esposa, Dorothy Harvey, pero solo duró un año.

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Irlandés de cepa, él y sus amigotes Barry Fitzgerald y Bogart estuvieron a punto estuvo de agotar la reserva etílica del planeta.

Cerca del final apostilló: “Tengo tendencia a envidiar al hombre que ha protagonizado solo una vida, con un solo trabajo, una sola esposa, en un solo país, bajo un solo Dios. Puede que no sea una vida excitante, pero al menos cuando tiene 73 años, él sabe que los tiene”.

Halcón del cine

Prefirió ser la cigarra y no la hormiga. Huston llegó a decir que su vida se componía de episodios fortuitos, tangenciales y dispares. Tuvo cinco esposas, sorteó innumerables enredos, careció de continuidad en su trabajo, tampoco encontró un ápice de coherencia en sus matrimonios y fue un padre a la distancia.

Ninguna de sus esposas fue igual a la otra, y tampoco parecidas a su madre. Se casó con una colegiala, una dama, una actriz de cine, una bailarina y una cocodrilo, contó John en sus memorias.

Mientras estuvo casado con Lesley Black, en 1937, sostuvo un affaire con la activista neoyorquina Marietta FitzGerald a quien algunos consideran el verdadero amor del cineasta.

El tercer matrimonio fue con Evelyn Keyes, una actriz que siempre escogió al hombre del momento, en el momento oportuno. Ambos adoptaron a Pablo, un niño mexicano.

Con su esposa Enrica Soma tuvo dos hijos: Anjelica y Walter Anthony. A la familia se unió Allegra, fruto de un amorío extraconyugal de Soma. Enrica fue una modelo y bailarina italiana de enormes ojos verdes, simpática, sensible, una auténtica madona. Murió a los 40 años en un accidente vial en Francia.

Su última esposa fue Celeste Shane, a quien Huston le estampó el apodo de “mujer cocodrilo”.

La prole de Huston mamó las ubres del celuloide. Anjelica ganó el Óscar, dirigida por su padre, con El honor de los Prizzi . Anthony escribió el guion de Los dublineses y su hijo Jack Houston interpretó a Royce King II en la saga de Crepúsculo . Allegra fue la asistente de producción en Evasión o Victoria . El bastardo –Danny– que tuvo con Zoe Zallis, la esclava Agar en La Biblia , actuó como piloto en la cinta El aviador .

La carrera fílmica de Huston empezó en Broadway pero apenas ganaba para pagar las deudas en la cantina. Probó como extra en el cine mudo y su padre lo conectó con el director William Wyler; pasó toda la década de los años 30 escribiendo guiones .

En 1942 los hermanos Warner le confiaron la filmación de El halcón maltés ; con un presupuesto miserable logró la primera obra maestra del cine negro y montó una galería personal de tipos rudos, humanos y verosímiles, quienes representaban una sociedad que bamboleaba entre la derrota y el deseo de vivir a cualquier precio.

“Claro que soy respetable. Soy viejo. Los políticos, los edificios públicos y las putas se hacen respetables si duran lo suficiente”.

Aprovechó la II Guerra Mundial para producir varios documentales y regresó a Hollywood para plasmar en el celuloide la amistad, la derrota, el mundo viril, el sentido del humor y la crítica mordaz a las instituciones americanas. Paseó su genio por todos los géneros cinematográficos: western , melodrama, cine bélico, histórico, biografías y aventuras.

Filmó Reflejos en un corazón dorado , una película maldita que trató –en 1967– las relaciones homosexuales entre un celoso capitán del ejército y un recluta enamorado de su esposa; en un ambiente de sexo, traición y perversión.

John Huston fue un torrente desatado que cerró sus memorias con lo que haría si volviera a vivir: “Pasaría más tiempo con mis hijos; ganaría el dinero antes de gastármelo; aprendería los placeres del vino en lugar de los de las bebidas fuertes; no fumaría cuando tuviera pulmonía y no me casaría por quinta vez”.

Adicto por décadas al cigarrillo, terminó atado a una silla y a una bomba de oxígeno a causa del enfisema pulmonar que lo mató el 28 de agosto de 1987.

Puede ser que John Huston viviera muchas vidas, pero la única real estuvo hecha del mismo material que los sueños.

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