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Página Negra de Frida Kahlo: Mazorca triste de pelo negro

Actualizado el 11 de marzo de 2017 a las 11:55 pm

Halló en el arte una válvula para escapar de los intensos dolores físicos, herencia infantil de la poliomielitis y de un grave accidente que le partió el cuerpo y el alma

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Página Negra de Frida Kahlo: Mazorca triste de pelo negro

Era una paloma atada a un elefante. Fina como una mariposa, adorable como una sonrisa, implacable como la vida. Nunca pintó sus sueños, sino su realidad.

El Estado mexicano declaró su trabajo como patrimonio nacional, pero hay coleccionistas que poseen algunas piezas y las cuidan con celo.

Encarnó las ideas feministas en un país y un tiempo apenas simiente; provocó a la sociedad con sus desplantes sexuales y estuvo casada con un gigante egoísta: Diego Rivera.

Con óleos, dibujos, acuarelas, litografías, fotografías y frescos demostró su combativa militancia social, un feminismo feroz, su angustia interior, la muerte y la enfermedad de vivir; sus noches grandes y su tierra tan sola.

Plasmó sentimientos desgarradores. En Mi nacimiento da a luz a un niño muerto, una sábana la amortaja y la sangre mancha el blanco lecho. Exhibe a su familia en Mis abuelos, mis padres y yo , pero disimula su pierna atrofiada por la polio y pinta un autorretrato con una calavera en la frente porque está Pensando en la muerte , no la de otros, sino la suya.

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Página Negra de Frida Kahlo: Mazorca triste de pelo negro

La vida de Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón es inseparable de su obra artística, solo que unos conocen la primera y se olvidan de la segunda, deslumbrados por la fuerte personalidad de una mujer que vivió abrazada a la cruz de su humanidad.

Quienes siguen su ruta artística, viajan con Frida a través de su existencia, sus problemas de salud, su tormentoso amor con el artista Rivera y el apego al México rebelde y mestizo.

En el autorretrato La columna rota , ella narró el dolor derivado del accidente de autobús que la postró en cama, la obligó a llevar un corsé y a sufrir terribles operaciones.

Los expertos afirman que la obra de Kahlo “refleja sus permanentes interrogantes acerca de la sexualidad, la diferencia sexual, la marginalidad, la identidad cultural, la subjetividad, la política y el poder”.

Frida nunca tuvo la intención de ser artista; comenzó a pintar autorretratos y retratos de familiares y amigos. Esas primeras obras las destruyó o se perdieron. Fernando Fernández, un respetado impresor, fue quien intuyó su talento y la contrató para copiar grabados y le enseñó a dibujar. En realidad, ella quería ser médico y estudiar ciencias naturales.

Las primeras pinturas que vendió fueron, por casualidad, al actor Edward G. Robinson que pagó $800 por cuatro cuadros; ahí fue cuando descubrió que podía obtener dinero por su trabajo y liberarse de Diego, un macho que la traía de rodillas con desplantes.

Doble Frida

Tenía 18 años. Iba al colegio con su novio, Alejandro. Subieron al autobús. Cuando despertó en el hospital le explicaron que un tranvía los embistió, mató a varios pasajeros y ella apareció debajo de los cadáveres, apresada entre hierros y latas. La confundieron con un muerto.

La columna le quedó fracturada en tres partes; tenía dos costillas partidas y la clavícula y el hueso pélvico hechos polvo. La pierna derecha machacada con 11 quebraduras; el pie derecho dislocado, el hombro izquierdo desprendido y el travesaño del bus la traspasó desde la cadera izquierda hasta la vagina.

Padeció 32 operaciones y usó corsés de acero para sujetar todos los huesos. En lugar de echarse a morir, pintó con más ahínco.

Desde la infancia la acompañó el dolor. Nació en Coyoacán, México, el 6 de julio de 1907, hija de Matilde Calderón y Wilhem Kahlo, de origen alemán. A los seis años contrajo poliomielitis y pasó nueve meses en cama; la pierna derecha le quedó cortita.

Lo del bus fue el primer accidente de su vida; el segundo sería conocer a Diego, amigo de la fotógrafa Tina Modotti. El muralista impresionó a la joven, aunque era gordo, feo, viejo y, peor aún –según la madre de Frida–, un comunista. El padre pensó diferente. Rivera tenía dinero y podía cargar con los elevados gastos médicos de la futura artista.

En 1929 se casaron y forjaron un extraño vínculo pegado con un poco de amor, muchas infidelidades mutuas, odios viscerales, un divorcio, un nuevo matrimonio, dos abortos y la incapacidad de concebir. De todos modos a Diego no le interesaba tener hijos.

Los deseos de Rivera carecían de límites. Este macho depredador sedujo a Cristina, hermana menor de Frida. Frida lo dejó y sostuvo una relación con el escultor Isamu Noguchi.

Pese a los maltratos y traiciones, la artista regresó con Diego, que, en lugar de mejorar, se volvió peor. Ella buscó consuelo en otros hombres y mujeres. Incluso la vincularon con León Trotski, enemigo de Josef Stalin y refugiado en México. Vivió en la casa de Frida y tuvieron un affaire .

Los dolores físicos crecieron con el tiempo y los soportó a punta de analgésicos.

A los 46 años le amputaron la pierna derecha y cayó en una severa depresión. Usaba una prótesis y a duras penas caminaba distancias cortas. A veces estaba eufórica y en otras triste, con ganas de suicidarse.

Un año después pescó una neumonía y el 13 de julio de 1954 una embolia pulmonar acabó con sus penas. Velaron el cuerpo en el Palacio de Bellas Artes, una bandera comunista –con la hoz y el martillo– cubrió su féretro. Después la cremaron y sus cenizas reposan en su hogar: la Casa Azul, en Coyoacán, que convirtieron en un museo.

Frida Kahlo esperó alegre la salida de este mundo, con la ilusión de jamás regresar.

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