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Página Negra Ella Fitzgerald: Caderas de culebra

Actualizado el 03 de enero de 2015 a las 11:55 pm

Considerada la Dama del Jazz por su estilo depurado, reinó en todos los géneros de la canción popular norteamericana, alcanzó la esquiva fama y una precaria salud la dejó ciega y sin piernas.

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(Archivo)

Mujer, negra y pobre. Salió de un reformatorio para ser la suma sacerdotisa de la canción popular norteamericana; su voz clara y precisa sentó cátedra en el swing , blues , escat, bossa nova , samba, gospel, calypso, canciones navideñas y pop.

Su primer salario fue un premio de $25 y cerró sus días –a los 79 años– en su mansión de Beverly Hills, California, con una herencia musical de 250 discos grabados y 13 premios Grammy.

Con solo 15 años ganó un concurso de canto en una noche de aficionados, en el teatro Apollo de Harlem y Chick Webb, baterista de una reputada orquesta, la acogió y la pulió como la estrella negra musical más luminosa del siglo XX: Ella Fitzgerald.

Ya desde sus inicios, en los años 30, mostró su elegancia, amplitud de repertorio y técnica vocal; por eso le endosaron el calificativo de “primera dama del jazz ”. Reinó por seis décadas y opacó a monstruos de la música del calibre de Duke Ellington, Cole Porter, Johnny Mercer, Louis Armstrong y Frank Sinatra.

Canción 'Summertime' de Ella Fitzgerald (YouTube)

Su primera grabación, Love & Kisses , data de 1935. Inició como solista, apenas un año después de ganar el certamen de novatos y lanzó su primer álbum llamado My Wubba Dolly .

Quienes la escucharon en esos días primigenios aseguraron que su voz era dulce y a veces ingenua e infantil, tal vez solo un poco menos intensa que la de Billie Holiday.

A los 24 años se casó con Berny Kornegay, un operario portuario con serios antecedentes penales. Se dio cuenta de su error y se divorció tres años después. Más tarde, a los 29 años, contrajo matrimonio con Ray Brown, bajista de la banda de Dizzy Gillespie, y tuvo a Ray, su único hijo, quien heredó el talento por el jazz .

En los años 60 un grave padecimiento la distanció del mundo artístico, pero en los 70 volvió por esos rumbos con su energía habitual. En 1985 ofreció un concierto en el Carnegie Hall, con ocasión del Kool Jazz Festival.

Comenzó a decaer físicamente. Ese año la internaron por problemas respiratorios, al siguiente por una insuficiencia cardíaca; en el 90 por agotamiento y en 1993, a causa de la diabetes, le amputaron las dos piernas por arriba de la rodilla. Al final quedó ciega.

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En el patio de su enorme casa pasó sus días postreros con su hijo Ray y su nieta Alice. Ella balbuceaba: “Solo quiero oler el aire, escuchar a los pájaros y oír la risa de Alice”.

Hello, Dolly

Drogas, prostitución, pobreza, discriminación. Ese fue el caldo en que se coció la vida de Ella Jane Fitzgerald, allá en Newport News, Virginia, un estado de rancia tradición esclavista donde los negros eran cosas, no personas.

Su padre William fue chofer y se divorció de la madre, Temperance, al poco tiempo de nacer Ella, el 25 de abril de 1917. Tempie, el apodo cariñoso de la mamá, se trasladó a Yonkers, Nueva York, donde conoció y convivió con Joseph Da Silva. Este haría de padrastro de la criatura y progenitor de Frances, la media hermana que nació en 1923.

Aunque en algunas biografías atribuyen a Joe abusar de Ella, en el sitio web de la cantante se ignora ese dato, tal vez porque ya es un lugar común cargar este sambenito a quien no puede defenderse.

Joe cavó zanjas, trabajó como chofer medio tiempo y Tempie lavó ropa y vendió comida para acarrear –entre los dos– dinero al hogar. La niña cantaba en la calle por unas monedas y fue mensajera de un corredor de apuestas.

El talante jovial de Ella le facilitó hacer amistades, sobre todo entre los hombres; con ellos solía jugar beisbol en las tardes. Bailaba y viajaba en tren a Harlem para asistir a los espectáculos del Teatro Apollo.

De niña imitaba a las Boswell Sisters y según contó fueron sus maestras de canto, porque apenas sonaban sus melodías en la radio improvisaba canciones con ellas.

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Tempie murió en un accidente vial y Ella, con 15 años, no pudo asimilar el impacto. Su tía Virginia la acogió un tiempo; Joe falleció de un ataque al corazón y el mundo se desplomó.

Dejó de estudiar, huyó de la escuela, se metió en problemas con las autoridades y terminó en un reformatorio. Ahí le recetaron palizas diarias y un día escapó, para encontrarse a sí misma.

Tanta tragedia en tan poco tiempo la hizo madurar y con los años esos recuerdos le ayudaron a ser más expresiva en sus interpretaciones, pues vivió el dolor y la frustración.

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Fuera del set era tímida y reservada. Sobre el escenario era ella y se sentía segura. Y de repente…se hizo famosa.

Con 21 años grabó A-Tisket, A-Tasket , una pieza infantil que vendió un millón de copias, y durante 17 semanas se mantuvo en el primer lugar de popularidad.

La muerte de Chick, su mentor, casi la derriba de nuevo. Se levantó y asumió las riendas de la banda

Gracias a su matrimonio con Ray Brown se conectó con el productor y director Norman Granz; este vio que Ella tenía el potencial para alcanzar el estrellato mundial y ambos iniciaron una relación profesional y amistosa que duró décadas.

A su amparo realizó incontables giras; compartió estudios y escenarios con los mitos de la canción norteamericana. “No sabía lo bien que sonaban nuestras canciones hasta que escuché a Ella cantarlas”, dijo una vez Ira Gershwin.

La fama la llevó a los programas de variedades televisivos y los más connotados presentadores se disputaban su presencia: Ed Sullivan, Dean Martin, Frank Sinatra, Bing Crosby y Dinah Shore.

Este trajín detonó su matrimonio con Ray y en 1952 se divorciaron, pero mantuvieron su amistad por muchos años. El dijo en una ocasión: “Todo lo que puedo decir es que ella me dio todo lo que pudo y me amó tanto como pudo”.

Fitzgerald enfrentó el repudio racial y siempre exigió un trato igualitario para ella y sus músicos. Granz nunca aceptó discriminaciones en los hoteles, salas de conciertos, restaurantes o cuando realizaron giras por el sur profundo de Estados Unidos, abiertamente racista.

Drogas, prostitución, pobreza, discriminación. Ese fue el caldo en que se coció la vida de Ella Jane Fitzgerald

A veces realizaba dos presentaciones diarias en diferentes ciudades a cientos de kilómetros de distancia. Eso afectó aún más su precaria salud y comenzó una seguidilla de males, que casi arruinan su carrera musical.

Fuera de su rol de artista Ella fue una mujer preocupada y ocupada por las necesidades de los niños; donó grandes cantidades de dinero a organizaciones de apoyo a jóvenes desamparados.

Por su gran labor social recibió, en 1987, la Medalla Nacional de las Artes; el gobierno francés la condecoró y varias universidades le concedieron doctorados honoríficos.

Fitzgerald abarcó todos los estilos musicales. Del swing pasó al bebop , siguió con el escat , una técnica de improvisación vocal sin letra y en la que llegó a obtener las máximas alturas de perfección.

Aquella niña negra y pobre, que bailaba al son de las melodías radiofónicas, que ciega y sin piernas camino sobre las líneas del pentagrama, paralizó con su muerte el mundo del jazz .

De su garganta salían las notas y se unían con el aire en un acto mágico, para unirse con el alma invisible del mundo..

Un atardecer, sentada en el jardín de su mansión, levantó la vista y sonrió. “Estoy lista para irme ahora” y se fue.

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