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Crítica de televisión: ¿Cómo está la vara?

Actualizado el 02 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Hay que innovar pero reflexionando

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Es un hecho que parte de crear una televisión novedosa que logre competir es la capacidad de innovar con propuestas nuevas que se separen de lo común, del estándar. Incluso acá en Costa Rica es un objetivo, con canales que mantiene un statu quo en realización y otros que se abocan a buscar nuevas fórmulas.

Presentador.  Choché Romano fue el anfitrión del programa.  Archivo
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Presentador. Choché Romano fue el anfitrión del programa. Archivo

Esta actividad creativa inherente al humano es loable y deseable. Sin embargo estas son prácticas que deben ejercerse desde dos aristas: una actitud divergente que movilice la creatividad y un pensamiento convergente que ampare las propuestas, las dote de un marco común y las haga sobre todo consumibles. Al final, un programa de televisión con dificultades de consumo es como un barco encallado: no va a ningún sitio.

¿Cómo está la vara? Programa de canal 9 que vagamente se puede catalogar como entrevista, fue dirigido en sus cinco ediciones por Bernardo Romano –mejor conocido como Choché– quien recibió a los candidatos presidenciables invitándolos a una suerte de juegos de casillas bautizado como Chochépolis, en que los candidatos avanzan a dados por un cuadrado con diversas casillas que abren posibles temáticas a discusión.

Esta fue una de las ofertas para campaña de As Media (canal 9) que muy acertada e intencionadamente buscó acercar poblaciones jóvenes a la campaña, aprovechando el eco que han tenido programas como Un Show de Huevos , El Garaje y el Noveno Piso ; donde aparentemente se ha incubado un grupo fiel de seguidores a algunas figuras del canal.

Para iniciar: Choché Romano no tiene el bagaje político ni el conocimiento de la realidad nacional para dirigir un programa de ese corte. Esto, sumado a la ligereza con la que se planteó la propuesta, dejó la apuesta en eso: un intento que no garantiza un marco para el consumo del público.

Discursivamente, por ejemplo, el primer día Romano descalificó la importancia del pasado –cuestionable o no– de los candidatos, lo cual vuelve el objetivo fútil, pues el candidato es integral. Uno no puede votar solamente por el presente del candidato, sus obras cuentan.

La elaboración de las preguntas al candidato mostraron desaciertos conceptuales. Se preguntó, por ejemplo, por un préstamo para jóvenes sin garantía o trabajo, con poco argumento sobre un caso conocido de la realidad nacional. ¿Ninis? ¿Emprendedores? ¿Asistencia social?

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Fue vacío, sin ensayo. Solo cinco minutos fueron suficientes para que la paratextualidad de la careta de entrada perdiera efectividad, sintiendo el tedio de no llegar a nada. El espectador no encontró puntos de giro –casillas realmente especiales– o nuevos discursos.

Romano nunca fue inquisidor, ni siquiera impidió que los candidatos recitaran fórmulas discursivas pues sus preguntas eran superficiales. Insisto: Romano no es el personaje para dirigir esto, pero tampoco parece que existiera una edición previa de la información.

Siendo una nueva propuesta, hubiese sido mucho más enriquecedor y entretenido que existiera reto. Darle vueltas al tablero es simplemente triste, todavía más pensando que era irrelevante si el candidato llegaba o no al final de juego pues no podía “perder”.

Desde el primer programa se desvió la relevancia del juego, presentando la conversación como lo productivo. Así se desacreditó el espacio, se excusó de previo: no importa si es bueno o malo, lo importante es hacerlo. Es un error de procedimiento, hacer y luego pensar.

Desde la forma. Canal nueve sigue buscando su propio estilo en realización. Algunos camarazos donde se notaba al staff, y una música que incesantemente buscaba un clímax que nunca llegó. Estos fueron los pecados técnicos más grandes en realización.

Mención aparte merece la ortografía plagada de errores y omisiones de las gráficas. Siendo un programa para jóvenes, es vital que la ortografía sea prístina, una televisora no puede emitir patrones idiomáticos deformadores.

La propuesta fue arriesgada y necesaria. Es deber de los canales de televisión llevar a los diversos públicos opciones informativas y de entretenimiento, sobre todo en formación política y opinión pública, pero es incuestionable de igual modo que esto debe producirse con una calidad que permita el consumo del producto, sin improvisar –habito común en la tele del país–, ensayando la propuesta, permitiendo una innovación integral.

Espero que la audiencia lo haya podido observar, que contraste su opinión con lo descrito. Sobre todo espero que el programa haya sido útil para los votantes jóvenes.

Dentro de cuatro años tendrán nuevamente una oportunidad de pulir este híbrido y acercarlo a esa propuesta de información y entretenimiento que se muestra con potencial.

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