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Crítica de televisión: Miss Universo

Actualizado el 22 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

Poco puede achacarse a un evento realizado tan prístinamente, exceptuando el error del cierre

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Es probable que solamente otros eventos comparables en magnitud tengan una producción y realización tan fina, coordinada y sofisticada como Miss Universo. Fuera de los Óscar y los Globos de Oro, difícilmente logra uno ver un evento con resultado similar a la edición 64 del concurso.

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Sin objeciones sobre los concursos de belleza, es posible disfrutar una transmisión como pocas veces tenemos chance.

Fuera del garrafal error al cierre –incidente para el que pocas producciones podrían prepararse– el evento tuvo un desempeño audiovisual notable.

La técnica. Lo más destacado fue un juego de pantallas de fondo en un arreglo poco convencional en que generan animaciones, creando una atmósfera poco probable con otros métodos.

Por ejemplo, en la presentación de los artistas, estas pantallas mostraban escenarios diversos, cambiando la profundidad y estética de todo el set. De cascadas a pilares de manera muy sencilla, el acomodo físico favorecía un paralaje con perspectiva plausible con cada movimiento de cámara. Estos argumentos visuales difícilmente podemos verlos en nuestro país.

Paratextualidad. Algo muy destacado es cómo los grafismos están al servicio de la comunicación. La información pertinente a participantes se aposta en pantalla, además de estadísticas sobre la participación de algunos países en anteriores ediciones y el palmarés del concurso se mostraba en este recurso.

Las cápsulas funcionan como mantenimientos frescos, creativos y sencillos. Algunas cápsulas improvisaban momentos informales entre las participantes, quienes conversaban sobre gustos y vida.

Una improvisación tal vez ligera pero creativa de mostrar a las muchachas. Posiblemente, más provechoso para los verdaderos seguidores de este concurso.

Esta creación de materiales anexos –paratextuales- debe destacarse. Muestra cómo generar contenido adicional sin necesidad de recurrir a visitas o uso de patrocinadores, presentando historias propias de las participantes y algunos casos que no se cubren en la final.

Por ejemplo, con Miss Eslovenia, quien tuvo un accidente antes de la final y no pudo participar, con lo que mezclan muy bien la función documental trascendiendo el texto. Podrían acá probar estas fórmulas para renovar el concurso local.

Narrativa en set. La mixtura de presentaciones artísticas con la misma narrativa de concurso se torna acertadísima. El artista funge de cortina para introducir un desfile y posteriormente se mantiene en una mezcla donde interviene bloques junto con las muchachas desfilando.

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Este uso rompe mucho la división estructural y requiere un trabajo previo de producción que incluye las concursantes y al artista.

Un lenguaje televisivo pulido presentaba grandes desplazamientos con cámara subjetiva sobre la tarima principal –aumentando la sorpresa cuando anuncian finalistas– que cualquier canal del país se podría desear. Implica una lección clara de cómo el lenguaje audiovisual puede ser transgredido con gusto y preservando la estética, algo que nuestra pantalla nunca ha amarrado.

La salida de Trump de la organización parece haberle sentado bien al evento; no solo por la participación de organizaciones que aplazaron o retiraron el apoyo, sino por la conjunción de elementos vistos y cambios en la misma dinámica del concurso; índices técnicos que permite al evento ganar credibilidad y asentarse con fuerza a pesar de la equivocación de Steve Harvey.

Usualmente, la audiencia juzga un evento desde la lectura semántica, conjuntando la vivencia y narrativa. Este fue un evento con la medida justa de tiempo para que sea consumible y agradable, no pasa lento pero el televidente tiene noción lo que sucede.

Ojalá haya podido verlo desde su apreciación y juzgar usted mismo lo que le exponemos acá, desde un punto de vista más sintáctico, dejando de lado el error del cierre.

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