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Crítica de televisión: Corridas de toros

Actualizado el 30 de diciembre de 2013 a las 11:57 pm

Difícil de innovar, difícil de controlar

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Crítica de televisión: Corridas de toros

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Toreros improvisados, el 28 de diciembre, en Zapote. Fotografía: Pablo Montiel.

Leyendo algunos comentarios sobre la programación de final de año tan típica y florida en el país, un lector hacía hincapié en que El Chinamo es tan tradicional como los tamales. Personalmente, no podría concordar con ese postulado. Solo 13 años al aire no bastan.

Trato totalmente diferenciado merecen las corridas de toros, cuya transmisión suma ya décadas ininterrumpidas. Este evento ha evolucionado mucho a lo largo de los años, en todos los canales que se ha transmitido: Telecentro, Multivisión y recientemente Teletica, Repretel e incluso As Media.

Esto suma muchísima experiencia en el tipo de actividad, razón de más para que su parte técnica esté resuelta. Claramente, esto es una tradición. Hace al menos 25 años que recuerdo las transmisiones de toros. Existen generaciones de costarricenses que han crecido viendo los toros. Es una tradición mediática; difícilmente los canales renunciarían a este espectáculo.

Siempre existen puntos de mejora en cualquier actividad humana; la producción no es excepción. Sin embargo, el eje principal de las transmisiones de toros está dominado, desde el empotramiento de las cámaras hasta el manejo del cronograma del redondel.

Una de las mejoras que se han podido notar ha sido la incursión de las televisoras en la agenda dentro del redondel. Así hemos pasado claramente de un evento local transmitido por las televisoras a tener una mayor participación de las televisoras dentro del redondel, generando, junto con sus patrocinadores, dinámicas para el redondel como para la casa.

Esto es bueno; significa más toros y menos relleno. La agenda consensuada en el redondel es un logro en este tipo de transmisión.

Punto de mejora, preocupante y digno de conversar: El comentario técnico del mundo taurino ha sido sustituido por escuadrones de humoristas que generan una emisión diferenciada: video por un lado y audio por el otro. Así, las agendas que estos personajes llevan a la pantalla no siempre versan sobre los toros, sino sobre capítulos políticos y culturales del país.

Las transmisiones comienzan en un horario infantil –de las 6 a 18 horas–, luego de una pausa cruza el horario juvenil –18 a 20 horas– hasta el horario adulto –hasta las 6 horas del día siguiente–.

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Esto es importante, pues siempre reina un tono demasiado burlesco en el humor. Por ejemplo, El Porcionzón: él logró hacer chistes sobre la pensión alimentaria con poca sensibilidad ante la posición de la mujer. Esto para la calle puede ser tolerable, pero para la tele abierta es más bien un lastre social; es decir, no podemos aspirar a ser un mejor país si la tele se encarga ridiculizar temas relevantes como la pensión alimentaria.

Esto es algo que debe verse, las calles son algo muy distinto a la palestra de la televisión; no podemos tener pachotadas replicándose en la televisión.

Pasadas las 9 p. m., las rutinas se vuelven pasadas de tono; si recordamos que el horario para contenido adulto empieza a las 10 p. m. esto debería y podría controlarse por parte de la producción.

La Ley N°7440 establece la regulación, pero parece incapaz de alcanzar estos espacios. Sumado a eso podemos tener dos escenarios más: una producción que avala la omisión de la regulación o que la desconoce. Los ejemplos son muchos para consistir en un simple error.

Pensar que los niños no cruzan ese horario – los toros son un entretenimiento familiar desde hace décadas– es inocente u omitir la regulación contituye un ejercicio irresponsable de la profesión. Nota aparte merece el hecho de que en transmisiones que cruzan el horario juvenil a adulto pocas veces se hace la advertencia que la ley exige.

Así pues, espero que el televidente lo haya podido constatar, que generara la guía que como padre le corresponde, así la tradición no se pierde y, al menos en la casa, se hace un ejercicio responsable con los menores.

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