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Crítica de televisión: ¿Quién quiere ser millonario? y el Día del Amor y la Amistad

Actualizado el 21 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Cuando la creatividad cambia la promesa del programa

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Crítica de televisión: ¿Quién quiere ser millonario? y el Día del Amor y la Amistad

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El pasado martes, el público pudo ver la primera emisión de la cuarta temporada de ¿Quién quiere ser millonario? Este programa vuelve con pocos cambios, pequeñas mejoras para renovar el interés. Su formato es tan reconocido en el mundo que duele ver como Teletica estrenó la nueva entrega.

¿Quién quiere ser millonario? es capaz de generar un interés particular y fuerte con su estructura: preguntas recompensadas con dinero. Tiene lo necesario para atraer al público. Desconocidos sufren la congoja de no saber las respuestas perdiendo el dinero o héroes que arrasan con todo. Un drama en otro formato, lo mejor es que también construye fundamentos positivos en la audiencia.

Esta nueva temporada y su estreno cercano al Día de los Enamorados justificó, según la producción, una idea que vieron cautivadora: invitar parejas de conocidos; ellos donarían sus ganancias a la acción social. Muy loable, pero ver a Carlos Álvarez en el show podría ser demasiado con sus recurrentes participaciones en El chinamo y el Verano toreado . El cambio en el formato a ese punto pudo ser sostenible, realmente solo se tenía a dos personas actuando en conjunto en vez de una.

Más cambios. En medio de una respuesta, una voz en off interrumpe a los Álvarez y les sopla pistas. Santos presenta la novedad: Nancy Dobles, pareja actual de Santos. A partir de este punto, el programa se convirtió en algo distinto: un intercambio realmente meloso entre los copresentadores, oportuno para una revista matutina, pero no para un programa cuyo contrato se estableció con la audiencia desde el 2009. En el espacio, hay charla y camaradería.

Lo que se vio el martes no corresponde al tono común aceptado por la audiencia, no es lo esperado de ese espacio. Algunos comentarios fueron tan pícaros que Nancy dijo que en el corte comercial iba a “retocar” a Ignacio, refiriéndose a su maquillaje. La réplica fue inevitable.

¿Por qué el Día del Amor y la Amistad tiene que cambiar el paradigma del programa? ¿Por qué existe esa maña en canal 7 de darle improvisados vuelcos a los exitosos formatos que adquieren? Una prueba de la disonancia de Nancy en el formato es, precisamente, que luego de su salida, la segunda pareja vivió una experiencia más acorde al común del show .

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En preproducción pensaron cómo innovar y hacer algo interesante para reincorporar el show en los hogares, pero nuevamente tomaron una decisión recurrente, incorporar fichas propias en facetas que alteran el acuerdo tácito entre audiencia y programa. Siempre existen puntos de mejora en producción, pero aquí se aplica el dicho: si no está roto, no lo arreglen.

Debe entenderse que existen diversas audiencias, no existe solo un público. En ocasiones, ese público referencial sobre el que se toman las decisiones se gratifica con la participación de figuras que reconoce, pero las audiencias son tan variadas que existen quienes son atraídos por el formato, no por Santos; cuando el formato cambia, la promesa se rompe. No hace falta barnizar el show con nada ajeno a la promesa ya establecida.

Esta temporada, el tope del premio es de ¢30 millones, se estrenó un nuevo comodín donde el público del estudio puede cooperar y ganar. Aparte de eso, la producción promete a la audiencia en la casa participar y ganar dinero en las próximas entregas. Innovaciones que habrá que valorar sin ese componente creativo del martes. Lo invito a que vea el programa normal y forme su juicio sobre la nueva entrega del show .

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