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Crítica de televisión: Combate  Costa Rica y la casa de Guanto

Actualizado el 12 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Telerrealidad La ausencia semanal de un guion y congruencia en producción

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Crítica de televisión: Combate  Costa Rica y la casa de Guanto

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Combate tiene mucho tiempo creando una dicotomía en la tele nacional, con detractores y admiradores por igual. Recién encontró un clímax en el final de una poco identificable temporada de 21 meses. Esta propuesta mantuvo una transmisión de 25 horas 5 días de la semana, en una práctica muy similar al fenecido Big Brother ; la referencia era clara. ¿Cuán acertada fue la práctica?

El primer punto a resaltar: la diferencia entre lo real y lo inducido. Las dinámicas más sinceras fueron no planificadas. La madrugada del jueves los muchachos se robaron el micrófono para imitar al Jefe –emulación del Big Brother –.  La camaradería y sinceridad se plasmaba, era verdadera. Sin embargo, a la mañana siguiente, la respuesta creada por la producción fue un disparate: exigió que se personificaran entre ellos, desde un histrionismo que no poseen. Lo real sacado de patrones sociales y convencionales contrastó con eventos ficticios y acartonados que la producción trató de forzar.

Muestran un guion ocurrente, no planeado. Estas actividades se deben planear, no  enarbolar  el potencial de improvisación, sino dirigir las situaciones humanas al límite de lo moral  y social. Esto es lo que hace el reality show como género y es justamente lo que no hace Combate , dejando el guion sumamente abierto a voluntad de los participantes.

La ausencia de un guion estructurado en la casa de Guanto forzaba a los combatientes a entretenerse con improvisados juegos como Cultura chupística , sin alcohol. Esta deficiencia en  la construcción propuesta no permite entregar un programa entretenido.

Existía mucha pachotada. En las madrugadas se entablaba una camarilla entre técnicos y combatientes que existe en la vida real, pero que no debería existir en la pantalla. La telerrealidad exige la menor intervención del staff . Una pijamada de participantes con los técnicos involucrados en la actividad deslegitima la producción.

Las malas palabras y hechos cuestionables no podían controlarse al ser una emisión de 24 horas continua; sin embargo, abre la puerta al debate de restricción de horarios en la televisión abierta. Este esquema funciona en cable, vendido en plataformas pay per view ; ya que se llevan a la audiencia de pago hacia esas estructuras comerciales desde la televisión abierta, donde se hacen resúmenes, que son controlables, censurando lenguaje incorrecto y comportamiento no deseado en un horario abierto.

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Este formato bien realizado desde una posición más limpia –sin relación con Combate –, podría ser demoledora e inspiradora. Sin embargo, la falta de responsabilidad por entregar un producto más realizado hace que Combate no mime a su audiencia. No dudo que los muchachos sientan el peso y una responsabilidad de estar ahí, pero definitivamente ese peso no llega a la audiencia. No se siente real.

Hay una confusión desde los principales personajes ficticios del programa, entre Guanto y el Jefe, que realmente ocupan una posición similar de predominación. Aparte la posición del Jefe es sumamente socializada, voz que increpa, pero también entra en discusiones con los combatientes, brinda soluciones antojadas y disparatas. Esto elimina el nivel superior de intromisión de lo que es el Gran Hermano en sí, el ojo en el cielo.

Parece que la repercusión de Big Brother caló hondo en la producción y administración de Repretel, de modo tan romántico que permea mucho su visión de un reality show . La pregunta que resulta pertinente es si mezclar la figura del encierro es adecuado para solventar el final de temporada de un programa que poco tiene que ver con esta fórmula. ¿Qué cree usted?

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