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Actualizado el 14 de octubre de 2011 a las 12:00 am

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Crítica de televisión Golpe. Esta semana, la imagen más comentada de nuestra tele ha sido el atropello que recibió el periodista Andrés Martínez, por parte de un colaborador de Laura Chinchilla. El mismo telenoticiario nos da cuenta que el mutismo presidencial parece ser una tendencia en lugar de un caso aislado, solo que ahora, además de arbitrariedad y del gesto de indiferencia lamentable, se consolida el bloqueo brusco de la acción periodística, como un estilo del político matón que ya habíamos olvidado. Era mentira, las mujeres presidentas son iguales a los hombres. Doña Pilar, en tono firme y académico, expuso muy bien por qué el suceso fue un abuso y cuál actitud se espera del Gobierno. La señora Cisneros combinó la indignación con la parte educativa, que es importante, porque el público comprende mejor el valor de la libertad de expresión y la función de la prensa en la democracia. Lo malo es que no supone que la directora deba recordarles esas cuestiones básicas a la presidencia. Demás está decir que el periodista, dentro de las circunstancias, lo hizo excelente: mantuvo la calma, fue muy educado en las expresiones, enfático en el reclamo y, finalmente, mantuvo la situación tan incómoda en un nivel sin exageraciones ni poses de lamento. Presentó la nota tal cual pasó sin calificar el asunto. La imagen era obvia por sí misma. Andrés fue protagonista de su noticia, pero mantuvo el profesionalismo respectivo. Obviamente, uno entiende que la presidente tiene agenda y no debe ser abordada en cuanta actividad haya para ser cuestionada sobre lo que sea. No se trata de eso. Se supone, que una agencia de prensa bien llevada, organiza encuentros abiertos y oportunos para la atención de periodistas, dentro de un espíritu profesional y democrático. El problema es que este Gobierno no sabe comunicarse, entre otros asuntos maltrechos. La tele, que es una de las vías de comunicación más certeras entre el Gobierno y el ciudadano, interactúa sobre la percepción pública de manera acumulada: el Gobierno no sabe cómo responder una pregunta con educación. Esta vez, Andrés asimiló la lección que los periodistas nunca deben olvidar: a los políticos les encanta salir en cámaras para hablar de lo que ellos quieren y odian los cuestionamientos. Además de que, un día cercano, ellos dejarán el poder mientras que el periodista seguirá siendo un profesional al servicio del público. Por eso, se debe cuidar la reputación. Andrés está en pleno desarrollo de su potencial. Él ha crecido mucho dentro de Telenoticias . Es muy sólido en sus informaciones porque las organiza muy bien, es chispeante dentro de la formalidad, tiene un lenguaje elegante y sabe usarlo con creatividad. Ya parece totalmente familiarizado con la dinámica de la cámara y el peso del manejo informativo.En otro gran suceso, otro periodista serio y responsable, Germán Salas, esta vez de Repretel, también fue agredido en una escaramuza de hospital. La imagen ha corrido como un signo de irrespeto hacia la investidura de la prensa. Este otro caso, el joven periodista también actuó con cordura. Bien por ellos.

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