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Estudiante Salome Tetvadze ha viajado con su padre artista por 12 años

Una graduación en medio del Circo del Sol

Actualizado el 23 de junio de 2013 a las 12:00 am

Escuela viajera Una colegial se graduó en las aulas del Cirque du Soleil esta semana; como ella, otros niños y jóvenes estudian en las carpas

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Entrevista con Salome Tetvadze (Entrevista con Salome Tetvadze)

Salome Tetvadze dice que no sabe describir cómo ha sido vivir en el Cirque du Soleil –conocido en América Latina como Circo del Sol– por 12 años, aunque ha sido feliz. “He estado viajando con el circo toda mi vida. No puedo compararlo con nada más, porque esto es todo lo que he experimentado”, dice, sonriente.

La joven se graduó la semana anterior del colegio en el sistema educativo canadiense, pero su aula siempre ha sido un salón especial en el campamento de las carpas.

Su padre es Kvicha Tetvadze, protagonista del número del espectáculoVarekai conocido como las Danzas georgianas .

En familia.  Salome Tetvadze posa con su padre, Kvicha (a la izquierda) y Rob McKenzie,   tour manager  de   Varekai . Marcela Bertozzi.
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En familia. Salome Tetvadze posa con su padre, Kvicha (a la izquierda) y Rob McKenzie, tour manager de Varekai . Marcela Bertozzi.
Él es de los pocos que ha estado en el show desde su estreno, en el 2002. Ese año inició el peregrinaje al que su hija se sumó después. “Vine aquí pocas semanas después de que papá se unió. Estaba apenas cumpliendo seis años”, recuerda ella.

En el circo, 11 niños de diferentes orígenes reciben lecciones. Son hijos de los artistas o del personal administrativo.

El Circo del Sol permite a los artistas viajar con sus familiares, e incluso pagan sus tiquetes de avión.

Así, los Tetvadze, padre, madre e hija, viajan juntos adonde vaya Varekai . “Estuvimos por cinco o seis años en Norteamérica, Oceanía y Asia. luego, fuimos a Brasil, Argentina, Perúy Colombia”, enumera.

¿No le cansa la vida nómada? “Es como una rutina. Llegar a una nueva ciudad, sacar el equipaje, volver a meter el equipaje. Simplemente, viajar. Esa es la vida para mí”, comenta Salome.

Ella confiesa que la eterna rotación de artistas puede ser difícil: “La gente va y viene todo el tiempo, pero ya acostumbré. Sin embargo, todavía lloro”.

Amistad.  En el comedor de la pequeña ciudad instalada en Hacienda Espinal, los compañeros de Salome firmaron una manta para despedirse de ella. M. Bertozzi.
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Amistad. En el comedor de la pequeña ciudad instalada en Hacienda Espinal, los compañeros de Salome firmaron una manta para despedirse de ella. M. Bertozzi.
No ve mucho a su padre. Viaja del hotel al aula y de vuelta. En Costa Rica, conoció Puerto Viejo, adonde fue con otras familias del circo y con Kvicha. Así es en cada país.

Expuesta a acrobacias increíbles, es fácil imaginar que se haya atrevido a practicar alguno de los actos, pero dice que “no es muy buena”. “He estado entrenado como pasatiempo con uno de los artistas, Sergei. Es como un amigo o un padre para mí”, explica. “Su hijo Sasha también ha estado en la escuela desde los cuatro o cinco años. Es como un hermano”, añade.

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El brillo y los colores del circo no se alejan: Salome viajará a Los Ángeles, donde está su casa, para estudiar artes o diseño, aún no lo sabe. “Siempre he vivido en medio de eso”, entre amigos o familia. Tras tantos años, ya son lo mismo.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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