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Solar, caballero que se retiró

Actualizado el 13 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Solar es un luchador de la vieja guardia: respeta las reglas y a su enemigo, pero, sobre todo, al público.

Para él la máscara es sagrada. No es extraño que cuando lo citan para hablar de lucha libre no se la quita –mucho menos revela su nombre– aunque las cámaras se apaguen y se prometa la mayor confidencialidad.

Respetuoso. Aunque la lucha libre puede resultar violenta para algunas personas, para Solar el buen luchador tiene grandes valores. Mayela López
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Respetuoso. Aunque la lucha libre puede resultar violenta para algunas personas, para Solar el buen luchador tiene grandes valores. Mayela López

Este electricista acaba de retirarse de la lucha libre luego de cuatro décadas de haberle entregado lágrimas y litros de sudor.

Nos recibe en su casa en Paseo Colón. La puerta la abre su hija, quien nos conduce hasta una sala donde su padre nos espera de traje entero y máscara, sentado sobre un sofá rojo sangre.

“Desde que nací siempre me gustaron los asuntos de la justicia. Cuando estaba pequeño me gustaba jugar con los equipos más malos, aunque me tuviera que esforzar más porque me gustaba ayudarlos; me sentía muy bien cuando lográbamos ganar”, aseguró.

Ese espíritu volvió a aparecer años después, cuando vio una lucha entre Veloz I y Veloz II contra Pirata y otro adversario que no recuerda.

“A los muchachos estos les dieron una paliza que, inmediatamente cuando terminó la lucha, yo fui y busqué donde podía entrenarme porque tenía que defenderlos”, cuenta aún con dolor en el corazón.

Eran tiempos de oro para este deporte: el público abarrotaba el Gimnasio Nacional y los luchadores ticos formaban parte de la farándula nacional.

“El luchador debe tener mucha valentía, concentración y carisma para tratar con la gente y los adversarios. Recuerdo que en muchas luchas, cuando uno salía al ring , el público se ponía de pie y hacía los mismos movimientos que uno; era tanta la compenetración que uno sentía a la gente peleando con uno”, aseguró.

Del pasado, Solar añora cómo los luchadores resguardaban su identidad como si fuera una fórmula mágica: “Recuerdo que cuando comencé a luchar, para llegar al Gimnasio Nacional enmascarado a veces me metía a un cementerio. Entraba sin máscara y salía con ella puesta. La gente se me quedaba viendo como si fuera uno de los muertos que iba saliendo; eran bonitos tiempos”.

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Aunque piensa que las luchas de hoy no se comparan con las de su juventud, está seguro que las nuevas generaciones podrán brillar, en el tanto se apeguen a sus valores.

“Los jóvenes que practican la lucha deben valorar esta disciplina como deporte, no por el dinero que se pueda obtener, porque de la fama se derivan muchas cosas: mujeres, dinero y hasta drogas. Sobra quien te diga: ‘Llevame este paquete y te pongo en las mejores arenas de México’. El verdadero hombre está detrás de una máscara, delante de ella solo se es un luchador. Lo importante es la dignidad del ser humano”.

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