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Función en el Auditorio Nacional

La mujer justa desnudó su drama en Costa Rica

Actualizado el 19 de marzo de 2012 a las 12:00 am

Reencuentro El prestigioso Teatro Circular vino al país con una obra cargada de amor y traición. Cientos acudieron a su llamado

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En medio de un escenario en penumbras, dos mujeres de clases sociales muy distintas comenzaron a revelar su drama. Ambas eran víctimas del amor y la traición, temas capaces de envolver al público en cuestión de segundos.

El Auditorio Nacional no fue la excepción este sábado: durante casi 90 minutos prestó atención al drama de La mujer justa, versión de Sándor Márai, interpretado por el prestigioso Teatro Circular de Montevideo, invitado del Festival Internacional de las Artes .

La sala no estaba llena, pero aún así la puesta en escena logró una buena convocatoria. Los espectadores eran en su mayoría jóvenes adultos, uno que otro niño y unos pocos adolescentes.

Entre todas las almas estaban algunas conocidas caras del teatro costarricense como el director Luis Carlos Vásquez y el polifacético actor Bismarck Méndez.

Ellos siguieron la historia de Judith, mujer de clase social baja que se va a trabajar a la casa de una familia millonaria.

En ese lugar se ve envuelto en un triángulo amoroso que desemboca en el divorcio de los esposos Márika y Péter, quien sostuvo su matrimonio solamente por su hijo porque él es de esos hombres que no necesitan amor para vivir.

Al lado de esta historia se borda, además, el asedio vivido en Budapest durante la Segunda Guerra Mundial.

Para representar este drama, la agrupación utilizó una escenografía que permitía que las actrices y los actores subieran y bajaran a diferentes niveles de forma paralela a sus emociones.

Complementó la puesta en escena del Teatro Circular, un vestuario de la época, luces y música que atenuaban momentos trágicos, como la escenificación de las rupturas amorosas entre sus personajes.

En la sala de la antigua penitenciaría, todos estaban cautivos con lo que pasaba en escena.

La tarea por algunos momentos fue difícil pues, en algunas ocasiones, la voz de los actores no se proyectaba correctamente hacia los espectadores. Esto hizo que algunos de los presentes vieran la obra sentados al borde de la silla, con tal de entender los diálogos.

A esta dificultad se sumaba la intromisión de ruidos externos y hasta el molesto rechinar de las sillas oxidadas del lugar.

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En medio de la triste historia, algunos de los presentes soltaron la risa cuando un gato oculto en la sala subió al escenario para hacer de las suyas.

El felino subió las escaleras, se ocultó en el costado derecho del escenario de donde salió saltando y corriendo hasta el otro extremo.

Pese a esto, los histriones no se desconcentraron ni prestaron atención a las risas nerviosas de los espectadores.

El profesionalismo de los artistas fue agradecido al final del espectáculo, cuando la sala completa les brindo un aplauso.

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