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Crítica de teatro: La pasión por contar historias

Actualizado el 12 de febrero de 2015 a las 12:00 am

Palabra y memoria. ‘La casa de los espíritus’ gusta y recauda en su segunda temporada.

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Partida doble. La segunda temporada de La casa de los espíritus concluye este domingo. Jefrrey Zamora.

Los espíritus habitan en el olvido. Allí descansan en calma pero, en ocasiones, regresan convocados por la memoria de los vivos. Muy a su pesar –o quizás no– reviven sus existencias pasadas cada vez que compartimos una anécdota entre amigos o con parientes. La casa de los espíritus es un homenaje al poder que tienen las palabras para revivir el pasado. Su permanencia en cartelera lo confirma como el espectáculo más exitoso de Teatro Espressivo.

La joven Alba nos guía en el relato. Ella es depositaria, testigo y protagonista de las vivencias de cuatro generaciones de su familia. Sobre el escenario, su voz va hilando el drama de los Trueba, los García y los Del Valle en una red de afectos y odios tan profundos que terminan por sugerir rasgos de la historia política y social de esa otra familia llamada Latinoamérica. Alba narra desde el mismo espacio habitado por sus ancestros. De ese modo, pretérito y presente se funden para condensar en dos horas una saga que abarca poco menos de un siglo.

La palabra constituye el signo omnipresente de La casa de los espíritus . Vemos texto impreso en el suelo. También hay frases manuscritas sobre paneles ubicados en los extremos del escenario. En ambos ejemplos, no se busca que el espectador lea, sino que haga énfasis en la cualidad evocadora de las palabras en su rol de puentes hacia el pasado. Caso contrario es el de los siete paneles frontales en los que se proyectan textos legibles e imágenes fijas o en movimiento. Este conjunto funciona como una libreta de apuntes con información complementaria de lo que pasa en escena.

En general, el elenco logró comunicar –de manera verosímil– las emociones de los personajes. Sin embargo, el desdoblamiento de los actores y actrices que encarnaron a un mismo personaje, en distintas edades de su vida, no siempre fue eficaz. El estilo actoral de corte realista colapsó cuando los espectadores forzamos al límite la imaginación para asumir que una adulta representaba a una niña juguetona o que un hombre entrado en sus sesentas era un mozalbete enamorado de una muchacha.

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El mecanismo de transponer edades es una convención común. Los espectadores solemos aceptarlo sin queja, pero en este caso se llevó a un extremo que tuvo aires de farsa y de comicidad involuntaria, cuando lo representado no tenía ese tono. La imposición de un recurso en un contexto equivocado hizo que la niña juguetona siguiera siendo una adulta disfrazada y que el mozalbete enamorado se viera como una especie de “viejo verde”. El intérprete se esfuerza y da lo mejor de sí para construir la ficción. La responsabilidad de los tropiezos la tiene la dirección de la puesta, cuyo criterio debería proteger al actor y no exponerlo.

La obra logra la vinculación de distintos lenguajes, técnicas y tecnologías para potenciar la capacidad narrativa y emotiva del espectáculo. El modelo de producción de Teatro Espressivo va consolidando proyectos escénicos que son recompensados generosamente por su público, en asistencia y en aplausos.

Al respecto, no está de más señalar que la convocatoria a la función reseñada fue excepcional para ser jueves. Este montaje enseña que solo se le puede pedir fidelidad al público cuando los artistas son consecuentes con el gusto particular que se han esforzado en crear.

***

FICHA ARTÍSTICA

Dirección: José Zayas

Asesoría artística: Jody Steiger

Dramaturgia: Caridad Svich, basada en la novela de Isabel Allende

Producción Ejecutiva: Steve Aronson

Producción: Carlos Salazar

Asistente de dirección:  Mariana Ramírez

Elenco: Nelson Landrieu, Katia Mora, Marco Martín, Eugenia Chaverri, María Silva, Noelia Campos, Pedro José Sánchez, Alice García Muñoz, Rocío Carranza Maxera, María Luisa Garita, Eduardo Carrillo, Harvey Monestel, Hanna Gómez, Heriberto Calderón

Escenografía y utilería: Pilar Quirós

Iluminación: Emilio Aguilar

Vestuario: Francisco Alpízar y Carlos Amador

Coreografía: Nandayure Harley

Proyecciones y video: Alex Koch

Música: Jane Shaw, Caridad Svich e Isabel Guzmán

Arreglos musicales: Carlos Escalante

Peluquería: Miguel Saborío

Función: Jueves 29 de enero 2015

Espacio: Teatro Espressivo

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