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Crítica de teatro 'Tríptico de errancias': Las otras errancias del tríptico

Actualizado el 20 de agosto de 2016 a las 08:45 pm

Tríptico de errancias vaga y divaga alrededor de un libreto denso.

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Elisúa Solano interpreta al presentador de televisión en 'Tríptico de errancias'. (Mariela Vargas Arce cortesía para La Nación)

En el Malestar en la cultura, Freud subrayaba el antagonismo entre nuestras pulsiones (sexuales y agresivas) y una civilización que nos obliga a reprimirlas. Las instituciones religiosas, educativas y carcelarias constituyen la trinchera social que detiene y castiga el avance de nuestros impulsos más primitivos. La culpa y el sufrimiento son el principal remanente psíquico de ese conflicto entre el deseo y el deber.

A partir de esta premisa, el espectáculo presenta a un hombre-mono que nos anuncia el inicio de su charla sobre la condición humana. Su apariencia es la de cualquier mortal, pero sus gestos y corporalidad son las de un primate. Según este particular orador, la audiencia asumirá el rol de un grupo de académicos convocados para escucharlo y validar el fondo de su discurso.

Un científico y un animador de televisión acompañan al conferencista. Quieren sacar algún provecho de él. Alrededor del trío, hay mesas con sus respectivos banquitos, además de un monitor y superficies para proyectar videos. El dispositivo escénico está en permanente modificación. Los personajes no solo mueven y reagrupan los elementos sino que los resignifican al darles usos insólitos.

A modo de ejemplo, las mesas se convierten en jaulas o trincheras desde donde se exponen los tópicos más conflictivos. Por otra parte, el monitor reproduce –en circuito cerrado– imágenes de los actores y del público, capturadas por una cámara de mano. Aquí comienza a evidenciarse una constante del montaje, a saber, la crítica a los medios masivos de comunicación que reducen la vida moderna a relatos triviales.

La obra se sostiene en el flujo discursivo de los personajes. Las especulaciones sobre la naturaleza del Ser o el propósito de la existencia humana van tejiendo un abierto reclamo contra una sociedad dispuesta a convertirnos en objetos de estudio, mercancías o en fenómenos de feria. A pesar de la validez de esos planteamientos, se me hizo muy difícil seguir el hilo de los numerosos recovecos argumentales del libreto.

El esfuerzo de los actores y el director por escenificar esta enorme masa de información fue encomiable, pero insuficiente para salvarla del tedio. De allí que lo más interesante de la velada fueron los juegos de transformación espacial, algunas proyecciones y la tenacidad del elenco para dominar un texto abstracto, reiterativo y cansón. Aún así, dichas capas de la puesta no se terminaron de articular en un todo consistente.

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El N.E.T. es un colectivo de primer orden en el panorama escénico nacional. Sus procesos de investigación/reflexión lo ubican como un referente para comprender las rutas más osadas del teatro experimental costarricense. Sin embargo, este proyecto no tuvo la solidez de espectáculos anteriores y terminó desbordado por la complejidad de sus premisas temáticas y por la ineficacia de sus resoluciones dramatúrgicas.

Ficha artística:

Dirección, iluminación y dramaturgia: Fernando Vinocour (libreto basado en textos de IvánSanabria, Juan Pablo Cambronero y Fernando Vinocour)

Producción: Mariela Vargas

Actuación: Marco Guillén, Dennis Quirós, Elisúa Solano

Escenografía: Fernando Vinocour, Johnny Álvarez

Vestuario: Fernando Vinocour, Mariela Vargas

Banda sonora: Iván Sanabria

Video: Gustavo Abarca, Iván Sanabria, Fernando Vinocour

Espacio: Teatro Montes de Oca (UCR)

Fecha: 6 de agosto de 2016

Nota del editor: Esta versión de la nota fue corregida a las 10:56 p. m. del 21/8/2016 para restaurar la división de párrafos del texto original. 

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