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Crítica de teatro: El autor prevalece

Actualizado el 24 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Fuerza. El genio del dramaturgo se impuso a una puesta en escena deficiente.

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El montaje de La vida de Galileo Galilei , de Bertolt Brecht (1898-1956), dirigido por Andrés Montero, que la Compañía Nacional de Teatro (CNT) estrenó hace poco en su sede del teatro de La Aduana, es la tercera obra del influyente dramaturgo y poeta alemán que la CNT escenifica en igual número de años, a saber, La ópera de tres centavos (2010) y Madre Coraje y sus hijos (2011).

La obra. Hay no menos de tres recensiones de La vida de Galileo Galilei. La primera, estrenada en Zurich en 1943, se centraba en las consecuencias adversas para el sabio y el avance de la ciencia tras la abjuración, amenazado con tortura por la Inquisición, de sus descubrimientos astrológicos, y acentuaba la pugna filosófica entre el dogmatismo religioso y la verdad científica.

El estallido de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945 condujo al autor a reconsiderar el planteamiento original y, para las versiones subsiguientes, Brecht modificó la orientación ideológica de la obra, poniendo de relieve la responsabilidad social y ética del científico y su compromiso con la humanidad sufriente más que con los hallazgos de la investigación científica y su usufructo por el poder político y económico.

No obstante, en las tres versiones, el conflicto entre la razón y la religión está ejemplificado, con fundamento histórico, mediante el modelo heliocéntrico del sistema solar, avanzado por Copérnico y comprobado por Galileo, como refutación científica del caduco modelo geocéntrico aristotélico que, a su vez, era sostén del sistema astronómico ptolemaico, ambos pilares doctrinales de la teología de la Iglesia católica.

En lo esencial, la trama de La vida de Galileo Galilei respeta la cronología y los hechos históricos documentados de las últimas tres décadas de la vida del gran físico y matemático italiano, entre 1609 y 1642, pero, por supuesto, situaciones, diálogos, incidencias y concepción de los personajes son propios del autor y los episodios de la obra despliegan un extenso espectáculo de notable interés dramático, intelectual y humano.

El montaje. Para este espectador, la propuesta escenográfica de Gabrio Zappelli, poco propicia a los requerimientos de la obra; las carencias histriónicas del reparto, sobre todo de los actores menos experimentados, y la dirección remisa de Montero, redujeron considerablemente el impacto teatral y artístico de La vida de Galileo Galilei.

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Zappelli diseñó un hemiciclo, tipo redondel con gradería y un área central circular, de traza hermosa, pero el obligado y constante subir y bajar obstaculizaba la correspondencia espacial entre los personajes y con frecuencia imprimía a los desplazamientos un ritmo inadecuado, opuesto al tenor dramático de las escenas.

Un elenco de 20 actores se repartió los numerosos personajes, la mayoría doblando uno o más, con excepción de Gerardo Arce, como Galileo; Arturo Campos, en el papel de Andrea Sarti, su amigo, de niño y adulto; Madelaine Martínez, como la Señora Sarti, madre de Andrea y ama de llaves del sabio; Rodrigo Durán Bunster y Alonso Venegas, en los personajes del Cardenal Inquisidor y el Papa Urbano VIII, en ese orden.

Como director, Montero no exigió mucho a los principales y, a modo de ejemplo, pasó por alto las tendencias de Arce a subir el tono de la voz hasta chillar y a ensuciar la pronunciación, cosas que se pudieron haber evitado con solo indicárselo. Por igual, dejó que la actuación de Campos no diferenciara entre Sarti de niño y de adulto, y con la Señora Sarti permitió a Martínez machetear una maqueta acartonada de criada refunfuñona.

Falta de espacio me impide detallar, pero, como ocurre a menudo, la ausencia de voces sonoras y adiestradas para el teatro y el decir defectuoso de los parlamentos por la mayor parte de los actores de reparto fueron evidentes.

Montero también prescindió de ciertos aspectos del teatro épico de Brecht, como rótulos o proclamas explicativas que preceden los episodios narrativos, pensados por el autor para que el público asuma una actitud crítica hacia los hechos mostrados sin involucrarse emocionalmente.

Con todo y a pesar de los inconvenientes apuntados de la puesta en escena de Andrés Montero, el genio dramatúrgico de Bertolt Brecht y la trascendencia de la anécdota histórica sostuvieron el interés del público durante las dos horas y cuarto de duración del espectáculo La vida de Galileo Galilei , presentado por la Compañía Nacional de Teatro en el teatro de La Aduana.

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