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Crítica de teatro: 'Vestido de novia', los abismos de una mente

Actualizado el 02 de septiembre de 2017 a las 05:04 pm

La obra reta los sentidos de su audiencia

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Crítica de teatro: 'Vestido de novia', los abismos de una mente

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Humberto Canessa realizó las coreografías en Vestido de novia . Al fondo, Rocío Carranza. Graciela Solís.

Si hay algo que le fascina a nuestra especie es la posibilidad de imaginar viajes hacia lo profundo: al centro de la Tierra (Jules Verne), al fantástico microcosmos de la biología humana (Richard Fleischer) o al último de los nueve círculos infernales (Dante Alighieri). Descendemos a esos abismos porque allí se puede experimentar, con mayor claridad, quiénes somos y de qué estamos hechos.

Vestido de novia también es un viaje, pero, en este caso, uno sin retorno. La puesta en escena de José Zayas nos conduce por la mente de Alaíde, la protagonista. A partir de una historia develada en fragmentos –en apariencia inconexos–, los espectadores nos perdemos en un laberinto en el cual no resulta claro si la joven está viviendo, recordando o alucinando ciertos sucesos.

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La dificultad de aferrarse a un hilo narrativo estable obliga al público a mantenerse atento a cada detalle. Un mínimo gesto o una frase suelta se convierten, de repente, en piezas fundamentales para armar el rompecabezas de la trama. Esto es muy estimulante al poner en crisis el cómodo lugar de la audiencia que lo "entiende" todo y hasta es capaz de anticipar los giros de la acción.

El ocultamiento se extiende a muchos otros ámbitos. Las atmósferas en penumbra, las identidades confusas, las sonoridades espectrales o las interacciones entre personajes de épocas distantes son algunos mecanismos que incrementan el efecto de extrañeza. Todo se confabula para dibujar la agónica pesadilla de Alaíde.

El dispositivo escenográfico codifica los distintos niveles temporales, psicológicos y espaciales de la trama. En el fondo, hay compartimentos que, al abrirse, nos muestran el pasado y el presente de Alaíde. En el resto del escenario, vemos sus fantasías y sus delirios. De esta manera, la escenografía funciona como un protocolo de lectura que nos va guiando a través del complejo montaje.

A pesar del esfuerzo de generar anclas de sentido que salven al espectador del extravío, la obra se torna densa o, más bien, alambicada a raíz de su concepción dramatúrgica. La palabra –principal estrategia para construir la ficción– les deja poco margen a otras dinámicas actorales. Por suerte, las coreografías de Humberto Canessa abrieron rutas para que el espectáculo fluyera en direcciones más interesantes.

El elenco cumple con la dura faena de echarse al hombro el difícil texto. Cuando los actores y actrices desarman sus cuerpos realistas y adoptan posturas asimétricas o desequilibradas, logran materializar, de forma coherente, el variable universo mental de Alaíde. Este trabajo es llamativo en lo visual, en lo técnico y en lo interpretativo.

Los actores Katia Mora y Michael Dionisio Morales. Graciela Solís.

Vestido de novia es un montaje incómodo por su densidad formal. El proyecto representa un riesgo para un Teatro Espressivo que avanza a punta de ensayo y error, a fin de consolidar una identidad escénica. La modesta asistencia del 27 de agosto es una alerta para que la empresa reflexione sobre la naturaleza de su programación. Los proyectos exitosos del pasado podrían sugerir claves para recuperar a un público, por ahora, apático.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección general: José Zayas

Dramaturgia: Nelson Rodrigues (Brasil)

Elenco: Katia Mora (Alaíde), Briggitte Vallejos (Lucía / Mujer del velo), Rocío Carranza (Madame Clessi), Michael Dionisio Morales (Pedro / Joven enamorado / Redactor de prensa), Humberto Canessa (Gastón / Lectora / Reportero de prensa), Isabel Guzmán (Bailarina Burdel 3 / Doña Ligia / Médico 3), Manuel  Martín (Médico 1, Pimienta, Hombre de barba), Karla Barquero (Bailarina Burdel 1 / Mujer inactual / Madre amante), Melissa Vargas (Bailarina Burdel 2 / DoñaLaura)

Asistencia de Dirección: María Paz Benedek

Coreografía: Humberto Canessa

Producción: Gustavo Sánchez

Diseño de escenografía: Carlos Schmidt

Multimedia: Tito Fuentes

Composición de música: Fabián Arroyo

Diseño de vestuario: Sandy Montenegro

Diseño de iluminación: Antonio Cordero

Diseño de sonido: Diego Peña

Técnico de luces y multimedia: Antonio Cordero

Tramoya: Aldo Madrigal

Asesoría artística: Jody Steiger

Producción ejecutiva: Steve Aronson

Dirección ejecutiva: Natalia Rodríguez

Espacio: Teatro Espressivo

Fecha: 27 de agosto de 2017

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