Entretenimiento

Crítica de teatro, ‘Don Quijote de la Mancha’: A enderezar el entuerto

Actualizado el 11 de mayo de 2017 a las 10:30 pm

El clásico de Miguel de Cervantes pudo haber llegado más lejos

Entretenimiento

Crítica de teatro, ‘Don Quijote de la Mancha’: A enderezar el entuerto

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

En la mejor de sus acepciones, Luis Carlos Vásquez es un quijote de nuestro panorama teatral. A lo largo de los años, su fervor creativo ha generado, de manera consistente, proyectos atrevidos en la factura de su plástica escénica y ambiciosos a la hora de congregar elencos capaces de desempeñarse con propiedad en el canto o la danza. Fiel a su estilo, Vásquez es su propio referente y no negocia sus convicciones estéticas.

Su versión de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha me produce sentimientos encontrados. Por una parte, el espectáculo está lleno de hallazgos formales e interpretaciones memorables. Sin embargo, esas virtudes no terminan de articularse a raíz de una adaptación dramatúrgica que, en muchos momentos, privilegió la narración por encima de la acción como motor de la trama.

Antes de profundizar en este punto, señalaré los logros. La plástica escénica es la capa más elaborada del montaje. La mezcla de proyecciones y objetos configuran un dispositivo escenográfico siempre cambiante. Sin parsimonia, pasamos de la casa de Don Quijote a algún recodo de la geografía manchega o al mundo imaginario del personaje.

En ese esfuerzo por materializar la locura del Caballero de la Triste Figura es donde la obra acierta una y otra vez. Aparecen, frente a nosotros, seres fantásticos, rebaños de ovejas trocados en ejércitos y molinos amenazantes. Y si esto no fuera suficiente, las figuras animatrónicas de Rocinante y El Rucio pusieron a transitar la puesta por las sendas de la fantasía y el humor.

El montaje  sigue en escena este fin de semana.  Melissa Fernández.
ampliar
El montaje sigue en escena este fin de semana. Melissa Fernández.

Resultan notables las actuaciones de Rodolfo Oreamuno (Don Quijote) y José Víquez (Sancho Panza). Los intérpretes plasman con claridad la oposición entre demencia y sentido común, pero también se van modificando mutuamente, en tanto se dejan permear por la conducta de su contraparte. La vis cómica de Víquez y las habilidades corporales de Oreamuno se asocian para que no podamos quitarles la mirada.

Sobre la adaptación de la novela de Cervantes, se hizo evidente la ausencia de un dramaturgo que potenciara el material original. La primera mitad del espectáculo avanza sin contratiempos, pero al llegar al segmento de Cardenio y sus amoríos, la trama se agota –no a causa de los actores–, sino por el abuso del recurso narrativo. En este interminable pasaje, Don Quijote y Sancho desaparecen y, sin ellos, el encanto acaba.

De igual forma desaparecieron los temas musicales que habían estado muy presentes desde el inicio. De pronto, en el escenario todo se volvió rígido y monocorde. El obvio empeño de los actores y actrices por darle vitalidad a parlamentos extensos y poco relevantes le quitó el buen sabor a la velada. En otras palabras, no se debería convertir al personaje protagónico en secundario, sin una justificación. Aquí no la hubo.

Don Quijote de La Mancha es un espectáculo trabajado con esmero en sus capas plásticas e interpretativas, pero no así en su concepción dramatúrgica. Adaptar no es sinónimo de transcribir, y no se puede comprometer el potencial de un proyecto escénico por obviar este enorme detalle. El eterno caballero manchego recomendaría enderezar semejante entuerto.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Crítica de teatro, ‘Don Quijote de la Mancha’: A enderezar el entuerto

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota