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Donde el viento lo levanta todo

Actualizado el 06 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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De lejos, semejan inmensos molinos de viento que mueven sus manos metálicas. De cerca, se cae en cuenta de su imponente presencia: un tronco metálico de 45 metros de altura, con una cabina en el extremo superior con capacidad para albergar, al mismo tiempo, a siete personas de pie, y de donde salen las tres aspas que rompen el viento: cada una mide 20 metros de largo y pesa dos toneladas; entre las tres, crean un diámetro de rotación (un círculo en el aire) de 42 metros.

Los vecinos los conocen como “molinos de viento” o “torres eólicas”, pero los daneses –quienes las fabricaron y bautizaron con su apellido, Vestas– les llaman turbinas eólicas o aerogeneradores.

Las de la planta Tejona, del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) son 30, pero hay muchas más propiedad de otras empresas privadas. Y, por supuesto, están las más viejitas, de cuerpo de metal: son las primeras con las cuales se topa el visitante cuando llega a la zona. Las colinas más prominentes de este sector de la cordillera de Tilarán están dominadas por tales turbinas.

La topografía de ese cantón guanacasteco favorece la formación de importantes pasos de viento a través de un inmenso cañón. Después está el lago Arenal, considerado un espejo de viento que facilita a las ráfagas tomar velocidad. Esta potencia se frena en tierra y es capturada por las turbinas eólicas. Tejona atrapa esta fuerza en la Fila Montecristo, de 5 kilómetros lineales, y donde está ubicado estratégicamente el Centro de Producción Tejona (CPT), del ICE.

Obra de ingeniería

Aquí todo está fríamente calculado desde que, en los años 80, el ICE empezó a estudiar la zona para producir energía eléctrica a través del viento.

“Tejona era una inmensa finca entre potreros. Ahora, es la planta eólica Tejona. Aquí hemos registrado ráfagas de 4 ó 5 segundos con una fuerza de hasta 180 kilómetros por hora”, recuerda el encargado de la CPT, ingeniero Pablo Palma.

En esas condiciones, dice, es realmente difícil realizar una tarea de mantenimiento de turbinas. Hay que arrastrarse para que el viento no tumbe al funcionario de un empujón.

“El lado norte, desde Liberia, pasando por Tilarán, Cañas y Bagaces, es la zona más ventosa del país. Diciembre, enero, febrero y marzo son los meses de más viento. En setiembre, se da una ventana que nos permite hacer mantenimiento, pues la velocidad baja”.

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La capacidad máxima de generación de una sola turbina es de 660 kilovatios hora, lo cual provee la energía eléctrica para encender 11.000 bombillos de 60 watts al mismo tiempo. En total, la planta tiene una capacidad instalada de 20 megavatios.

Son “clase 0”, una clasificación que se tuvo que crear en Europa para fabricar las turbinas de Tejona, asegura Palma. Según dice, la clasificación va de 1 a 3, donde la clase 1 es para las zonas más ventosas, y la clase 3 es para las menos ventosas.

Tiene un factor de capacidad (cuánto se le extrae a la energía del viento) bastante mayor al registrado por otros países. En Europa, ese factor ronda el 25%. En Tejona es del 47%.

El 11 de febrero, la CPT cumplió diez años de agregar esta energía al sistema eléctrico nacional. Ahí está fijado el futuro de lo que han dado en llamar “energía limpia”.

Por eso, cuando encienda un bombillo, es muy probable que un porcentaje de esa iluminación venga de tierras tilaranenses, exactamente de la fila Montecristo, donde el viento se quedó a vivir.

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