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El videojuego que nos haría eternos

Actualizado el 21 de febrero de 2016 a las 12:00 am

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El videojuego que nos haría eternos

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Los jugadores formaron modelos de ARN que superaron los diseñados por supercomputadoras. Foto: Captura de pantalla.

¿ Y si un videojuego en línea fuera la primera clave para, digamos, curar el cáncer, tratar enfermedades neurológicas y dolencias congénitas, o desarrollar nuevos antibióticos y vacunas?

No es que de pronto dar balazos en Call of Duty vaya a ser la salvación de la humanidad, pero de acuerdo con el Journal of Molecular Biology (Revista de biología molecular) de la Universidad de Stanford, en California, un grupo de participantes del videojuego Eterna se acaban de convertir en los diseñadores del mejor modelo de una estructura de ácido ribonucleico (ARN).

El ARN es la base de prácticamente todos los procesos críticos en biología. La forma en que las moléculas del ARN se pliegan determina con qué células interactúa y cuál es su función. Eso significa que, si los científicos consiguen determinar esa estructura, podrían manipular las células enfermas y encontrarles cura.

De acuerdo con Rhiji Das, bioquímico de Stanford, “las moléculas de ARN proporcionan una especie de ‘sistema operativo’ para las células y los virus, por lo que debemos entender su comportamiento si queremos controlar el cáncer, las infecciones virales y otras enfermedades con precisión molecular”.

Ahí es, precisamente, donde entra en juego –valga el juego de palabras– Eterna .

El videojuego fue desarrollado por el propio Das y Adrien Treuille, profesor de la Universidad Carnegie-Mellon, en el 2011. En la actualidad, cuenta con una comunidad de unos 100.000 jugadores registrados en todo el mundo, la enorme mayoría de ellos sin el menor conocimiento de bioquímica.

Sin embargo, a medida que la comunidad ha logrado derrotar los algoritmos que componen el juego, también han descubierto características de las moléculas de ARN que hacen que puedan doblarse de una manera u otra.

Los jugadores Eterna resolvieron la mayoría de los juegos de plegado de moléculas de ARN y clasificaron la dificultad de diferentes diseños de manera tan eficaz como las supercomputadoras de Stanford.Sin embargo, en los juegos más complejos, los participantes salieron más airosos que las máquinas, que se quedaban estancadas y tenían que dedicar varios días de tiempo de cálculo a la búsqueda de una solución.

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