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La transitoriedad del todo

Actualizado el 21 de junio de 2015 a las 12:00 am

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Su hermano mayor murió hace cuatro años. Dos meses después murió su abuela. Cuatro meses antes había acabado abruptamente una relación de tres años, muy cerca de la fecha en que planeaban casarse. En los siguientes meses le tocó cortar con sus dos amistades más antiguas: una se volvió tóxica y la otra dejó de tener sentido, tenían 15 y 16 años de conocerse. En setiembre pasado murió su papá después de mes y medio de enfermedad y toda una vida de maltratarse.

Todas estas personas influyeron en quién es ella y hay algo de cada uno en su día a día. Dice que fueron personas increíbles y que incluso en sus partidas le dejaron algo.

Que lo más importante sería perspectiva. Como si estuviera usando lentes nuevos, por primera vez pudo ver el tamaño real de cada cosa y encontrar su respectivo lugar. Lo que antes se había sentido de vida o muerte ahora eran pequeñeces con solución. Ser feliz se volvió un asunto de primera urgencia sin tiempo para temerle al “te quiero”.

“No sé si mañana estoy, no sé si mañana estás”, me dijo más de una vez.

Ilustración: Jose Ferrer
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Ilustración: Jose Ferrer

Estar consciente de lo temporal de todo es liberador. La canción que no podemos parar de escuchar, la falta de aire por un amor nuevo, el duelo tras cada partida, las ganas de encuevarse, las birras de hoy, la goma de mañana, la bronca del brete, lo bueno y lo malo, todo se acaba. Todo, y sin falta, se acaba. Con suerte y lo chiva nos dura lo mismo que duramos nosotras en nuestra pasada por aquí.

Nunca me ha dicho que viva como si fuera el último día de mi vida, que salga corriendo a comprar esos tiquetes para el viaje a Suramérica, que tenga hijos antier, que renuncie a mi trabajo y me dedique a vender collares en Puerto Viejo. No, ella cree que vivir al máximo suena casi a deporte extremo, mucha presión, mucho burumbúm.

Que bajar la velocidad y pasar un domingo echadas viendo tele añejas tiene su valor; que dar chance a que los malos días transcurran como van a hacerlo y que dejar algunas cosas para después porque ahorita no es el momento, también tiene su sabiduría. Me dice: “Si te precisa, llegale; si no, respirá y llevala del cuello”. Se trata de ser honestas con nuestros procesos.

Y que el mundo está lleno de drama, que nosotras decidimos si le agregamos más o si le damos chance de ser. Después de mucha batalla, ella decidió aceptar su naturaleza y la de los que quiere alrededor suyo. Esta vida es muy corta para aferrarse a lo que no aporta.

Hoy cumplo años, los mismos que su hermano mayor no cumplió. Y, como a muchos, cumplir años me pone reflexiva. Pero en lugar de volverme loca haciendo el balance de lo que he hecho o no, siento que lo que le debo a ella y a mí es vivir en paz conmigo.

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