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Ese trago emborracha más en la oficina

Actualizado el 25 de agosto de 2013 a las 12:00 am

El sitio donde usted toma alcohol puede determinar su tolerancia a la intoxicación.

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¿Recuerda esa fiesta en la oficina en la que solo bebió dos copas pero, aun así, terminó tropezando contra la jefa y abrazando a compañeros a quienes ni siquiera saludaba en el pasillo? La ciencia le da una mano para entender por qué tuvo ese “guaro” tan extraño.

 En vasos curvos,     se suele tomar un 60% más rápidamente que en vasos rectos, según un estudio de la Universidad de Bristol. | EYLEEN VARGAS/ARCHIVO
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En vasos curvos, se suele tomar un 60% más rápidamente que en vasos rectos, según un estudio de la Universidad de Bristol. | EYLEEN VARGAS/ARCHIVO

Todo se debe al poder del contexto. El ambiente en el que una bebida es consumida puede jugar un papel muy importante en la manera en la que el alcohol afecta al organismo. Un viejo estudio de 1990, publicado en el Journal of Studies on Alcohol , había determinado que las personas que toman en una oficina sufren un mayor deterioro en sus capacidades cognitivas y mentales en comparación con quienes toman la misma cantidad de licor en un bar.

La explicación nos viene de la psicología conductista. Después de “entrenarnos” en tomar en los bares, podemos controlar mejor las reacciones del alcohol en nuestro cuerpo. Cada vez que entramos en un bar, nuestra mente prepara al cuerpo para contrarrestar parcialmente los efectos de la intoxicación.

Sin embargo, cuando el estímulo del ambiente cambia y ya no estamos en el bar sino en un sitio habitualmente libre de alcohol, el vino, pongamos por caso, suele encontrarnos con la guardia abajo y entonces terminamos bailando encima del escritorio.

De forma similar, un estudio publicado en julio en el diario de la Asociación de Ciencias Psicológicas, de Estados Unidos, indica que la realización de ciertos rituales antes de comer también condiciona nuestro agrado por la comida. Por ejemplo, cantar cumpleaños y soplar la vela de un queque nos motiva a percibir más gustoso el pastel. Ese es el poder de los reflejos condicionados.

Volvamos al alcohol. Una investigación de la Universidad de Bristol publicó en el 2012 un estudio en el que se demuestra que incluso la forma del vaso influye en cuán ebrio puede quedar uno. El bebedor suele tomar con un 60% más de lentitud si el vaso es recto, en comparación con los vasos curvos.

Las explicaciones se hacen de rogar, pero una hipótesis conductista es la siguiente: los vasos rectos se suelen usar solo para bebidas alcohólicas, mientras que los curvos se usan para bebidas alcohólicas y no alcohólicas. El bebedor podría estar condicionado a “cuidar” menos sus tiempos de consumo en un vaso curvo.

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