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Friday’s 'Rotonda': El tino de llegarle al estómago... desde el corazón

Actualizado el 18 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Treinta años han pasado desde que el empresario Carlos Felipe Huezo Hunter, desoyendo las advertencias de que su proyecto gastronómico sería un “suicidio” económico, estableció el hoy emblemático Friday’s ‘Rotonda’, inspirado en el estilo ‘casual dining’ de los llamados ‘fast gourmet’ estadounidenses.

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De noche el restaurante es un lugar siempre acogedor. Foto: Melissa Fernandez

Adriano, se llamaba. No recuerdo su apellido, pero era un ingeniero dominicano que viajaba por todo Latinoamérica dictando cátedra sobre agroindustria, hará unos 25 años.

Yo trabajaba como secretaria en un instituto especializado y, a menudo, me correspondía armarle los itinerarios de viaje por los distintos países. Y siempre lo mismo: “trata de hacerme escalas de unas horas en San José para venir por un pollo Dijón a Friday’s entre un vuelo y otro”.

Para entonces, ya la fachada de aquella casona pintada de azul que desde dentro proyectaba un cálido ambiente ambarino siempre me había llamado la atención. No había muchos locales por el estilo en ese tiempo en San José.

La obsesión de Adriano, un hombre tan viajado, por el bendito pollo Dijón era tal que no solo se lo recomendaba a medio mundo –empezando por los otros profesores, casi todos extranjeros– si no que, cada vez que podía, invitaba a sus allegados en el país para que lo acompañaran en su andanza gastronómica favorita del planeta.

Así, una tarde que hoy llevo grabada en sepia, como pasa con los mejores recuerdos, Adriano nos llevó a mí y a dos compañeras a Friday’s.

Héiner y Pedro lo veían llegar y lo saludaban cual viejo amigo. Él iba directo a su mesa de siempre; ellos ni le mostraban el menú.

–¿Lo mismo don Adriano?

– ¡Lo mismo hombre! Hasta la pregunta ofende– contestaba muerto de risa.

– ¿Para las muchachas también?.

– Por supuesto. Pollo Dijón para todos.

Y bueno, lo demás es historia.

Con el tiempo cambié de trabajo. Con el tiempo, Adriano dejó de venir al país. Con el tiempo y sin percatarme, me convertí en la sucesora de Adriano.

Veinticinco años después, el ritual se ha repetido incontables veces. Yo también he inducido a decenas de compañeros, amigos y familiares al planeta Pollo Dijón.

Carlos Felipe Huezo Hunter marcó un antes y un después en la gastronomía local a partir de 1985. Foto: Melissa Fernandez
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Carlos Felipe Huezo Hunter marcó un antes y un después en la gastronomía local a partir de 1985. Foto: Melissa Fernandez

Poco a poco descubrí que el encanto de aquel lugar iba mucho más allá de uno de sus platillos más emblemáticos. Traspasar su umbral es, al menos para mí y los míos, un traslape de tiempo y espacio que nos reservamos para momentos muy especiales: cumpleaños, graduaciones de los hijos, el compromiso de bodas, la firma del divorcio, el regreso del funeral de un ser querido.

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La comida reconforta. Pero Friday’s, a mí y a los míos, también nos adoba el espíritu.

Sin embargo, jamás había escuchado su historia.

Con motivo de su 30 aniversario, la Revista Dominical decidió contar cómo comenzó todo en lo que a la postre se convertiría en el primer restaurante en su estilo en el país, estilo que justamente estaba en boga en Estados Unidos: el de ‘casual dining’ de los llamados ‘fast gourmet’. Por supuesto, no hubo margen para que nadie más contara la historia.

* * *

Corrían los años 80. Carlos Felipe Huezo Hunter, hijo de una familia de empresarios nicaragüenses dedicados a negocios de bienes raíces y a fábricas de muebles, había salido de su país, como tantos otros de sus coterráneos, después de la Revolución del 79 que llevó a los sandinistas al poder.

Estadounidense de nacimiento, viajó a Miami a pasar la Navidad en 1983. El 2 de enero regresó a Managua con su esposa y su hija mayor, de apenas 8 meses, todo para llevarse la desagradable sorpresa de que el nuevo gobierno había confiscado varios bienes familiares, empezando por su propia casa.

“Yo andaba con el carry on , venía apenas por 15 días, entonces decidimos venirnos para Costa Rica”.

La estética del lugar siempre permite sentirse en total comodidad. Foto:Melissa Fernandez
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La estética del lugar siempre permite sentirse en total comodidad. Foto:Melissa Fernandez

Carlos Felipe apenas tenía 24 años pero ya enfrentaba la responsabilidad de tener una familia. Había pasado buena parte de su vida en Estados Unidos, se había graduado del High School en Nueva Orleans, vivió en Miami, Atlanta y Texas, estudió administración de empresas.

Durante su adolescencia parecía tener su futuro resuelto en las empresas familiares o bien, continuando con sus estudios en EE. UU.

Pero no. De un momento a otro se encontró en Costa Rica, pensando en labrarse un futuro.

Visionario y audaz

Con voz grave, un marcadísimo acento nicaragüense y una sabrosa retórica llena de ingenio y dichos propios de su país, Carlos Felipe rememora su quijotada (o cabezonada, según le advirtieron muchos) y asegura estar convencido de que “Dios le da a uno algunos dones o gracias, y creo que a mí me dio un poquito de visión”.

En cuanto se radicó en San José continuó estudiando, mientras masticaba en qué negocio podía incursionar. Tenía en mente algo relacionado con el desarrollo de la computación (aún en pañales en ese entonces), y también pensó en instalar una lavandería después de que llevó un traje entero a la única dry cleaning que había entonces en la capital y se la devolvieron doblada, sin gancho, sin plástico e impregnada de tremendo olor a gasolina.

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Termina de reírse al contar la anécdota y de inmediato se ubica en una tarde que, viniendo en el bus hacia Sabanilla tras salir de cursos de computación, observó una casona con el rótulo de “Se vende”, en medio de los cafetales que rodeaban el lugar donde hoy está Friday’s.

Un instinto que al día de hoy no puede explicarse lo hizo bajarse del bus. Vio la casa y preguntó el precio. Se lo dieron y, adicionalmente, alguien le contó que “ahí asustaban”.

Empecinado en una idea que empezó a revolotear en su cabeza, caminó hasta San Pedro y se percató de que en realidad estaba muy cerca. “En ese tiempo no existía el Escazú de ahora. Toda la movida estaba en San Pedro o en San José. De gastronomía yo no sabía nada, pero ya con un tiempo de vivir aquí, con muchos amigos contemporáneos nos habíamos percatado de que existían restaurantes muy formales como La Cascada, El Chicote o El Chalet Suizo, o bien franquicias de comida rápida, pero no había nada intermedio”.

Entonces Huezo Hunter se percató de que la cultura local estaba muy influenciada por la estadounidense y, sin embargo, a nadie se le había ocurrido importar el concepto de casual dining que tan en boga estaba en aquel país. “Yo lo viví por ejemplo en lugares como Bennigan’s o Toritos; lugares en los que en un tiempo relativamente corto se ofrece un producto gourmet ”.

Aunque no tenía experiencia en el área, sí sabía bien de los placeres del buen comer, pues su madre no solo era excelente para cocinar y hacía de ello todo un arte, sino que en su familia siempre fueron tradición las reuniones de 10, 15 o 20 personas alrededor de una buena mesa.

A la postre, compró la casa, se asesoró, conceptuó el lugar al estilo llamado “American Bistro” e importó todo lo necesario para crear el concepto y el ambiente mágico: las lámparas de colores, las maderas, las molduras y los cuadros y adornos temáticos en las paredes, con mucha influencia de la cultura pop de los años 40 y 50.

Hoy, 30 años después, Carlos Felipe no solo se enorgullece de haber sido el pionero en la fundación de un lugar de este tipo en el país, si no también de haberse sostenido a pura calidad y fidelidad de su clientela, a pesar de la arremetida de todo tipo de restaurantes que sobrevino en las últimas décadas y que hoy es imparable.

El restaurante está lleno de detalles emblematico. Foto: Melissa Fernandez
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El restaurante está lleno de detalles emblematico. Foto: Melissa Fernandez

“Nosotros nos hemos ido reinventando, pero siempre respetando la esencia, tanto en el menú como en el ambiente. Hay platillos que han desaparecido, como el pollo marsala, pero tenemos otros que están desde el principio, como las potato skins , los hongos, los nachos o el pollo Dijón. Eso sí, hemos ido expandiendo el menú, por ejemplo incorporamos el ceviche pero yo viajé a Perú para asegurarme de que la receta fuera de calidad inmejorable.

“Igual con las carnes. Hace 15 días comenzamos con entrañas, y con un corte que se llama flat iron un 100 % certified angus ... vos aquí te podés comer el mejor bife, reto a cualquier argentino, pero sin miedo, a que va a salir completamente satisfecho”, afirma el empresario.

Por supuesto, hay otros detalles –y detallazos– que ya son insignia en Friday’s, como las famosísimas margaritas, las yardas de cerveza, los cocteles.

Y ni se diga si hablamos de su gente. Ahí está, con 30 años al frente de la cocina el chef Roger Luquez, quien empezó junto con el restaurante, solo que en el puesto de guachimán . Pronto pasó a la cocina como lavaplatos y, como bien lo dijo Carlos Felipe Huezo, cada quien nace con sus dones: Luquez pronto se hizo con la cocina y hoy es el mero mero, el que diariamente se encarga de que los platillos luzcan y sepan según la receta original.

Y es que el lugar se caracteriza además por la permanencia de sus empleados: casi todos acumulan mínimo uno o dos lustros de trabajar ahí. Los veteranos son los ya mencionados Héiner y Pedro, con 28 y 26 años de estar al pie del cañón.

El mismo tiempo que tienen de recibir a quien escribe con una gran sonrisa, un beso, la mesa lista, el menú ausente y el pedido habitual por siempre jamás.

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Yuri Lorena Jiménez

yjimenez@nacion.com

Editora de la Revista Dominical

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.

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