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Papás adolescentes: cuando un hijo llega antes que la cédula

Actualizado el 16 de junio de 2013 a las 12:00 am

Sin haber terminado el cole y sin tener empleo, les toca dejar el capullo de la ADOLESCENCIA para convertirse en PAPÁS. Unos sacan pecho, otros huyen...

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Papás adolescentes: cuando un hijo llega antes que la cédula

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Es diminuta, más pequeña que una muñeca; parece frágil como porcelana, pero Josué la carga y la abraza con una naturalidad que despierta, a la vez, asombro y angustia, como si la bebé que tiene en sus brazos no tuviera solo 27 días de nacida...

–Mucha gente se asusta cuando le dan la noticia de que va a ser papá; pero yo no. Yo, más bien, sentí una ilusión muy grande– dice el muchacho con cara de serio y semblante responsable.

–Yo tengo 29 años y me caigo de espaldas si me dicen que voy a ser papá. ¡Vos tenés 16 años! ¿Cómo no te asustaste?– le replico.

–Bueno... sí asusta un poquitillo; pero, no sé por qué, yo, como me sentí, fue emocionado.

Josué jamás pensó que la vida le daría primero una hija que una cédula. Ahora, cada decisión de este estudiante de décimo año del colegio Édgar Cervantes, en Hatillo, la toma pensando en Cristel Naomy, su primogénita.

–Ser papá es una responsabilidad . Yo quiero ser el tipo de papá que siempre esté ahí, que a ella nada le falte; que tenga amor, cosas, pañales– asegura el joven.

–¿Y no pensaste en toda esa responsabilidad antes de procrearla?

–Diay... Fueron cosas de la vida; en el momento no lo pensamos muy bien. Es algo que pasó, y ya no se puede deshacer.

Stephanie Somarribas Burgos, la quinceañera madre de Naomy, se mete en la conversación para dar fe de la honestidad del compromiso de su novio; para que no pensemos que es pura demagogia.

“Desde el principio del embarazo estuvo ahí. Me acompañaba a las citas, estuvo en la sala de partos y, desde que nació, se preocupa por ella. Si tose o llora, él se hace cargo; la atiende. Hoy es difícil encontrar un hombre así; no todo hombre se queda a asumir una responsabilidad tan grande, es algo que ya no se ve”.

Josué Hurtado Brenes es uno de los cientos de padres adolescentes que hay en Costa Rica, y de los pocos en esa misma categoría que se hacen cargo de sus hijos, en vez de huir o de ignorar su deber paterno.

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Él no creció con su padre, nos cuenta sin ahondar en la relación que tiene actualmente con su progenitor. Asegura que su abuela, con quien vive desde los 11 días de nacido, fue su “padre y su madre”. Y él no quiere ser un padre desertor.

Papás en cifras

En Costa Rica, entre el 2003 y el 2010, el promedio anual de hijos procreados por hombres menores de edad fue de 320. En ese mismo periodo, se registran tres papás de 13 años de edad.

Para el 2012, el dato total fue de 342 casos, y uno de ellos corresponde a un muchacho de 12 años. La cifra representa el 0,5% de los 73.326 nacimientos que hubo en el país en esos 12 meses. Mientras, en el primer trimestre del 2013 ya se reportan 93 casos de papás que aún no han estrenado cédula.

Toda esta información se obtuvo a partir de datos procesados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos ( INEC ).

La cifra de padres “prematuros” se dispara cuando el cálculo se hace elevando la edad hasta los 20 años. Por ejemplo, el año pasado hubo 3.314 casos (casi el 5% del total de nacimientos) en este grupo.

No obstante, está lejos de equipararse al número de nacimientos en los que una adolescente fue la madre . En ese mismo año, 18.449 menores de 21 años dieron a luz, y de ellas, 6.675 eran menores de edad. El primer dato representa un 25% del total de nacimientos y el segundo, un 9%.

Lo anterior demuestra que las mujeres adolescentes están teniendo hijos principalmente con hombres mayores de edad ( ver recuadro “Mamás menores, papás mayores”) . Por el contrario, los varones menores de 18 años, mayoritariamente, tienen hijos con mujeres tan jóvenes como ellos.

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Huir o sacar pecho...

Tal y como dice Stephanie, es difícil encontrar hombres que, a tempranas edades –apenas saliendo de la pubertad– acepten con gallardía su paternidad.

Así lo notamos en el reporteo efectuado para este reportaje. Tras localizar a padres adolescentes y solicitarles una entrevista, las respuestas de estos –al otro lado del teléfono– fueron similares: “La verdad, yo casi no veo al chiquito”; “no, qué va..., tengo muchos problemas con la mamá, hasta pensión me metió”; “veo a mi hijo dos horas al mes”; “yo le compro pañales y lo veo cuando puedo...”

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También acudimos a madres jóvenes para que nos facilitaran el contacto del papá de su hijo en caso de que este fuera de su misma edad o muy similar. El resultado tampoco fue positivo: “Ese solo sirve para joder”; “el papá solo le da plata, cualquier cosa, y hay que rogarle”; “no, él no ve por el bebé”...

Finalmente, entre tanta negativa, dimos con Jason Robles Calderón, de 16 años y vecino del sector tres de Los Guido de Desamparados. Realmente él no es papá todavía, pues su bebé aún no ha nacido. Su novia, Karol Obando Hernández, de 17 años, tiene cinco meses de embarazo.

Ambos esperan con ansias y entusiasmo la llegada de su primer descendiente. Si es hombre, se llamará Matías; si es mujer, April. Jason incluso cuenta que, a raíz del embarazo de Karol, él ha sufrido achaques y antojos.

–Jamás pensé en irme. A ella la quiero, y el bebé es algo mío. No puedo dejarlos botados, no voy a dejarlos botados– afirma el colegial de octavo año.

–¿No cree que están muy jóvenes para ser padres?– le cuestiono.

–Sí, pero ya está hecho; no podemos hacer nada. Hay que echar pa’ delante.

–¿Qué significa para vos ser padre?

–La verdad,nunca me había preguntado eso... El papá es un papá, es el que lleva la responsabilidad de la casa, el que trabaja. Al menos en mi casa es así. Si mi papá no está, no se come...

–¿Y cómo vas a hacer vos?

– Esa es una muy buena pregunta, porque ahorita estoy sin trabajo, y viera qué difícil es, demasiado, conseguir trabajo cuando uno es menor de edad .

Precisamente, esa presión de ser proveedor económico es una de las cargas más pesadas que deben llevar los padres adolescentes. Así lo explica la sexóloga Felicia Arguedas: “Hay un mandato social de que tienen que dar, y como no tienen las posibilidades de hacerlo, son excluidos de la toma de decisiones o de la crianza de los niños; se sienten impotentes y asumen que es su culpa”, razona la experta.

Además, a esas edades, al muchacho se le margina de procesos relacionados con la preparación para el parto e incluso del parto mismo. Es decir, no se le permite –en muchos casos– estar en la habitación o sala del hospital al momento del nacimiento.

Otro factor en su contra es que tanto en el Ministerio de Educación Pública ( MEP ) como en el Patronato Nacional de la Infancia ( PANI ), los programas y acciones vinculadas al embarazo adolescente están dirigidos exclusivamente a la mujer. De tal forma, las becas, adecuaciones curriculares o talleres de autoestima y capacitación dejan por fuera a los papás.

Por ejemplo, el Fondo Nacional de Becas (Fonabe) no tiene actualmente entre sus beneficiarios a ningún padre adolescente, pese a que esta población está contemplada como uno de sus públicos meta .

Todo esto genera sentimientos encontrados en el varón, que lo hacen sucumbir ante la tensión y driblar su responsabilidad. Finalmente, dejan al bebé en manos de la madre.

No obstante, recalcó Arguedas, esto no puede ser visto como una excusa, pues la presión hacia las mujeres es todavía más fuerte ya que ellas no tienen opciones reales de ignorar su maternidad.

Lorena Flores Salazar, directora técnica del Instituto Nacional de las Mujeres ( Inamu ), explica que, debido a construcciones del sistema patriarcal, las mujeres deben responsabilizarse de sus hijos con la participación del padre o sin esta. De lo contrario, la sanción social y moral recaerá sobre ellas como aguacero. Por el contrario, los hombres pueden huir de su deber y, en algunos casos, tal acción no se recrimina.

La funcionaria destacó que la legislación contempla medidas como la Ley de Paternidad Responsable , en la que se obliga al varón a hacerse cargo, al menos en la parte económica, de sus hijos.

Dicha normativa establece que en el caso de que el papá del niño no tenga los medios para pagar la pensión alimentaria, la obligación se puede trasladar a sus padres o responsables.

Sin embargo, Flores considera que la paternidad debe ir más allá de dar plata para comprar pañales. Implica cuido, crianza y afecto, así como compromiso y tiempo de calidad de los papás con los hijos.

Ni condón ni píldora

Jason y Karol cuentan que el embarazo no los tomó por sorpresa, pues sabían que existía una gran posibilidad de que se diera la situación. Ella le había regalado de sus pastillas anticonceptivas a una amiga “que las necesitaba”, lo que ocasionó un “enredo” en su sistema de planificación.

Por su parte, Stephanie y Josué sostienen que siempre utilizaban el preservativo como método de control, excepto en una ocasión, debido a la cual se convirtieron en padres.

Ninguna de las dos parejas recuerda que en el colegio les hayan hablado de educación sexual. Más bien, afirman que aprendieron del asunto a partir de conversaciones con amigos y primos.

La sexóloga Felicia Arguedas alega que esto refleja un error en el sistema educativo, pues los muchachos se están informando por vías inadecuadas. Al mismo tiempo, critica la forma tradicional en que se ha abordado el tema de la sexualidad, pues las enseñanzas se limitan al acto coital y a los aspectos anatómicos, cuando en realidad se deben tocar temas vinculados al disfrute, el afecto y la responsabilidad.

“Los adultos pensamos que los adolescentes son inmaduros, pero ¿qué tan maduros somos los adultos?, ¿conocemos de sexo?, tenemos que empezar a educarnos nosotros mismos, y a partir de ahí, enseñarles a los muchachos, desde que son niños, que tienen que hacerse responsables de su cuerpo y que las decisiones que tomen generarán consecuencias”, enfatizó.

Consultada por la Revista Dominical , Dyalah Calderón, viceministra de Educación, manifestó que en los nuevos programas de educación sexual se tratan temas vinculados con la maternidad, la paternidad y la masculinidad.

Los contenidos se imparten en sétimo, octavo y noveno año; algunos de ellos son: situaciones de riesgo de embarazo no deseado e identificación y análisis de las condiciones afectivas éticas sociales y culturales asociadas al ejercicio de la maternidad y paternidad.

Aunque estos programas han sido aplaudidos por quienes defienden la promoción de los derechos sexuales –y han sido criticados por grupos conservadores y religiosos–, aún hay mucho camino por recorrer.

Lindsen Morera Murillo, encargada de proyectos de desarrollo humano de la Asociación Demográfica Costarricense , opinó que “la educación sexual tiene que impartirse a edades más tempranas, pues los muchachos comienzan a tener relaciones muy pronto”, y citó como fuente la Encuesta Nacional de Sexualidad (2010).

Dicho documento señala que el 22% de los hombres y el 11,2 % de las mujeres tuvieron relaciones sexuales antes de cumplir 15 años, mientras que un 67,9% de ellos y un 51,4% de ellas lo hizo antes de los 18 años.

Abuelas-mamás

Morera señaló que un elemento esencial para que los padres adolescentes puedan vencer los obstáculos que se les presentan asociados a su edad, es el apoyo de la familia. En síntesis, que haya cooperación en el cuido y la crianza del niño, así como un aporte económico.

En algunos casos, la ayuda es de tal magnitud que los abuelos del niño asumen, en la práctica, el rol de padre o madre, y el papá biológico es casi como un hermano.

Algo así sucede en la casa de Johnny Ramírez Arguedas, quien pese a solo tener 15 años, ya es padre de un niño de 11 meses, Sebastián.

El pequeño vive con Johnny y el resto de su familia: su madre, doña Cynthia Arguedas Mora; su hermana, Sharon, y su padrastro.

Cynthia (de 35 años de edad) trata a Sebastián más como a un hijo que como a un nieto. El bebé duerme en su dormitorio y ella es quien le prepara la comida y lo lleva al médico cuando lo necesita. Tanto ella como Johnny reconocen que la mayor carga, en cuanto al cuido del bebé, lo tiene la señora, y no el adolescente.

Pese a esto, él asegura haberse vuelto más responsable y “estar menos en la calle”, a causa de su primogénito, con quien juega cariñosamente mientras hacemos esta entrevista.

–Este bebé cambió mi vida demasiado. Estuve trabajando, sigo en el cole ..., estoy haciendo vueltas para entrar al INA (Instituto Nacional de Aprendizaje)...

–Vos, con el bebé, ¿te haces cargo o ayudás?

–Las dos cosas, estoy con él; lo sacó a asolear.

–¿Cambiás pañales?

–Casi nunca, no me gusta. Pero si está orinado y veo que ni mi mamá ni mi hermana están, yo lo cambio, ¡no lo voy a dejar así!

– ¿Y si tiene caca?

–' Me espero a que venga mi mamá o mi hermana...

Johnny, vecino de los Lagos de Heredia, ya no tiene relación con la mamá de Sebastián (también quinceañera). El PANI resolvió que el mejor lugar para el bebé era en el hogar de su abuela paterna.

Ahora el adolescente tiene una nueva novia, de su misma edad. Ella cuenta que se lleva muy bien con su bebé: “Al principio, se quedó sorprendida de que yo tuviera un hijo, pero ahora le fascina Sebas ; lo quiere mucho”, comenta, al tiempo que aclara que no tiene entre sus planes de corto plazo tener otro hijo.

Difícil, no imposible

Para estos “prematuros” papás, se avecinan no solo llantos, noches en vela, pañales, sustos y lecciones, sino también una vida un poco más empinada para terminar estudios, conseguir trabajo y ser económicamente solventes. Con un bebé, y a esas edades, todo es más complicado.

Mas la guerra no está perdida, Lindsen Morera enfatiza que ser papá adolescente es difícil, pero no imposible.

“La tarea se puede sacar adelante, solo que hay que estar consciente de que algunos proyectos se tendrán que postergar y que se deberán hacer sacrificios”, manifestó la especialista.

Jason y Karol no piensan casarse todavía, pero cuando nazca el bebé, el muchacho se pasará a vivir con ella, a la casa de su suegra.

La mamá de Karol, doña Ana Victoria, dice que lo recibirá con las puertas abiertas y que ayudará en todo lo que pueda a la futura familia. Jason todavía anda en busca de trabajo; sostiene que le gustaría dedicarse a la mecánica.

Entretanto, Josué, el más serio de todos y el de porte más responsable, labora como asistente de técnico dental y limpiando casas, al tiempo que planea graduarse del colegio, para luego estudiar Ingeniería en Sistemas o Arquitectura.

Su plan es casarse con Stephanie, mas, por lo pronto, cada uno reside con su respectiva familia. Ambos habitan en la misma alameda, en Hatillo centro, por lo que se ven a diario. En cuanto a la bebé, Cristel Naomy, duerme con la mamá.

El muchacho confiesa que aún no están bajo el mismo techo porque no quiere llevarlas (a su novia y a su hija) a “vivir mal”.

Su meta está clara: ser un buen papáy no fallarle nunca a Cristel.

Hoy celebra feliz y orgulloso su primer Día del Padre, sin susto, emocionado.

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