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El sufragio desde la trinchera

Actualizado el 02 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Luis y Marco Tulio tienen un tranquilo trabajo registral de toda la vida, que cada cuatro años se electriza por el golpe atronador de las elecciones.

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Marco Tulio Sánchez y Luis Chinchilla son veteranos del proceso democrático. | FOTO: MARCELA BERTOZZI

Luis Chinchilla Rojas y Marco Tulio Sánchez Sánchez no se parecen, y sin embargo son idénticos. Si existen dos gemelos de distinta madre, trabajan en el Tribunal Supremo de Elecciones.

Los dos son personajes de lujo para conversar sobre los últimos procesos electorales en Costa Rica, desde la trinchera, lo cual en ocasiones ha sido casi literalmente cierto. Por ejemplo, Luis cuenta cuando, en la elección de 1978, en las zonas fronterizas con Nicaragua debían emprender las giras de empadronamiento con los “morterazos” entre la insurgencia sandinista y las fuerzas de Anastasio Somoza. Ya para las elecciones de 1982, Marco Tulio cuenta que también recuerda el rumor de los balazos en la frontera, pero esta vez entre sandinistas y contrarrevolucionarios.

Marco Tulio y Luis saben contar historias que suman, entre ambos, más de 60 años de paciente hormigueo registral. Ahí donde se los ve –carrera al lado, lentes cuadrados y corbata bien anudada–, su trabajo cuidadoso y soporífero se ve electrizado cada cuatro años. Sus labores a marchas forzadas suman diez elecciones presidenciales, más las extras de una segunda ronda (2002) y de un referendo por el TLC (2007).

La gris monotonía del Tribunal Supremo de Elecciones alcanza su pico de hipertensión el día de hoy, tanta agitación es rutina para estos funcionarios.

Repartir identidad

Luis ahora es profesional en inscripción civil (se encarga de dar el visto bueno a las solicitudes de matrimonio). Marco Tulio es analista de las solicitudes de cédula que llegan al Registro.

Ambos son abogados, aunque buena parte de sus carreras las emprendieron en cedulación ambulante, el esfuerzo del Tribunal por dotar de documentos de identidad a toda la población. Entonces, ambos funcionarios descubrieron que en un país tan pequeño también cabía el apelativo “sitio remoto”.

En su carrera en el Registro Civil ambos funcionarios han descubierto que en un país tan pequeño también cabe el apelativo "sitio remoto".

Marco Tulio, por ejemplo, cuenta anécdotas de cuando comió culebra en la zona norte, y cuando repitió porción.

Luis agradece especialmente aquellos tiempos en la zona rural (que era casi todo el país). “Cuando sabían que llegaba la gente del Registro Civil, era como una fiesta porque les prestábamos un servicio invaluable”.

Marco Tulio ha conocido lo que es ver el nacimiento de nombres castizos entre las poblaciones indígenas que estrenaron cédula; y, cuando fue delegado para fiscalizar asambleas distritales, Luis supo ponerse valiente para salir de comunidades marginales como Los Guido, de Desamparados, y Tejarcillos, de Alajuelita, ya bien entrada la noche y completamente solo.

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Aquellos tiempos

Después de tantas elecciones en su currículo, ¿cuáles recuerdan mejor?

Los funcionarios se quejan de que en los viejos tiempos había que generar la documentación electoral con esfuerzos titánicos en máquinas de escribir Olimpia; se debían adentrar en parajes con distancias groserísimas; o incluso les tocaba mediar en conflictos callejeros en los que los militantes de los partidos se daban de banderazos.

Hoy vivimos tiempos más tecnologizados, con distancias acortadas y con votantes más educados; pero sin embargo, ambos prefieren aquel antaño. “Había más pasión”, añoran.

Marco Tulio Sánchez y Luis Chinchilla son los tipos formales y serios que están en la línea de fuego durante las elecciones. El voto democrático a veces es un concepto tan abstracto, que uno agradece conocer a sus soldados.

Marco Tulio tiene su solicitud de pensión en estudio, después de una vida en el Registro Civil. Luego de recorrer casi todo el país, él representará al Tribunal en Santiago de Chile, la primera vez que los ticos podrán votar en el extranjero. Luis también sabe que este será su último proceso como funcionario electoral. Su jubilación está lista para empezar en marzo, pero él está dispuesto a posponerla un par de meses por si llegara a darse una segunda ronda electoral. Simplemente, no se la podría perder.

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