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No saque a su bebé al sol

Actualizado el 23 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Aunque asolear a los infantes en las primeras horas de la mañana sea una costumbre arraigada en Costa Rica, no lo haga pues no depara beneficios y sí entraña riesgos.

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(Karen Murillo)

Esta es una de esas ocasiones cuando la ciencia se pelea con la tradición, así que es mejor soltar esta verdad sin rodeos: no saque a asolear a su bebé pues esta práctica solo lo podría hacer más vulnerable al cáncer de piel.

En el 2013, la Asociación Americana de Pediatría (AAP por sus siglas en inglés) publicó un informe que agrupa evidencias sobre los efectos negativos del exceso de sol en los bebés y los niños pequeños.

La pediatra Natalia Víquez va aún más allá, y afirma que actualmente no se recomienda la exposición directa del bebé a los rayos solares a ninguna hora, muy a pesar de las protestas de las abuelas del niño.

En el largo plazo, puede aumentar la incidencia del cáncer de piel, dice la doctora, y agrega que los bebés tienen una piel mucho más delicada que la de los adultos.

La AAP señala que la barrera de protección de la piel permanece inmadura al menos durante los dos primeros años de vida; y la acumulación de los cambios inducidos por la radiación solar ultravioleta puede comenzar desde el primer verano de la vida del infante.

Fuerza de costumbre

La doctora Víquez puede dar fe de lo difícil que es cambiar la costumbre de asolear a los bebés por la mañana.

“Todavía uno encuentra a muchos médicos que les dicen a las señoras que asoleen al chiquito por unos diez minutos entre las 7 y las 8 de la mañana; y si hay médicos que mantienen esa tendencia, imagínese a la población en general”, comenta.

Actualmente no se recomienda la exposición directa del bebé a los rayos solares a ninguna hora, muy a pesar de las protestas de las abuelas del niño.

Un mito común es que la ictericia (la acumulación de pigmentos biliares en la sangre) en un recién nacido se soluciona exponiendo al niño a la luz del sol, o incluso al fulgor de un bombillo. Sepa que la tonalidad amarilla no se irá por esta práctica; mejor llévelo al médico.

Seguramente, los padres también encontrarán a alguien que les diga que es importante la exposición al sol para que el niño absorba vitamina D.

Ante ello, Víquez recuerda que vivimos en el trópico, y que la sola exposición a la claridad del día –incluso a la sombra– ya es suficiente para darnos la “dosis” adecuada. Cuando están en exteriores, los bebés siempre deben llevar sombrero, o ir tapados con una sombrilla o un coche que los cubra del sol. También es importante aplicarles bloqueadores hipoalergénicos y, cuando van en automóvil, cubrirlos con una manta larga y liviana que no les provoque calor. Víquez sostiene que hoy los dermatólogos de adultos ven las secuelas de los bebés de ayer que fueron muy expuestos al sol.

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“Por suerte, la medicina es una ciencia que cambia”, nos dice la médica. Ahora nos toca cambiar a nosotros.

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