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Una prueba tras otra... durante seis años

Actualizado el 11 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Fueron años muy difíciles, en los que esta mujer enfrentó días de hospital, la muerte de un hermano, crisis financieras y dolorosos accidentes. Ahora está nuevamente de pie, deseosa de contar cómo salió adelante.

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Se llama Darah Zeledón Silverman y empieza su historia con la naturalidad de quien ha dejado atrás los momentos difíciles, como si hablara de un ayer superado que cada vez duele menos.

Su desahogo lo encontró escribiendo un libro. En este relata una época que incluye días de hospital, crisis financieras, robos y un funeral: el resumen de los seis años que cambiarían el modo en que ahora enfrenta su vida.

Su cotidianidad se manchó de drama cuando, estando embarazada de su cuarto hijo, recibió la noticia de que tenía un tumor cerebral. El diagnóstico lo recibió junto a su familia y los médicos consultados respondieron con reservas. Un doctor en el extranjero fue el único que se atrevió a practicarle la operación que, a la postre, le salvaría la vida a ella y a su bebé.

Un par de días después, ya de vuelta en casa y agradecida con el cielo por el éxito de la cirugía, sonó el teléfono. Un pariente en Estados Unidos le contó, desde el otro lado de la línea, que su hermano menor se había suicidado. Casi en estado de inconciencia, al día siguiente voló a Miami para ser testigo presencial de un funeral cuya noticia aún no asimilaba.

“Ese día hubo mucha gente que me decía cuánto sentía la partida mi hermano, y después del pésame, me felicitaban por lo bien que había salido mi operación. Fue una experiencia bastante extraña para mí”, relata esta mujer de 42 años, que habla el español con un fuerte acento norteamericano. Su vida ha transcurrido entre países extranjeros aunque su pasaporte dice que nació en Estados Unidos.

Darah sigue su historia. Pasa ese capítulo y, con igual naturalidad, describe la siguiente dificultad que se presentó en su vida: el día en que sufrió un aborto. Un fuerte sangrado interrumpió una de sus clases de ejercicios y la condujo hasta el hospital, donde se enteró de que tenía un par de meses de embarazo.

Entre el relato de una adversidad y la próxima, ella se detiene para recordar lo que aprendió de esa prueba, lo que le ha quedado después de repetir tantas veces y a tanta gente diferente, la historia de su vida.

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“Los momentos buenos y los malos pasan al mismo ritmo. Todo es pasajero, así que lo importante es no quedarse ‘pegado’ en un momento. El tiempo nos exige marchar hacia adelante”, reflexiona. “Viví momentos que yo considero como milagros. Me explico: perdí a un hijo, pero esa experiencia me dio la señal de que tal vez el universo quería que fuera mamá otra vez”, añade.

Así llegó su quinto y último bebé. Unos meses antes del alumbramiento, la madre encinta y su esposo dejaron a sus otros hijos a cargo de unos amigos para tomarse un par de días de vacaciones. Fue justamente la misma noche en que cuatro hombres fuertemente armados entraron por la fuerza a su casa, amarraron y amordazaron a los amigos, y robaron la tranquilidad de toda la familia.

“Ahí se dio otro de esos hechos que yo llamo ‘milagros’. Aquella noche, mis cuatro hijos, que usualmente se levantaban muchas veces antes del amanecer, se durmieron profundamente, a tal punto que los asaltantes no supieron que ellos estaban en la casa”, recuerda la madre.

Todos dicen que lo material va y viene, y así sucedió en este caso: los bienes robados se repusieron un tiempo después y tanto Darah Zeledón como su esposo pudieron comprender que la familia es lo único que queda y que vale. Sin embargo, cuando lo material se ve limitado, ser familia también se pone cuesta arriba.

Siguió un período en el que los negocios comenzaron a desplomarse y empezaron a hacer falta los ahorros que, tiempo atrás, habían servido para pagar cuentas de hospitales. Las dificultades financieras fueron tales que la familia debió mudarse a la casa de los papás de Darah en Miami. Allí, “acamparon” en la sala de los suegros mientras pasaba el nuevo vendaval.

“Llegar, a la edad de 40 años, a dormir a la casa de tus papás, por haberlo perdido casi todo, fue un gran golpe. Tuvimos que conseguir trabajo en otro país y comenzar casi desde cero”, relata.

Darah Zeledón  visitó Costa Rica en julio para compartir su experiencia de vida.   | FOTO: MARCELA BERTOZZI
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Darah Zeledón visitó Costa Rica en julio para compartir su experiencia de vida. | FOTO: MARCELA BERTOZZI

A estas alturas de su testimonio, da la impresión de que ya soportó suficiente sufrimiento. No obstante, a su historia todavía le falta un “para colmo”… Algún tiempo después del aprieto financiero, ella y su familia lograron ponerse de pie y adquirir un apartamento donde vivir independientemente. Era un domingo soleado en Miami y, dichosamente, la situación parecía haber mejorado para ellos. Darah tomó su bicicleta para ir a pedalear un rato a la playa, pero al cruzar la calle, sufrió una caída que le produjo serios daños y sumó más días de hospital a su hoja de vida.

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“Esa vez se me quebró parte de la mandíbula, perdí varios dientes y tuve que ser operada para que me pusieran unas piezas de titanio en la quijada”, enumera.

Vida con sentido

¿Cómo echar mano de seis años tan trágicos y convertirlos en tierra fértil para otros? Darah no solo esparció la semilla de esas dificultades en un libro de su autoría, sino que ha utilizado sus vivencias para convertirse en compañía y voz de aliento para muchas personas que, como ella, están pasando por momentos muy difíciles.

De un tiempo para acá, invierte gran parte de sus días impartiendo charlas que tienen un claro objetivo: ayudar a los demás a cambiar la forma en que ven la adversidad.

“Cuando la gente se da cuenta de lo que uno ha pasado, se siente acompañada y comprendida. Mi pasado hace que tenga más sentido decirle a alguien: ‘Entiendo por lo que está pasando, pero conviene que enfoque su energía en atravesar la adversidad; sepa que pronto todo esto va a pasar. Ya yo estuve ahí y créame que, de verdad, todo pasa’ ”.

Pese a que esta multitud de pruebas podrían hacerla sentirse muy diferente a los demás, ella asegura que “todos hemos enfrentado algo difícil y terrible en la vida” y que precisamente por eso, espera que su libro, titulado Girl With the Crooked Smile, resulte un apoyo para muchas personas y logre enseñar que cada situación dura solo es “entrenamiento para salir más fortalecidos”.

Los años han pasado y ella decidió que subiría de nuevo a su bicicleta. Aquella dolorosa caída en la playa le sirvió para construir su metáfora favorita: “Las caídas están ahí para enseñarnos que hay que levantarse e intentarlo de nuevo”.

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